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Diputados republicanos remueven a la representante Liz Cheney de cargo directivo

Close-up of Liz Cheney, a U.S. flag in the background.
La representante Liz Cheney (republicana por Wyoming) habla con los reporteros en el Capitolio el 20 de abril.
(J. Scott Applewhite / Associated Press)

Hace tres meses, el líder de la minoría del Congreso, Kevin McCarthy, ayudó a sofocar una pequeña protesta contra la representante Liz Cheney, una de las opositoras más explícitas del Partido Republicano contra el ex presidente Trump, declarando a dicho partido un soporte amplio, lo suficientemente extendido como para incluir voces disidentes.

Pero ese soporte se desinfló el miércoles por la mañana, cuando los republicanos de la Cámara, liderados por McCarthy (republicano por Bakersfield), votaron para destituir a la legisladora de Wyoming como la tercera líder republicana en este espacio legislativo.

Poco después de que Cheney iniciara la conferencia republicana de la Cámara con una oración, se presentó una moción para retirarla del cargo. La proposición fue aprobada por votación oral tan rápido que algunos republicanos se la perdieron porque llegaron tarde.

Hubo voces que la apoyaron, pero al observar la sala, esos simpatizantes se dieron cuenta de que no valía la pena exigir una votación secreta, señaló el representante Ken Buck (republicano por Colorado), miembro del Freedom Caucus que apoyó a Cheney.

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“Incluso las personas que votaron ‘no’ sintieron que era innecesario”, agregó Buck. “No iba a cambiar el resultado”.

Cheney, por su parte, estaba preparada para el resultado del miércoles por la mañana, defendiendo desafiante su mensaje.

“Haré todo lo posible para asegurar que el expresidente nunca más se acerque a la Oficina Oval”, aseguró después de la reunión.

La destitución de Cheney deja en claro que los republicanos del Congreso ven su futuro vinculado a Trump. Pero no resuelve la tensión actual en el Partido Republicano, entre un futuro atado al expresidente y uno que impulsa a su partido hacia adelante como oposición bajo la administración Biden.

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Después de meses de intentar coexistir con Cheney como líder de un partido alineado en gran medida con Trump, McCarthy es ahora quien ha ayudado a construir el caso para su destitución.

“Representamos a estadounidenses de todos los orígenes y continuamos haciendo crecer nuestro movimiento diariamente. Y a diferencia de la izquierda, adoptamos el pensamiento y el debate libres”, escribió McCarthy en una carta a los republicanos de la Cámara.

“Pero nuestro equipo de liderazgo no puede permitirse el lujo de distraerse del importante trabajo para el que fuimos elegidos y de los objetivos compartidos que esperamos lograr. Lo que está en juego es demasiado importante para quedarse cortos”.

McCarthy se movió rápidamente para generar apoyo a fin de reemplazar a Cheney con la representante Elise Stefanik (republicana por Nueva York), una estrella en ascenso en el partido y seguidora abierta de Trump, cuyo respaldo recibió rápidamente.

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Pero algunos conservadores están señalando que hubo trampas, acusando a los líderes de actuar demasiado rápido para coronar a una legisladora que, a pesar de su apoyo al exmandatario, tiene un historial de votación relativamente moderado, en contraste con el historial consistentemente conservador de Cheney.

Esta reciente destitución, así como la posible elección de Stefanik, que tiene menos certeza, aunque no cuenta con opositores declarados, representan la alineación pública del equipo de liderazgo de McCarthy con Trump y un contraste agudo con Cheney.

Cheney ha respondido constantemente a las declaraciones falsas de Trump de que la elección fue robada y que el presidente Biden no fue elegido legítimamente. El papel del exmandatario en avivar la insurrección es motivo para que el partido rompa permanentemente con él antes de las elecciones de 2022 y 2024, señaló.

Pero los oponentes de Cheney dentro de la conferencia republicana del Congreso dicen que su insistencia en que la elección no fue robada está avivando las divisiones entre partidos y dañando los esfuerzos para combatir la agenda de Biden.

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“Na na na na, na na na na, hey hey, adiós, Liz Cheney”, tuiteó la representante Madison Cawthorn (republicana por Carolina del Norte) después de que concluyó la reunión.

La partida de Cheney marca la eliminación más sustancial de un opositor de Trump de las filas republicanas y la profundización de una fisura en este partido. Y su destitución subraya el poder de la lealtad que los republicanos de la Cámara de Representantes, a diferencia de sus homólogos del Senado, todavía muestran al expresidente.

Stefanik, por su parte, dice que se centrará en mantener a los republicanos en la misma página como “un equipo”.

