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La recesión ha golpeado a algunas de las principales economías a nivel mundial, pero no a EEUU

Compradores y peatones caminan por la Quinta Avenida, el 11 de diciembre de 2023, en Nueva York.
(Yuki Iwamura / Associated Press)

El gobierno federal repartió alrededor de 5 billones de dólares en asistencia por la pandemia entre 2020 y 2021 —una cantidad mucho mayor a la de contrapartes extranjeras—, lo que dejó a muchas familias en mucho mejor forma financiera e impulsó el gasto del consumidor hasta bien entrado el 2023.

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Estados Unidos se mantiene de pie mientras algunas de las principales economías a nivel mundial caen en recesión.

Tanto Japón como Reino Unido informaron que sus economías posiblemente se contrajeron durante los últimos tres meses. Para ambos países, sería el segundo trimestre consecutivo de retroceso, lo que encaja con la definición de una recesión.

Sin embargo, en Estados Unidos, la economía avanzó durante el último trimestre del año pasado, el sexto periodo consecutivo de crecimiento. Ha superado muchos de los pronósticos con los que inició 2023 de que una recesión parecía inevitable debido a las altas tasas de interés impuestas con el objetivo de desacelerar la economía y la inflación.

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Buena parte del mérito pertenece a las familias estadounidenses, que han seguido gastando a un ritmo sólido a pesar de las dificultades. Sus gastos conforman la mayor parte de la economía estadounidense. Los estímulos del gobierno ayudaron a las familias a sortear las primeras etapas de la pandemia y un salto en la inflación, y ahora los aumentos salariales les están ayudando a mantenerse a la par de los elevados precios de los productos y servicios que necesitan.

Un informe dado a conocer el jueves mostró que menos trabajadores estadounidenses solicitaron prestaciones de desempleo la semana pasada. Se trata del más reciente indicio de un mercado laboral notablemente sólido, a pesar de que una serie de anuncios de recortes han acaparado los titulares a últimas fechas. Una solidez continua en este aspecto debe ayudar a apuntalar la economía.

Desde luego, los riesgos persisten, y los economistas afirman que no se puede descartar una recesión. La inflación podría acelerarse nuevamente. Las preocupaciones en torno al monto de deuda del gobierno federal podrían alterar los mercados financieros, elevando el precio de créditos automotrices y otras cosas. Las crecientes pérdidas relacionadas con los bienes raíces comerciales podrían infligir un enorme daño en el sistema financiero.

Pero, por ahora, el panorama sigue luciendo mejor para Estados Unidos que para muchas de las otras grandes economías. El ánimo en Wall Street es tan positivo que el principal indicador del mercado bursátil, el índice S&P 500, rebasó la semana pasada los 5.000 puntos por primera vez.

“Antes que nada, es importante enfatizar que el desempeño del mercado es más un reflejo de una economía próspera que una confianza injustificada de los inversionistas”, dijo Solita Marcelli, directora de inversiones para el continente americano de UBS Global Wealth Management.

Cuando mejoró su panorama de crecimiento global para 2024 hace un par de semanas, el Fondo Monetario Internacional mencionó una economía estadounidense inesperadamente sólida como una de las principales razones.

Varias de las características únicas de la economía estadounidense la han protegido de las tormentas recesivas, afirman los analistas. El gobierno federal repartió alrededor de 5 billones de dólares en asistencia por la pandemia entre 2020 y 2021 —una cantidad mucho mayor a la de contrapartes extranjeras—, lo que dejó a muchas familias en mucho mejor forma financiera e impulsó el gasto del consumidor hasta bien entrado el 2023.

El gobierno estadounidense también ha subsidiado más obras de plantas de manufactura e infraestructura mediante leyes adicionales aprobadas en 2021 y 2022 que aún tuvieron impacto el año pasado. Alrededor de una cuarta parte del sólido crecimiento económico de 2,5% en 2023 en Estados Unidos estuvo conformado por el gasto gubernamental. Sin embargo, los críticos republicanos afirman que el gasto público por tanto tiempo contribuyó a una mayor inflación.

