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Columna: La Ivermectina, otro tratamiento falso contra el COVID, se convierte en el favorito de los ‘teóricos de la conspiración’

Hydroxychloroquine pills spread out on a prescription sheet.
Se ha demostrado que la hidroxicloroquina antipalúdica no es eficaz en el tratamiento de COVID-19. Ahora se está promocionando otro medicamento como tratamiento para COVID.
(Associated Press)

En medio de todos los elementos confusos de la pandemia de COVID-19, se destaca: que tenemos vacunas de eficacia comprobada contra la enfermedad que millones de estadounidenses han evitado por razones partidistas, simultáneamente existen productos milagrosos de ineficacia obvia que prefieren millones de personas.

El modelo por excelencia para este último, un supuesto tratamiento de COVID-19 promovido por destacados políticos y comentaristas médicos que demostró ser inútil, es la hidroxicloroquina, un fármaco antipalúdico.

Esa droga prácticamente ha desaparecido de las primeras páginas, pero ha sido suplantada por otro tratamiento que se dice que es espectacularmente efectivo a pesar de la absoluta falta de evidencia científica.

La espantosa realidad es que ha habido una enorme cantidad de personas tratadas con ivermectina, en gran parte basándose en un ensayo que nunca debió haberse utilizado para tomar decisiones de tratamiento de todos modos.

EPIDEMIÓLOGO GIDEON MEYEROWITZ-KATZ

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Saluda a la ivermectina.

Al igual que el antipalúdico, la ivermectina ha existido durante años como un remedio conocido para ciertas enfermedades. En el caso de la hidroxicloroquina, fue eficaz contra la malaria y algunas enfermedades autoinmunes como el lupus.

Los veterinarios suelen recetar ivermectina para desparasitar perros, gatos y ganado de granja. También se ha indicado a seres humanos que padecen algunas infecciones parasitarias.

El fármaco surgió inicialmente en el debate sobre el tratamiento para el COVID a mediados de 2020, gracias a un artículo de investigadores australianos que determinaron que en concentraciones extremadamente altas mostraba cierta eficacia contra el virus SARS-CoV-2, responsable de causar el COVID, en el laboratorio.

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Como señalaron los expertos en farmacología desde el principio, debido a las propiedades particulares de la ivermectina, sería casi imposible alcanzar las mismas concentraciones del fármaco en el torrente sanguíneo humano, como aquellas que se utilizaron en las pruebas de laboratorio.

Sin embargo, la ivermectina pronto se promovió como una solución mágica contra el COVID, en parte por activistas antivacunas y defensores de la medicina alternativa. La droga se convirtió rápidamente en una especie de favorito político.

No obstante, las políticas de la ivermectina son bastante diferentes de las de la hidroxicloroquina. Este último tenía una coloración partidista, ya que su principal defensor era Donald Trump, quien como presidente estaba interesado en aplastar las críticas de que no estaba haciendo nada para ganar la guerra contra el virus. Sin embargo, Trump ya no está en la Casa Blanca.

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El sustento político de la locura de la ivermectina implica un ataque infundido por la conspiración contra el establishment farmacéutico y médico. En esto se asemeja al movimiento antivacunas, como ha señalado el veterano desmitificador de la pseudociencia, David Gorski.

Al igual que los antivacunas, los defensores de la ivermectina afirman que la información sobre el medicamento está siendo “suprimida”, generalmente por agentes de las grandes farmacéuticas; la idea central es que, debido a que estas compañías no pueden ganar mucho dinero con un medicamento disponible en forma genérica, prefieren imponer vacunas, con las que pueden generar miles de millones de dólares, ante el público inocente.

Una variación especialmente descabellada de este tema proviene de la pluma generalmente inútil de Matt Taibbi, quien a principios de este mes acusó que la verdad sobre la ivermectina ha sido sofocada por la “censura de internet”.

Taibbi tomó las armas para defender a un tal Pierre Kory, un médico en la vanguardia de la promoción de la ivermectina que se quejaba de que sus publicaciones sobre la droga seguían siendo eliminadas.

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“Cada vez que mencionamos la ivermectina, nos encierran en la cárcel de Facebook”, le comentó Kory a Taibbi, quien agregó el siguiente brillo paranoico:

“Con el mundo desesperado por noticias sobre un desastre sin precedentes, Silicon Valley esencialmente había decidido no permitir la discusión de una posible solución. Una vez, a las personas no se les permitió tomar medicamentos antes de obtener la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés). Ahora, no pueden hablar de ellos”.

Por cierto, Kory no ha sido silenciado exactamente. El 8 de diciembre dio un extenso testimonio ante el Comité de Seguridad Nacional del Senado en el que calificó a la ivermectina como “efectivamente una ‘droga milagrosa’ contra el COVID-19".

