Anuncio
Share

Estos latinos prefirieron dar el grito al ritmo de Iron Maiden

La presencia hispana en el concierto de Iron Maiden fue abundante.
(Ulises Alatriste / Especial para LA Times en Español)

Como lo comentó el fotógrafo que me acompañaba, el ambiente que se vivía a las afueras del Banc of California Stadium el sábado pasado parecía ser el de un concierto de la banda mexicana El Tri y no el de una presentación de Iron Maiden, la célebre banda británica de heavy metal que actuaba esa noche.

Los rostros latinos y las conversaciones en español predominaban en los alrededores del flamante auditorio al aire libre mientras muchos de los asistentes calentaban motores antes del acto central de las 9 de la noche, antecedido por dos grupos ‘teloneros’ (The Raven Age y Fozzy) que no parecían llamar demasiado la atención.

La impresionante presencia hispana sirvió para ratificar la popularidad de una agrupación que canta en inglés y que a primera vista no tiene letras vinculadas a nuestra comunidad, pero que gusta mucho en Latinoamérica, donde cuenta con incontables seguidores.

Tradicionalmente, Maiden (como la llaman sus fans) es reconocida como una banda interesada en temáticas bélicas europeas y en la historia del antiguo Egipto, pero uno de los fanáticos a los que entrevistamos nos recordó de inmediato que el más reciente álbum en estudio del mismo combo, “The Book of Souls” (2015), posee muchas referencias a la cultura maya.

“Y no solo eso: durante la gira de ese disco, aparecía en el escenario el calendario [perteneciente a esa civilización]. Era la primera vez que yo veía al grupo, y con eso capturaron de inmediato mi atención”, nos dijo Jaime López, originario de Ciudad de México pero radicado aquí desde hace dos décadas. “Creo que la manera en que incluyen a todo el mundo en lo que hacen tiene mucho que ver con el gusto que se les tiene en el planeta entero”.

Por su parte, Roger Clemente -nacido en Pachuca, Hidalgo- consideró que la popularidad de Maiden se relaciona al hecho de que el conjunto formado en 1975 cuenta ya con un indudable sello de ‘rock clásico’. “Mis hermanos crecieron en el Sur de California con bandas como Scorpions, AC/DC, Metallica y Iron Maiden, y me transmitieron ese gusto por el rock”, dijo. “Pero en México se escucha también mucho a estas mismas bandas, aunque haya gente que no lo sepa. Piensan que no entienden las letras porque no hablan el idioma, pero hay cada vez más gente estudiada que sí lo entiende”.

Anuncio

Bruce Dickinson, vocalista de la banda Iron Maiden, en el Banc of California Stadium.
(Ulises Alatriste / Especial para LA Times en Español)

Eric Vergara, de Guatemala, le adjudicó también a un familiar su devoción actual por Maiden. “Me hice metalero gracias a mi primo”, comentó. “No importa que sean británicos; ellos no son solo conocidos mundialmente, sino que son legendarios, y eso elimina las barreras de lenguaje, como lo demuestra lo que pasa en Latinoamérica”.

Elvis Pérez, nacido en L.A. de padres sinoalenses, llegó igualmente a Maiden a través de primos mayores. “Uno quería andar con ellos, y para eso había que escuchar la misma música”, nos dijo el joven, que se crio en el barrio de Pico Union. “Imagino que [el grupo] le gusta mucho a los latinos por todo lo que tiene que decir; incluso si no lo entiendes, se te mete en el corazón”.

Nos encontramos luego con un entusiasta grupo de peruanos en el que figuraba una persona que lucía un curioso traje rojo de estilo antiguo que recordaba los que ha lucido en algunas ocasiones el vocalista Bruce Dickinson. Se trataba de Sandro Soler, de Lima, quien consideró en primer lugar que Maiden ha destacado porque es “una banda realmente completa”.

