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Bitcoin se hunde de nuevo; ahora, solo la moneda de Venezuela está peor

Bitcoin se hunde de nuevo; ahora, solo la moneda de Venezuela está peor
Técnicos inspeccionan el “minado” de bitcoin en Quebec. Desde finales de 2017, la criptomoneda fue superada por el euro -a pesar de que el banco central europeo imprimió dinero- y la lira turca -aunque el banco central de ese país se vio obligado a mantener las tasas de interés inadecuadamente bajas (Lars Hagberg / AFP / Getty Images). (Getty Images)

Se suponía que el bitcoin protegería a las personas de los gobiernos que destruían sus propias monedas, como el de Venezuela, por ejemplo, donde se dice que la inflación está cerca del 49,000% en este momento.

Últimamente, sin embargo, la criptomoneda no ha cumplido esa misión. No, a menos que usted piense que una baja de alrededor del 80% —como la tuvo el bitcoin desde diciembre 2017— cuenta como una "protección" de las pérdidas del 99.6% que hubiera tenido su bolívar venezolano durante ese tiempo (la moneda virtual cayó hasta un 17% el 26 de noviembre, a $3,523.)

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La verdad es que el bitcoin existe desde hace 10 años, pero todavía no se ha encontrado un uso para este. En su momento más grandioso, se suponía que reemplazaría al dólar estadounidense como la forma preferida de hacer transacciones en todo el mundo. Pero en un costado más realista, se suponía que —al menos— reemplazaría, por ejemplo, al dólar zimbabuense, como la forma en que la gente haría negocios en lugares donde la inflación estaba fuera de control.

¿Por qué bitcoin tropezó incluso con este umbral más bajo? Porque hay una paradoja implícita en su propio corazón.

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La forma más fácil de pensarlo es que el bitcoin quiere que uno no deba confiar en los bancos para mover su dinero, o en los gobiernos para evitar que su moneda pierda su valor.

El bitcoin se ocupa de la primera parte al configurar un sistema en el cual, en lugar de pagarle a un intermediario conocido para que procese una transacción, abona a un grupo de intermediarios que no conoce para que se encargue de ello. De eso se trata el "minado" de bitcoin. La gente se apresura por ser la primera en actualizar el libro mayor público de todas las transacciones de bitcoin —eliminando la necesidad de un banco verificador— para tratar de ganar el nuevo bitcoin que se entrega a quienquiera que lo logre.

Lo cual nos lleva a la segunda parte, cuyo objetivo es conservar el valor de la criptomoneda: el número total de bitcoins que se crearán se ha limitado estrictamente por adelantado para evitar cualquier posibilidad de que su valor se infle.

Pero hay un problema. La razón por la que los mineros de bitcoin están dispuestos a hacer el trabajo real de procesar transacciones es que piensan que los bitcoins con los que se les paga seguirán aumentando en valor. ¿Y qué los hace pensar eso? Bueno, el suministro finito ciertamente ayuda, pero en algún momento tiene que haber más demanda también. Eso significa que la gente debe empezar a usarlos.

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Sin embargo, ¿por qué alguien emplearía sus bitcoins cuando, como acabamos de decir, piensan que el precio solo va a subir? Nadie lo haría. Simplemente guardarían sus bitcoins como una inversión y utilizarían dólares para las compras diarias, lo cual, por supuesto, es más o menos lo que ha sucedido. De hecho, el número total de transacciones con bitcoins no ha aumentado en absoluto en los últimos dos años.

Así que la gente mina bitcoins porque piensan que la adopción convencional hará que el precio suba mucho más, pero el hecho de que suba tanto como lo hace, significa que la criptomoneda no será adoptada por nadie más que por los creyentes más fervientes. Está siendo acaparada. Esto, a su vez, crea un ciclo natural de auge y caída, amplificado por lo que algunos académicos ven como una manipulación repetida de los precios.

El resultado es que, desde finales del 2017, el euro superó enormemente al bitcoin, a pesar de que el banco central de Europa imprimió dinero todo el tiempo. También fue superado ampliamente por la lira turca, aunque el banco central de ese país se vio obligado por el régimen a mantener las tasas de interés inapropiadamente bajas. Únicamente superó modestamente al bolívar venezolano, a pesar de que el banco central de Venezuela fue irresponsable a un nivel histórico mundial que no veíamos desde Yugoslavia en la década de 1990 o en Zimbabwe a principios de 2000.

Ahora, perder un poco menos de valor que la moneda sin valor de un gobierno en bancarrota liderado por un cártel de drogas económicamente analfabeto —la clase dominante de Venezuela también se ha metido en el comercio de la cocaína—, no parece ser un gran logro. Justamente porque no lo es. Es algo que todos, incluso países como Turquía, que están pasando por crisis monetarias propias, lograron hacer. Y, como mínimo, bitcoin también.

Por lo tanto, quizás haya lugar para algún tipo de felicitación: el bitcoin es una mejor reserva de valor que la peor reserva de valor que existe.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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