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EEUU

Siempre hay que mirar el lado positivo de la vida, dijo la CEO que aumentó el precio de las EpiPen en más del 400%

Los Angeles Times columnist David Lazarus talks about Heather Bresch, chief executive of Mylan, the maker of EpiPens, and what he considers Bresch’s recent effort to rewrite her history of gouging families.

El ramillete de problemas del sistema de salud de EE.UU. no es culpa de ninguna persona. Pero de vez en cuando un ejecutivo de la industria lanza algo tan equivocado que arroja luz sobre lo que enfrentamos.

Heather Bresch, directora ejecutiva de la compañía farmacéutica Mylan, fabricante de las EpiPen, participó en un podcast de CNN el 4 de junio.

Después de aproximadamente 40 minutos de preguntas benignas para conocerla, la entrevistadora, Poppy Harlow, finalmente comenzó a indagar sobre la pestilencia que rodea a Bresch como responsable de haber elevado el precio de las EpiPen -que salvan vidas en situaciones de extrema reacción alérgica- en más del 400%.

Mylan no inventó los dispositivos; solo compró los derechos para venderlos, en 2007.

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La mujer dudó algunos instantes, hablando sobre cómo el aumento de precios se justificaba debido a una campaña de concientización de marca y un rediseño del paquete. Luego pasó por alto su comportamiento codicioso y se centró en la respuesta sensible y cuidadosa de su compañía ante la indignación pública.

Después de enterarse de que la gente estaba enojada porque Mylan había elevado el precio de un paquete de dos EpiPen de alrededor de $100 a más de $600, Bresch afirmó que el laboratorio Mylan no dudó en sacar una versión genérica del producto, que se vende por solo $300.

El público “necesitaba una solución y quería una solución”, agregó. “Y antes de hacer algo más, antes de testificar en el Congreso, antes de hacer nada, salimos al mercado con un medicamento genérico y reducimos el precio a la mitad”.

Esto es falso en muchos niveles.

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En primer lugar, la indignación se había acumulado durante meses, especialmente entre las familias que dependían de las EpiPen para mantener vivos a sus niños con alergias graves. La cuestión escaló después de que Bloomberg publicara un artículo sobre los aumentos de precios, en septiembre de 2015.

Sin embargo, el tema realmente no despegó hasta el verano siguiente, en julio de 2016, cuando más medios informativos comenzaron a comparar las atroces subidas de precios de Mylan sobre las EpiPen con las acciones del deshonrado ejecutivo de la industria farmacéutica Martin Shkreli, el sujeto que -sin vergüenza alguna- elevó el precio de un antiguo medicamento contra las infecciones, llamado Daraprim, de $13.50 a $750 por píldora.

Shkreli se convirtió en el emblema de la avaricia de la industria en febrero de 2016, cuando se negó a testificar en el Congreso, invocando su derecho de la Quinta Enmienda contra la autoincriminación y sonriendo con superioridad a los frustrados legisladores.

En agosto de ese año, los miembros del Congreso comenzaron a preguntar a Mylan sobre el incremento de más del 400%, de las EpiPen.

Una semana después, se informó que la remuneración total de Bresch como CEO había aumentado casi un 700% -de $2.5 millones en 2007 a casi $19 millones en 2015- a medida que las EpiPen se volvían cada vez más caras.

Fue entonces cuando Bresch anunció un EpiPen “genérico autorizado”, es decir, fabricado por la misma compañía que manufactura la versión de marca, por el doble de precio.

Cuando ese producto se lanzó al público, en diciembre de 2016, Bresch se autofelicitó por tomar una “acción decisiva” y “sin precedentes” para ayudar a las familias estadounidenses.

Le pregunté a representantes del laboratorio Mylan si les interesaba comentar la versión de los hechos sobre Bresch. Nadie devolvió mis llamados.

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Sea como fuere, pensemos en esa alternativa de “menor costo”.

Si a uno lo están criticando por aumentar en más de cinco veces el precio de un medicamento de cuya creación no participó, ¿realmente gana puntos por simplemente triplicar el precio? No lo creo.

Más aún, Mylan ya vendía EpiPen de forma rentable en Canadá y Europa, por una fracción del costo de los EE.UU.

Nuevamente: la compañía no había hecho la investigación y el desarrollo. Todo lo que hizo fue comprar los derechos del dispositivo.

Sin embargo, el podcast de CNN del lunes le dio a Bresch mucho espacio para definirse a sí misma como una líder corporativa fuerte y con toda la iniciativa, el tipo de persona que no duda en hacer lo correcto. Es más, describió el escándalo EpiPen como “un momento decisivo”, del cual emergió como una mejor persona.

“No hay duda de que me fortaleció", afirmó Bresch. “Las cosas pasan por una razón.”

¿Qué razón sería esa? ¿Avaricia corporativa sin límites?

No. Bresch se pintó a sí misma como víctima de un sistema que no funciona.

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“No iba a pedir disculpas por trabajar en un sistema que ya existía”, aseguró. “Lo que decidí hacer fue poner mi esfuerzo y energía para... hablar sobre lo que había que mejorar”.

Bresch agregó que espera poder ser parte de la solución, mientras el presidente Trump busca cumplir sus reiterados compromisos de reducir los precios de los medicamentos, aunque no ha anunciado un solo movimiento significativo al respecto.

En cuanto al exorbitante aumento de su salario mientras ella saqueaba a los pacientes, Bresch dijo que la gente debería estar contenta de que una mujer en la industria farmacéutica ganara tanto como los varones. #VamosChica.

Me encantaría decir que CNN interpeló a Bresch sobre todas estas tonterías, pero no fue así. Le dio una hora de tiempo de podcast para cantar sus propias alabanzas y reescribir la historia.

Harlow terminó diciendo: “Termine esta frase: ‘Habré tenido éxito cuando…’". Bresch no dudó: ”Habré tenido éxito cuando haya hecho todo lo posible para influir en cómo se brinda asistencia sanitaria”.

En agosto de 2017, Mylan finalizó un acuerdo por $465 millones con el Departamento de Justicia estadounidense para resolver quejas de que había cobrado de más al gobierno por las EpiPen, clasificándolas erróneamente como un producto genérico en lugar de uno de marca. Esto dio como resultado que la compañía hiciera reembolsos más pequeños a los programas estatales de Medicaid.

“Mylan clasificó erróneamente su medicamento de marca, EpiPen, para obtener ganancias a expensas del programa de Medicaid”, afirmó el procurador estadounidense William D. Weinreb en ese momento. “Los contribuyentes esperan, con razón, que compañías como Mylan, que reciben pagos de programas financiados por los contribuyentes, sigan escrupulosamente las reglas”.

La compañía no admitió ningún mal proceder.

Las cosas pasan por una razón.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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