“Maneja una estética muy definida, tiene a [la mascota] Eddie y el arte de sus discos es impresionante”, afirmó Soler. “Además, como aficionado a la historia militar que soy, me fascinan las letras de canciones como ‘TailGunner’, ‘The Trooper’ y ‘Paschendale’, que son justamente una lección por ese lado. Y claro, los latinos los queremos mucho, porque somos ‘recontra’ metaleros, no solo en Sudamérica, sino también en Chile”.

“Creo que la conexión se da porque son grupos muy apasionados”, prosiguió Soler. “Y la relación [con esta clase de bandas] se ha acentuado en los últimos años: Iron Maiden hizo un DVD en Chile [‘En vivo!’, del 2011] y AC/DC hizo otro en Argentina [‘Live at River Plate’, del 2009]. La verdad es que nosotros matamos y morimos por las bandas que nos gustan”.

Su amigo Eduardo Espejo, que reside en L.A. desde hace 20 años, recuerda haber escuchado a Maiden cuando era niño gracias a “un amigo del barrio”. “Me siento agradecido por todo lo que nos han dado”, comentó. “Mis amistades de otros países latinoamericanos me han permitido entender que esta banda le gusta prácticamente a todos los que le gustan del rock, porque su influencia ha sido fundamental”.

El guitarrista Dave Murray y el bajista Steve Harris en acción.
(Ulises Alatriste / Especial para LA Times en Español)

El concierto

Iron Maiden no es una presencia precisamente extraña en el Sur de California, lo que tiene que ver con su obsesión por las presentaciones en vivo. Pero la mayoría de los shows que ha ofrecido en esta parte del mundo durante tiempos recientes se han dado en la lejana ciudad de San Bernardino, a donde resulta difícil llegar cuando se vive en el área de Los Ángeles.

Esto le dio un carácter especial al concierto del que hablamos aquí, que fue además el primero en el Banc of California, cuyas modernas instalaciones y falta de muros resultaron ideales para disfrutar de un espectáculo que se produjo todavía en medio de agradables temperaturas pese al cambio de estación.

La fecha local fue parte de la gira “Legacy of the Beast”, que no corresponde a ningún lanzamiento discográfico y que, por lo tanto, recurre a un repertorio de grandes éxitos que se encuentra matizado por una que otra sorpresa. En realidad, no hubo nada realmente nuevo en lo que corresponde a la puesta en escena, porque el grupo mantiene desde hace ya tiempo las cortinas ilustradas que van cambiando según las canciones que se interpretan y que siguen resultando visualmente atractivas, pero que perdieron ya completamente el sentido de sorpresa que tuvieron inicialmente.

El bajista Steve Harris sigue siendo considerado el líder de la banda.
(Ulises Alatriste / Especial para LA Times en Español)

Claro que lo importante fue poder ver a la agrupación en tan buena forma, sobre todo en lo que respecta al vocalista Bruce Dickinson, quien no corrió probablemente con el ímpetu habitual (tiene 61 años y superó hace poco un cáncer de lengua), pero que cantó de manera espectacular, lució toda clase de atuendos y no ha perdido ni una pizca de su simpatía y de su deseo de comunicarse con el público, al que le dedicó bromas que, en esta ocasión, tuvieron que ver a veces con el paso del tiempo y la edad de los integrantes del conjunto que comanda, entre ellos el bajista Steve Harris, quien tuvo también un gran desempeño.

La lista de temas incluyó piezas infaltables como “Aces High”, “2 Minutes to Midnight”, “The Trooper”, “The Number of the Beast” y, por supuesto, “Run to the Hills”, con la que se cierran siempre los shows de Maiden; pero le dio también pie a números ‘raros’ como “The Clansman” y “Sign of the Cross”, correspondientes a la etapa con el vocalista Blaze Bayley. Y no cabe duda de que la voz de Dickinson hace que esas composiciones suenen mucho mejor que sus versiones originales.


Anuncio