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Las memorias de Rodrigo García se enfrentan a la muerte de su padre, el novelista Gabriel García Márquez

Rodrigo Garcia, looking serious, stands between a set of glass doors that reflect yellow light
El cineasta Rodrigo García en su casa de Santa Mónica a finales de junio. Reflexiona sobre la muerte de sus padres en sus nuevas memorias.
(Genaro Molina / Los Angeles Times)
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Mientras el padre del director Rodrigo García agonizaba, él se encontraba tomando notas. En ellas, registró sus sentimientos más profundos. También registró los procesos y las banalidades de la muerte: las conversaciones con los médicos de rostro sombrío, las pláticas, el intercambio de recuerdos -significativos, divertidos, fuera de tono- que sirven para que los vivos lidien con la ausencia que se avecina.

“El momento de la muerte y los momentos que la rodean son increíblemente sencillos, sobre todo cuando la persona no sufre”, dice el cineasta, sentado en su luminoso jardín de Santa Mónica. “Es como una luz que se apaga con extrema suavidad y te deja boquiabierto. Y luego tienes que hacer los trámites burocráticos. Después hay cosas que te hacen reír: la familia sigue siendo la familia. Y ahí estás, dos horas después, hablando de cualquier cosa”.

Escribir un libro sobre la muerte de tus padres es exponer momentos de intensa intimidad y vulnerabilidad. Hacerlo cuando uno de tus padres es un premio Nobel de fama mundial hace que esa tarea sea infinitamente más complicada.

El padre de García era el novelista de origen colombiano Gabriel García Márquez, autor de “Cien años de soledad”, la sísmica novela de 1967 que contribuyó a remodelar la literatura latinoamericana y lanzó a su autor a la fama. Conocido en todo el continente como “Gabo”, su muerte en 2014 en Ciudad de México, donde vivía desde hacía años, generó titulares de primera plana en todo el mundo.

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Una de las novelas de realismo mágico más populares de Gabriel García Márquez está llegando a la pantalla.

El pasado mes de agosto, Rodrigo García también perdió a su madre: Mercedes Barcha. Su muerte igualmente fue objeto de atención internacional.

Durante los últimos momentos de sus padres, García tomó notas. Todo el tiempo, se sintió conflictuado por el hecho de hacerlo. “Me preguntaba a mí mismo ¿qué estás haciendo? ¿Realmente estás escribiendo un libro? ¿De verdad quieres ser famoso?”, dice que se preguntó. “Pero es la respuesta que doy en el libro: Hay una fuerza irresistible para ponerlo por escrito”.

Gabriel Garcia Marquez sits in a train carriage alongside his wife as she smiles and looks out the window.
Gabriel García Márquez y su esposa Mercedes Barcha llegan a Aracataca, Colombia -la ciudad donde nació- en 2007.
(Alejandra Vega / AFP/Getty Images)

García es un director de cine y televisión afincado en Los Ángeles que, a menudo, ha explorado las complejas vidas internas de los personajes en películas como “Cuatro Buenos Días” del año pasado, protagonizada por Glenn Close y Mila Kunis, que trata de cómo una madre y su hija se enfrentan al abuso de sustancias, y “Los últimos días en el desierto” estrenada en 2016, en la que Jesús (interpretado por Ewan McGregor) se enfrenta a la duda y a un padre todopoderoso.

Ahora el director también puede reclamar el título de autor. Su relato contemplativo de la desaparición de sus padres, “Adiós a Gabo y Mercedes: Memorias de un hijo de Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha”, será publicado en inglés por HarperVia a finales del mes.El 29 de julio, García se unirá al Club de lectura de Los Angeles Times y al editor del Times Steve Padilla para hablar de sus memorias.

Para García, el proceso de producción del libro ha sido un péndulo emocional que oscila entre la indecisión y la determinación. “Justo antes de que se publicara en español [en mayo], tuve mucho miedo”, dice. “Pero la respuesta de la gente que era amiga de mis padres fue positiva, así que me he esforzado por aceptarlo”.

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El que espere un libro lleno de sensibilidad debe dejar de lado esa expectativa.

“Una Despedida” no es un relato de tipo “revelador” ni del tipo “de hacer aclaraciones”. ¿Por qué el Nobel peruano Mario Vargas Llosa le dio un puñetazo en el ojo a García Márquez en 1976? García no tiene ni idea y no quiso investigar. “Eso ocurrió cuando yo tenía 15 años y es una época muy difícil”, dice. “Cuando eres adolescente todo es vergonzoso. ... Es mejor no saberlo”.

A cream-colored book cover features yellow flowers and the outlines of a man and a woman against a blue rectangle
En la portada del libro, de color crema, aparecen flores amarillas y los contornos de un hombre y una mujer sobre un rectángulo azul.
(HarperVia)

En cambio, estas delgadas memorias de 176 páginas funcionan más bien como una conmovedora meditación sobre el final de la vida y sus secuelas, tanto físicas como psicológicas.

