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EEUU

¿Enojado con la calidad del aire de L.A.? La culpa podría ser de productos como la laca para el cabello y la pintura, no solo de los autos

Aire

El tráfico de la mañana llena la autopista 2 en Los Ángeles. En estos días, aproximadamente la mitad de los químicos derivados del petróleo que componen nuestro smog provienen de productos de consumo como el jabón y la pintura, según un nuevo estudio (David McNew / Getty Images).

(Getty Images)

Cuando se trata de la calidad del aire, los productos que usamos para oler bien o limpiar la cocina podrían ser tan malos como el automóvil que conducimos. Un nuevo estudio del aire realizado en Los Ángeles detectó que los productos de consumo e industriales ahora compiten con las emisiones de tubos de escape en la creación de contaminantes atmosféricos.

Los hallazgos, publicados este jueves en la revista Science, revelan un cambio en el equilibrio del poder contaminante en las ciudades, y podría impulsar a investigadores y reguladores a centrarse aún más en una amplia gama de bienes industriales y de consumo comunes, como la laca para el cabello, la pintura y los desodorantes.

La exposición a la contaminación del aire es una de las principales causas de problemas de salud en todo el mundo. Entre los factores de riesgo para la salud humana, ésta se ubica quinta después de la desnutrición, la mala alimentación, la presión arterial alta y el tabaco, según un informe del año pasado aparecido en la revista Lancet.

Gran parte de la contaminación del aire se debe a reacciones con compuestos orgánicos volátiles (VOC, por sus siglas en inglés), una amplia gama de productos químicos de carbono que se escapan fácilmente al aire y que los humanos producen en grandes cantidades.

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En el pasado, los gases de escape de los automóviles eran responsables de gran parte de esos VOC creados por el hombre. Ello ha sido especialmente cierto en Los Ángeles, una tierra de largos viajes que, hasta hace pocas décadas, estaba envuelta en capas oscuras y pesadas de smog.

 

Pero a medida que las restricciones a las emisiones de los tubos de escape se redujeron y mejoró la tecnología automotriz, la cantidad de VOC bajó y el aire se ha despejado (los automóviles todavía producen toneladas de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero invisible que, según los científicos, contribuye con el calentamiento global, pero esa es otra historia). Los científicos quisieron ver qué significaba eso para el perfil de contaminación del aire de L.A.

“A medida que la mezcla de sustancias químicas en la atmósfera cambia, ¿cómo impacta en la calidad del aire en la región y, en general, en cualquier entorno urbano?”, se preguntó el coautor del estudio, Christopher Cappa, ingeniero ambiental de UC Davis.

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Cappa y sus colegas analizaron datos sobre el contenido de aire exterior para ver qué contaminantes encontraban. Pronto se dieron cuenta de que los niveles de ciertos compuestos orgánicos volátiles (VOC), como el etanol y la acetona, eran demasiado altos como para ser explicados únicamente por las emisiones de los vehículos.

“Eso implica que hay alguna otra fuente”, indicó Cappa.

 

Los científicos buscaron otras causas y descubrieron que muchos productos comunes, como pesticidas, recubrimientos, pinturas, tintas de impresión, adhesivos, agentes de limpieza y productos para el cuidado personal, como el spray corporal y la laca para el cabello, estaban llenos de compuestos orgánicos volátiles que podían liberarse en el aire.

Dado que muchos de estos artículos con VOC se emplean en espacios cerrados, los científicos verificaron investigaciones previas sobre la calidad del aire de los espacios interiores. Efectivamente, las concentraciones de VOC interiores de estos productos eran aproximadamente siete veces mayores que en el aire ambiente.

El ingeniero y sus colegas creen que algunos de esos compuestos probablemente se escapan de esos edificios y contaminan el medio ambiente.

Reunir toda esa información para crear un retrato coherente de las fuentes de contaminantes atmosféricos no fue tarea fácil, advirtió John Seinfeld, un químico atmosférico de Caltech que no participó en el estudio. “Es un logro histórico haberlo hecho”, expresó. “Esto será reconocido como un trabajo importante”.

Hay que tener en cuenta, indicaron los científicos, que los productos con VOC como el desodorante y el desinfectante para manos representan solo el 5% del petróleo y el gas natural que se usan en Los Ángeles. La gran mayoría se emplea para hacer combustible, incluido el líquido que entra en nuestros tanques de gasolina.

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Sin embargo, los productos de consumo e industriales emiten aproximadamente el mismo nivel de VOC que los vehículos que queman combustible.

Parte del problema radica en la naturaleza misma de estos artículos hogareños, indicaron los científicos. Así como el combustible debe ser quemado, los VOC en muchos productos de consumo están destinados a escapar hacia el aire. “Muchos de los productos químicos volátiles que empleamos todos los días simplemente están hechos para evaporarse”, manifestó la coautora del estudio, Jessica Gilman, investigadora química de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. “Pensemos en los desinfectantes para manos durante la temporada de resfriados y gripe, o los productos perfumados; el tiempo que pasamos esperando a que se seque la pintura, la tinta y el pegamento”. Todos ellos, dijo, implican “el proceso de esperar que se evaporen esos químicos volátiles”.

Los productos químicos a base de petróleo en productos como jabones y pinturas son un importante contribuyente a la contaminación del aire en Los Ángeles, sugiere un nuevo estudio.

Los autores del informe señalaron que, si bien las regulaciones estadounidenses sobre artículos que contienen VOC enfatizan la necesidad de mitigar el ozono y otras toxinas que se crean cuando los compuestos orgánicos volátiles reaccionan en la atmósfera, actualmente ignoran  muchos químicos que generan aerosoles orgánicos secundarios y constituyen mucha de la contaminación del aire urbano.

Este nuevo trabajo apunta a la necesidad de adaptar la investigación, y tal vez las regulaciones, al patrón cambiante de emisiones en las ciudades, expuso Alastair Lewis, un investigador de la Universidad de York, en Inglaterra, que no participó en el estudio. “A medida que el conocimiento de la química VOC mejore, será posible desarrollar enfoques más específicos para reducir los impactos”, escribió Lewis en un comentario que acompañó el estudio. “Priorizar aquellos VOC con el mayor potencial de formación de aerosoles, por ejemplo, mediante la reformulación de productos de consumo, sería una opción. Los sectores industriales que hasta ahora han quedado fuera de los controles de emisiones de VOC podrían, en un futuro electrificado más limpio, recibir más atención directa de los reguladores”.

De todos modos, averiguar exactamente qué VOC son los más problemáticos requerirá de mayor investigación, advirtieron los científicos.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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