“Tuvimos algunas políticas que creo que nos ayudaron mucho”, dijo Diane Swonk, economista en jefe en KPMG. “Pero también la estructura de nuestra economía es muy diferente”.

Los estadounidenses han estado mejor protegidos contra el aumento en las tasas de interés que, por ejemplo, los británicos, debido a que la mayoría de los propietarios de casas con hipotecas cuentan con tasas fijas a 30 años. Como resultado, el veloz incremento en las tasas por parte de la Reserva Federal en los últimos dos años — que han elevado las tasas hipotecarias de alrededor de un 3% a cerca de 6,7% — han tenido poco impacto en muchos de los estadounidenses.

Sin embargo, sus contrapartes británicas cuentan con hipotecas que deben renovarse cada dos a cinco años. Han tenido dificultades con el veloz incremento de las tasas de interés, ya que el Banco de Inglaterra ha elevado los costos de los créditos para combatir la inflación.

Catherine Mann, integrante de la comisión encargada de establecer las tasas de interés del Banco de Inglaterra, dijo el jueves que la desaceleración de la economía del Reino Unido debería ser temporal. Los sondeos empresariales ya muestran indicios de que la economía se está recuperando, añadió.

“Los datos que tenemos hoy día son un espejo retrovisor”, dijo en el marco de una conferencia económica en Washington. “Los informes a futuro lucen bien”. Al igual que la Fed, el Banco de Inglaterra sopesa reducir su tasa de interés de referencia una vez que tenga la confianza suficiente de que la inflación está controlada.

Otro beneficio para Estados Unidos es que ha experimentado la llegada de un gran número de migrantes en los últimos años, lo que les ha facilitado a los empleadores ocupar vacantes, la posibilidad de expandir sus operaciones, y ha llevado a que más personas reciban un salario... y luego lo gasten.

Japón, en cambio, envejece rápidamente y durante años ha visto cómo su población disminuye, mientras se muestra menos abierto a la mano de obra extranjera. Un declive demográfico puede ser un pesado lastre en el crecimiento económico.

En Europa, la confianza del consumidor no es alta entre quienes resienten los efectos de los costos más elevados de la energía a causa de la guerra en Ucrania.

Incluso China, cuya economía crece más rápido que la de Estados Unidos, enfrenta una enorme presión. Sus mercados bursátiles han tenido algunos de los peores desempeños recientes a nivel mundial debido a las preocupaciones sobre la lenta recuperación económica y los problemas en el sector inmobiliario.

La economía estadounidense enfrenta sus propios obstáculos. Los pronósticos indican que el crecimiento sufrirá una desaceleración este año a medida que los enormes aumentos en las tasas de interés por parte de la Fed peguen de lleno en el sistema.

Un informe dado a conocer el jueves podría tener que ver con esto. Las ventas al por menor en Estados Unidos cayeron más de diciembre a enero de lo que los economistas esperaban.

Algunos de los pilares de apoyo para el gasto al consumidor podrían estar debilitándose. Se han reanudado los pagos de préstamos estudiantiles, los consumidores prácticamente se han gastado todos los estímulos que recibieron durante la pandemia, y los saldos de tarjetas de crédito se encuentran en un nivel muy alto.

Tal vez lo más frustrante sea el hecho de que los precios de los productos en los mercados siguen siendo mucho más elevados de lo que eran antes de la llegada de la pandemia. Una menor inflación significa que los precios suben más lento a partir de este punto, no que vayan a volver a los niveles anteriores.

Lidiar con la inflación sigue siendo la máxima preocupación para los consumidores estadounidenses, salvo para aquellos que ganan más de 150.000 dólares anuales, según un sondeo reciente de Morgan Stanley.

Cuando el director general de McDonald’s, Chris Kempczinski, habló de los resultados de su compañía en el último trimestre, afirmó que no ha visto grandes cambios en el comportamiento de sus clientes de ingresos medios y altos. Pero “donde se ve la presión en el consumidor estadounidense, es con el consumidor de bajos ingresos, digamos de 45.000 dólares o menos. Ese consumidor está presionado”.

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