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EEUU

¿Podría Brett Kavanaugh estar enojado porque tal vez, solo tal vez, ha sido acusado erróneamente?

enojo

El nominado a la Corte Suprema Brett M. Kavanaugh toma asiento ante el Comité Judicial del Senado en Capitol Hill el 27 de septiembre. (Matt McClain / The Washington Post)

(Los Angeles Times)

¿Por qué Brett Kavanaugh está tan molesto?

Es una pregunta que pocos hacen porque muchos creen que saben la respuesta.

La explicación más común es que Kavanaugh estaba tan enojado porque él representa los derechos cuestionados de los hombres blancos, a esto se le conoce en inglés como WME.

La explicación del WME es una forma de alegoría, no de argumento real. En las alegorías, los personajes no son personas reales, sino metáforas de ciertas ideas. Por ejemplo, en “El progreso del peregrino” (1678), el personaje principal se llama Christian, y en su viaje se encuentra con otras abstracciones en forma humana, como el Sr. Worldly Wiseman.

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Brett Kavanaugh ahora es el Sr. Hombres Blancos con Derechos, y como tal, por definición está mal, está equivocado, porque ese es su rol asignado.

Durante el fin de semana, Martha Nussbaum escribió un ensayo, inspirado en su libro “La monarquía del miedo: un filósofo mira nuestra crisis política”, y encasilló a Kavanaugh en sus preconcebidas teorías de lo que está mal en el mundo. En su relato, Kavanaugh es simplemente la encarnación de su teoría de que los hombres rebosan de misoginia impulsados por el miedo y la ira ante “las mujeres que hacen demandas, que hablan, y que en general se interponen en el camino de los privilegios masculinos no ganados”.

Según Maureen Dowd del New York Times, " Kavanaugh es un personaje hecho a la medida para la era de Trump, y diseñado para complacer a Trump: hombres blancos fuertes que actúan como la nueva minoría, aullando sobre las cosas que están ocurriendo, que se sienten agraviados por cualquier cosa que los disminuya o que ponga en duda su poder”.

Todo esto es emblemático de uno de los principales problemas con nuestra política actual, de izquierda a derecha. Seguimos la política como si fuera una película o, en este caso, una alegoría, en la que a los personajes se les niega el carácter humano y se les asigna la tarea de simplemente personificar una idea o tema. Por lo tanto, Christine Blasey Ford no es un ser humano específico que hace cargos específicos, sino un avatar para una idea las mujeres en un momento en que se debe creer a “todas las mujeres”.

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No niego que Brett Kavanaugh cree que tiene derecho a ciertas cosas. Incluso puede que, en algún nivel psicológico profundo, piense que parte de su derecho se deriva del hecho de que es hombre e incluso de que es blanco, aunque no hay evidencia de esa explicación. Simplemente esa idea se ha afirmado una y otra vez hasta que se ha convertido en una especie de dogma.

Pero, ¿no podría ser la explicación más plausible que se sienta con derecho al trabajo en la Corte porque, según todos los informes, es uno de los jueces más calificados de Estados Unidos y ha pasado una docena de años en el segundo tribunal más alto del país?

¿No podría también sentirse con derecho a que se jugara limpiamente? Antes de que surgieran estas acusaciones, el senador Cory Booker (D-N.J.) insistió en que la nominación de Kavanaugh era “mala”. Desde entonces, Kavanaugh ha sido acusado de dirigir pandillas de violadores.

Y, sin embargo, ¿se supone que debemos creer que su ira no se deriva de tales acusaciones sino de una idea abstracta de la impotencia del hombre blanco?

Los críticos de Kavanaugh han caído en un argumento basado en una narrativa de intolerancia. Los hombres de su origen han hecho cosas malas en el pasado, y como se ajusta al estereotipo, es un símbolo de su culpa colectiva. Las mujeres han sido tratadas horriblemente cuando han hecho acusaciones, por lo que ahora debemos creer lo que dicen todas las mujeres.

No importa que haya habido momentos en Estados Unidos en que “creer a todas las mujeres blancas” era la regla. Cuando hicieron acusaciones contra hombres negros, condujo a algunos males indescriptibles. “Matar a un ruiseñor” es, en muchos sentidos, una alegoría moderna sobre esos tiempos.

No estoy tratando de decir que Brett Kavanaugh es un Tom Robinson contemporáneo, de la vida real, el hombre negro acusado falsamente de violación en ese libro. Estoy tratando de decir que Kavanaugh es un ser humano real.

Las apelaciones a las quejas históricas, las teorías intelectuales de la psique masculina y los resentimientos reprimidos, por muy interesantes o emocionalmente poderosos que sean, no son tan relevantes aquí. Esto no es una alegoría. Es el mundo real.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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