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Entretenimiento

The Who regresa a la gloria con respaldo orquestal

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El cantante Roger Daltrey y el guitarrista Pete Townshend al frente de The Who en el Hollywood Bowl.
(Cortesía Álex Mónico)

Pese a que se trata de una agrupación legendaria, había cierto temor ante la presentación que The Who iba a ofrecer la noche de ayer en el Hollywood Bowl, debido principalmente a las noticias llegadas hace dos semanas desde el concierto de esta misma gira (titulada “Move On!”) que se inició de hecho en Houston pero se interrumpió poco después de empezar debido a que el cantante Roger Daltrey se quedó sin voz.

Los problemas vocales de Daltrey no son nuevos, y es de notar además que él mismo no se ha distinguido nunca por ser un cantante virtuoso; pero el hecho de que cuenta ya con 75 años de edad hacía temer que lo sucedido en Dallas se viera reflejado en la presentación angelina. Por fortuna para las más de 17 mil personas que llenaron este auditorio al aire libre, eso no sucedió, y además de que el veterano vocalista ofreció una ‘performance’ prácticamente impecable, el show entero (primero de tres que se realizarán en el mismo coloso) fue absolutamente espectacular.

Eso tuvo que ver con la decisión de incorporar al tour a una orquesta completa, es decir, un recurso que se usa muchas veces para tratar de engrandecer algo que no merece ser engrandecido y que no combina normalmente de manera adecuada con las composiciones originales, pero que esta vez funcionó de manera ideal, debido a que la participación de los músicos de formación clásica estuvo minuciosamente planificada, a que los arreglos (creados por el eminente compositor David Campbell) fueron brillantes y a que la ecualización del sonido superó todas las expectativas.

Pero, más allá de Daltrey, la banda completa estuvo estupenda, empezando por la labor del legendario guitarrista Pete Townshend, que tiene 74 años pero sigue tocando su instrumento de modo magistral y se mantiene en excelente estado físico y anímico, lo que le permite bromear constantemente con el público y hacer varios de los movimientos convertidos en inmortales desde su lejana participación en el histórico festival de Woodstock, medio siglo atrás.

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Los amargados dirán que esto no debería llamarse The Who, porque los únicos miembros originales que permanecen en la formación desde hace 17 años son Daltrey y Townshend. El baterista Keith Falleció falleció en 1978 y el bajista John Entwistle lo hizo en el 2002. Pero el puesto de Moon se encuentra ahora en excelentes manos: las del hijo de Ringo Starr, Zak Starkey, quien imita frecuentemente los célebres redobles del desaparecido pero tiene su propio estilo en los tambores; y el plano de las seis cuerdas se ha encontrado reforzado desde hace buen tiempo por el hermano de Pete, Simon, quien es también un gran músico.

Sea como sea, tanto las interpretaciones como el repertorio fueron de primer nivel, empezando por un primer segmento con orquesta en el que se tocaron cinco canciones del álbum “Tommy”, cuyo carácter conceptual se prestó perfectamente para los arreglos de cuerdas, aunque tenemos que decir que la única versión que no nos gustó (y probablemente el único momento débil del show) fue la del tema “Pinball Wizard”, debido a que los instrumentistas invitados tenían demasiado volumen, a diferencia de la guitarra de Townshend, que sí mantuvo su indispensable poderío en las demás ocasiones.

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La banda inglesa en otro momento del concierto.
(Cortesía Álex Mónico)

El mismo segmento incluyó también a “Eminence Front”, una pieza ochentera de tendencia ‘funky’ que no se presenta normalmente en los conciertos y que encontró además a Townshend (quien se encargó del micrófono principal) en muy buen estado vocal; y se cerró con “Zero Ground Hero”, una canción nueva (y correcta) que estará incluida en el nuevo álbum “Who”, dispuesto para lanzarse el próximo 6 de diciembre.

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Lo que vino a continuación fue un segmento sin orquesta por el que desfilaron varios himnos infaltables, como “The Kids Are Alright”, “Substitute”, “I Won’t Get Fooled Again” (en una versión acústica que no estuvo mal, aunque se trata de una composición que requiere ante nuestros oídos de la electricidad) y “Behind Blue Eyes” (que encontró a Daltrey haciendo su conocido truco de hacer volar el micro por los cielos).

Ya con los músicos sinfónicos de regreso, la buena temperatura se mantuvo con otro correcto tema ‘nuevo’, “Ball and Chain” (que en realidad fue grabado por Townshend en su etapa como solista), pero se elevó considerablemente con fenomenales rendiciones de “The Real Me” y “The Rock”, un corte instrumental cuyos profundos aportes progresivos se vieron acentuados por los arreglos orquestales.

El cierre llegó con “Love, Reign O’er Me”, una canción popular de tintes épicos que no se encuentra nunca garantizada, y con la absolutamente esencial “Baba O’Riley”, conocida popularmente como “Teenage Wasteland”. Muchas gracias, caballeros ingleses.

Como si lo ofrecido fuera poco, la fiesta se inició con una actuación especial de Liam Gallagher, ex integrante de Oasis, un conjunto británico que nunca llegó a tener la fama de The Who y que fue de hecho más popular en su país que en Estados Unidos, pero que se escuchó mucho en Latinoamérica a mediados de los ’90.

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Liam Gallagher fue ‘telonero’ del concierto de The Who en el Bowl.
(Cortesía Álex Mónico)

Gallagher, que ha sido objeto de críticas por sus actitudes y su conducta, no se movió mucho en el escenario ni se esmeró en brindar una faena de lujo, pero se mostró razonablemente simpático durante la media hora que se le otorgó, y que inició con una versión realmente poderosa de “Rock ‘n’ Roll Star”, pieza de su antiguo combo, respaldada por un baterista espectacular.

La música de Oasis regresó al final con la encantadora “Champagne Supernova”, y Gallagher incluyó también en el set temas de cosecha propia, como “Wall of Glass” y “Shockwave”, incluidos en sus dos discos individuales. Fue, en todo caso, un pequeño anticipo de la grandeza que se aproximaba.


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