“Mi visión es postularme con el apoyo del presidente [Trump] y su coalición de votantes, que fue la mayor cantidad de votos jamás ganados por un candidato republicano en 2020. Hemos expandido el partido”, explicó recientemente en el podcast “War Room” de Stephen K. Bannon. “Estoy comprometida para enviar un mensaje claro de que somos un equipo, y eso significa trabajar con el [ex] presidente y con todos nuestros excelentes miembros republicanos del Congreso”.

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En febrero, Cheney sobrevivió a una amenaza a su posición de liderazgo. Con el apoyo de McCarthy y otros líderes republicanos, pudo mantenerse firme en su puesto. Desde entonces, mientras Cheney continuaba hablando en contra de las falsedades de Trump sobre una elección amañada, crecía el rumor de que sería expulsada.

El apoyo de Trump entre los republicanos de la Cámara, fuerte incluso en febrero, ha aumentado desde entonces. Y con la posibilidad de recuperar la mayoría de este aparato legislativo el próximo año, muchos miembros de base sienten que tienen pocas probabilidades sin el apoyo del expresidente.

“No se puede borrar a Donald Trump o sus votantes del Partido Republicano y esperar recuperar la mayoría en las elecciones intermedias”, tuiteó el representante Jim Banks (republicano por Indiana), presidente del conservador Comité de Estudio Republicano y aliado de McCarthy.

Hay muchos otros republicanos que no están de acuerdo con la idea de la destreza electoral de Trump para las elecciones de mitad de período de 2022, en las que no estará en la boleta electoral. “Expulsar a Liz Cheney del liderazgo no le dará al Partido Republicano un votante adicional, pero nos costará bastantes”, tuiteó el senador Mitt Romney (republicano por Utah), también crítico del expresidente.

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Y otros republicanos cuestionan si la Cámara debería destituir a un miembro que adopte una posición diferente sobre Trump.

“La cultura de la cancelación es la cultura de la cancelación, no importa cómo se mire”, dijo el senador Joni Ernst (republicano de Iowa). “Apoyo al presidente Trump y sus políticas, así que tengo una opinión ligeramente diferente [a la de Cheney] al respecto, pero sigo pensando que no deberíamos intentar cancelar las voces”.

El representante Adam Kinzinger (republicano por Illinois), un firme partidario de Cheney que ha sido igualmente expresivo al denunciar el papel de Trump en la incitación a la insurrección, explicó antes de la votación del miércoles que sus compañeros republicanos destituirían a Cheney porque su posición como una relatora de la verdad los obligaba a defender su postura de que la elección fue robada.

“Cheney les hace las cosas incómodas”, indicó Kinzinger en un evento esta semana con el National Press Club. “Cuando le preguntan sobre eso, no evade. Ella solo dice que las elecciones no fueron robadas, que Biden es presidente y que el 6 de enero fue una insurrección inspirada por Trump”.

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Cheney no estaba presionando a nadie en un intento por preservar su trabajo, según otros miembros, reconociendo que la mayoría de los legisladores ya han tomado una decisión sobre la verdad detrás de las elecciones y su posición. Ella se comprometió a postularse para la reelección, incluso cuando Trump está contemplando a cuál de los varios retadores republicanos planea respaldar en un esfuerzo por derrocarla en las primarias.

El papel de Cheney como presidenta de la Conferencia Republicana de la Cámara de Representantes fue un puesto algo vago que reflejaba su posición como la tercera republicana más importante. Sus deberes oficiales eran redactar el mensaje de su partido ante la Cámara y, de manera extraoficial, organizar una reunión semanal.

El puesto ahora se cubrirá en una nueva elección. Debería programarse un foro de candidatos antes de que se celebren las elecciones. El foro podría ser tan pronto como el jueves para una votación el viernes.

Pero si crece la oposición a la rápida selección de Stefanik, eso podría retrasarse más. No ha surgido ningún otro candidato para desafiarla, y los republicanos son conscientes de mantener a una mujer en el trabajo. No hay otras mujeres en el liderazgo republicano de la Cámara.

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Los críticos de Stefanik se oponen rotundamente a una elección rápida.

El representante Chip Roy (republicano por Texas), en una carta a sus compañeros de partido, argumentó que los miembros deberían “contemplar el mensaje que el liderazgo republicano está a punto de enviar, apresurándose a coronar a una portavoz cuyo historial de votaciones representa gran parte de lo que llevó a la patada en el trasero que recibimos de los demócratas en 2018”.

Roy enumeró una letanía de lo que vio como votos problemáticos en el historial de Stefanik, incluida la oposición al proyecto de ley de impuestos, realizado por los republicanos en 2017, así como el apoyo para permanecer en el acuerdo climático de París y el proyecto de ley de los demócratas para condenar a Trump, por una demanda contra la Ley de Cuidado de Salud Asequible.

Associated Press contribuyó a este artículo.

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Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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