La muerte de su padre, hace siete años, fue prácticamente un asunto de Estado en México, con procesiones públicas y homenajes de presidentes. “En cierto modo, fue emocionante y conmovedor ver la cantidad de gente que lo quería y que se quedara de pie durante horas bajo la lluvia solo para ver pasar su feretro”, dice García.

La muerte de su madre fue más silenciosa. Barcha falleció por problemas respiratorios el pasado agosto en Ciudad de México (era fumadora de toda la vida), en un momento en el que el COVID-19 parecía empeñado en segar la vida de todos. Aunque no contrajo la enfermedad, la pandemia limitó la capacidad de García para verla. Fue testigo de los momentos previos y posteriores a su muerte en la pantalla quebrada de un smartphone. En su caso, no habría espacio para iniciar el proceso de duelo: ni funeral, ni reunión familiar.

Si la muerte de su padre fue trascendental por su carácter público, la de su madre lo fue quizá más por la forma en que puso fin a la unidad familiar tal y como él la conocía. García describe a su familia como el “club de los cuatro”, un club que incluía a él, sus padres y su hermano menor, Gonzalo García Barcha, que trabaja como diseñador gráfico en México. El pasado mes de agosto, dice, el club de los cuatro llegó a su fin.

“La muerte del segundo padre”, escribe en el libro, “es como mirar una noche por un telescopio y dejar de encontrar un planeta que siempre ha estado ahí".

Los Angeles based filmmaker Rodrigo Garcia stands in his home in Santa Monica
“Adiós a Gabo y Mercedes” es el primer libro de Rodrigo García.
(Genaro Molina/Los Angeles Times)

Al escribir estas memorias, García se propuso crear algo que no fuera “demasiado distante” ni “demasiado sentimental”. Tampoco pretendía ser exhaustivo.

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En cambio, optó por la concisión. El director es un admirador de “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion, sobre la repentina muerte de su marido, John Gregory Dunne, así como de “La escafandra y la mariposa”, de Jean-Dominique Bauby, unas memorias escritas telegráficamente -a través de un parpadeo de su ojo izquierdo- sobre su parálisis por un derrame cerebral. (Bauby murió en 1997, dos días después de la publicación del libro).

“Me encanta esa concisión, esa densidad”, dice García de esas obras. “‘La escafandra y la mariposa’, la pura determinación de contarlo. Es un abrir y cerrar de ojos, letra a letra. ... Es un gran recordatorio de la brevedad y de lo poderosa que puede ser”.

Y aunque su primer idioma es el español, García eligió escribir sus memorias en inglés, ya que así no podía pensar demasiado en lo que escribía.

“Quería escribirlo rápidamente, sin tener que profundizar en ello”, revela. “Lo escribí en estos capítulos discretos y cortos que se hicieron por comodidad, para poder seguir avanzando. Luego me di cuenta de que era un buen formato”.

“Son imágenes, un álbum de fotos”, dice.

El director Rodrigo García no es un hombre religioso, ni tampoco su padre, el autor ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez.

Las instantáneas que produce García son muy cándidas: un célebre novelista, en su ocaso, perdiendo el dominio del habla a medida que su mente se ve envuelta en la niebla de la demencia; su taciturna esposa, una mujer sin título universitario que, sin embargo, se mantenía en salas repletas de consumados escritores, exigiendo dar una calada a un cigarrillo incluso mientras estaba conectada al oxígeno. En sus últimos días, García encuentra los destellos de la fiereza que los hizo incomparables.

Por supuesto, tratándose de García Márquez, la suya es una muerte que no está exenta de momentos marquesianos, -momentos de magia y humor terrenal al estilo Márquez-. (Darlos a conocer aquí sería estropear el libro).

Gabriel Garcia Marquez, in a blue suit jacked and a yellow rose in his lapel, smiles and gestures at the camera
Gabriel García Márquez saluda a fanáticos y reporteros afuera de su casa en la Ciudad de México, aproximadamente un mes antes de su muerte en 2014.
(Eduardo Verdugo / Associated Press)

En definitiva, “Una despedida” es una forma de que el hijo haga lo que el padre no puede. “Mi padre se quejaba de que una de las cosas que más odiaba de la muerte”, escribe García, “es que era el único aspecto de su vida sobre el que no podría escribir”.

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“Los escritores están como obsesionados con la muerte”, me dice García, con aspecto introspectivo. “Eso es lo que te lleva a escribir, tratar de encapsular la experiencia, intentar contar el principio, el medio y el final”.

La historia de García Márquez tiene ahora un final. Es tierno, conmovedor y adecuado.

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Club de lectura: únase a nosotros

El cineasta Rodrigo García, autor de “Adiós a Gabo y Mercedes”, conversará con el editor del Times, Steve Padilla, en el Club de Lectura de Los Angeles Times.

Cuándo: El 29 de julio a las 6 p.m. PT

Dónde: Evento gratuito transmitido en directo en Facebook, YouTube y Twitter. Inscríbase en Eventbrite.

Más información: latimes.com/bookclub

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.

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