Por otro lado, fue invitado a testificar por el senador Ron Johnson (republicano por Wisconsin), propietario de uno de los intelectos generalmente menos respetados en esa cámara y promotor de la hidroxicloroquina.

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La nueva afirmación de las conspiraciones puede ser incluso más peligrosa que la promoción de la hidroxicloroquina, que se desarrolló más o menos incluso antes de que las vacunas estuvieran disponibles.

La locura de la ivermectina amenaza con disuadir a las personas de ser inoculadas, el único camino seguro hacia una inmunidad generalizada contra el COVID. También destruye la fe en la ciencia médica, lo que puede tener profundas consecuencias para la salud pública.

Así que echemos un vistazo a la evidencia de la ivermectina como tratamiento para el COVID. Yendo al grano: no hay ninguna prueba con validez científica.

El trabajo de investigación más recientemente citado para respaldar el uso de ivermectina es un metanálisis que pretende encontrar que la administración del fármaco a pacientes con COVID redujo el riesgo de muerte en un promedio del 62%. Este es un resultado espectacular, si fuera cierto.

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Los metanálisis se realizan agregando resultados de muchos estudios más pequeños para producir la muestra de un ensayo grande con poder estadístico creíble. En este caso, los investigadores combinaron 15 estudios clínicos con un total de 2.438 participantes. Sin embargo, como señalan Gorski y otros, los metanálisis son tan buenos como su materia prima, un fenómeno que el desmitificador etiqueta como “basura dentro, basura fuera”.

En este análisis, la calidad de los componentes es mala; muchos son demasiado pequeños para tener resultados útiles, en algunos casos, los temas están mal descritos, por lo que los metanalistas no pueden saber qué se está midiendo.

Todos los miembros del equipo de investigación están asociados con una organización británica pro-ivermectina y el dinero para el estudio fue recaudado por una campaña de GoFundMe titulada “Ayúdenos a obtener un medicamento aprobado que salve vidas para COVID-19".

El mayor problema con el metanálisis se refería a uno de sus estudios de componentes clave. Este fue un ensayo de 600 pacientes realizado por científicos egipcios en 2020 que encontró un fuerte efecto terapéutico. Sin embargo, como demostraron los investigadores de datos Nick Brown y Jack Lawrence, hubo problemas evidentes con ese estudio, sus datos y el informe en sí.

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Para empezar, Lawrence encontró lo que él denominó “niveles significativos de plagio” en el reporte. Brown descubrió que los datos eran un desastre, con indicios de que algunos estaban duplicados en el informe. Los resultados, concluyó, “probablemente habían sido manipulados a mano en gran medida”.

El reporte no fue arbitrado antes de su publicación, por lo que probablemente nunca debería haberse incorporado al metanálisis. De todos modos, el 14 de julio, cuando los informes de Brown y Lawrence se habilitaron en línea, el servidor de preimpresión que había publicado el documento egipcio lo retiró “debido a una expresión de preocupación” que “ahora está bajo investigación formal”.

Eliminar los resultados egipcios del metanálisis cambia por completo la conclusión sobre la ivermectina. Según el epidemiólogo australiano Gideon Meyerowitz-Katz, si uno elimina los datos de Egipto y vuelve a ejecutar el metanálisis, “el beneficio pierde, en gran medida, su importancia estadística”. En otras palabras, la ivermectina no tiene ningún efecto sobre el COVID-19.

Eso no sería una sorpresa para la Organización Mundial de la Salud, la FDA como para Merck, un fabricante de ivermectina. La compañía farmacéutica indica que “no hay base científica para un efecto terapéutico potencial contra el COVID-19 a partir de estudios preclínicos; no hay evidencia significativa de actividad o eficacia clínica en pacientes contagiados con coronavirus; y existe una preocupante falta de datos de seguridad en la mayoría de los estudios ".

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Para decirlo de otra manera, la locura de la ivermectina podría amenazar la salud personal y de la comunidad.

“La espantosa realidad es que ha habido una enorme cantidad de personas tratadas con ivermectina, en gran parte basándose en un ensayo que nunca de ningun modo debió haberse utilizado para tomar decisiones de tratamiento ”, Meyerowitz- Katz comentó en referencia al informe egipcio.

Lo mismo sucedió con la hidroxicloroquina. Infinidad de personas fueron engañadas por la promoción de un supuesto remedio que no solo era ineficaz, sino peligroso. Se invirtió dinero y tiempo en ensayos clínicos para desacreditar las afirmaciones sobre un medicamento que nunca debió haber sido parte del arsenal anti-COVID en primer lugar.

Ahora ocurre el mismo proceso con la ivermectina. Seamos claros: la información sobre el medicamento no se está “eliminando” por razones políticas. Está siendo tratado como lo que es: desinformación peligrosa.

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Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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