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Internacional

En China los tatuajes son casi ilegales, pero también una pasión en la vida de muchos

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El tatuador Ma Chao, de 26 años, dejó la escuela cuando tenía 14 años, para aprender el oficio (Robyn Dixon / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Ma Chao hace una extraña pregunta a sus clientes: ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? A veces, con mucho tacto, los desestima, especialmente a las mujeres.

Para horror de sus padres -un trabajador automotriz y una auxiliar de limpieza de calles retirada, de la provincia de Jilin, en el noreste de China- Ma dejó la escuela a los 14 años, para estudiar con un maestro del tatuaje.

Los tatuajes fueron rechazados durante mucho tiempo en China, por ser percibidos como un vínculo con pandilleros, prisioneros y delincuentes. Incluso ahora, es raro ver tatuajes en la calle o en la vida pública.

“Mis padres no querían que me convirtiera en tatuador porque China es bastante conservadora y hay un estigma social. La gente lo asocia con la criminalidad. A ellos les preocupaba que fuera un asunto de gente malvada, temían que pudiera involucrarme en pandillas”.

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Pero, Ma insistió, en realidad era como aprender cualquier otra habilidad.

Ma, de 26 años, quien inició en esta actividad alrededor del 2006, logró fama en el oficio y gana hasta $12.500 al mes, una cantidad impensable para su padre, quien obtiene un salario de $740 mensuales por ensamblar asientos de automóviles.

Los tatuajes comenzaron a ganar popularidad en los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, con la afluencia de extranjeros. También internet ha ayudado a difundir imágenes de celebridades extranjeras tatuadas.

Ma obtuvo premios con sus tatuajes de cuerpo entero, que representan a intrépidos bandidos y héroes de la literatura china antigua, criaturas míticas como dragones y el ave fénix y símbolos de buen augurio como el pez koi.

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Ma Chao y su primo, Ma Quanquan, manejan el estudio de tatuajes Shi Fang, en Beijing (Robyn Dixon / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Pero él aún cree que verter tinta con bandidos y guerreros legendarios no es algo adecuado para el cuerpo femenino.

“Sólo lo hago si puede llevarse escondido. Les pido cuidadosamente que se vayan y lo piensen: ¿Afectará esto a tu familia o reaccionará negativamente tu empleador?”, les pregunta. Él y su socio, su primo Ma Quanquan, aconsejan a la mayoría de los clientes que eviten entintar partes del cuerpo que luego no podrán ocultar.

Desde afuera, el estudio de tatuajes Shi Feng, en el distrito de Xicheng, al oeste de Beijing, es un edificio gris, sin nombre a la vista, sin letreros, ni luz.

En el interior, parece una cueva de hombres tenuemente iluminada, con sus brillantes azulejos dorados y negros, muros negros mate, espejos relucientes, pósters con marcos dorados, máscaras demoníacas sonrientes, una cabeza de tigre que gruñe, un muñeco de Chucky y filas rectas de botellas de tintas de colores vibrantes, que caracterizan el arte del tatuaje chino.

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Ma Chao se inspira en criaturas míticas, como dragones y fénix (Ma Chao).

(Los Angeles Times)

Ma se inclina silenciosamente sobre su trabajo, introduciendo con cuidado la aguja en un frasco de tinta para tatuar escamas doradas en un pez koi perfilado en verde brillante.

Como hijo de trabajadores migrantes, no era elegible para ir a una preparatoria del gobierno en Beijing. Así, abandonó los estudios a los 14 años, sabiendo que sus padres no podían pagar las cuotas de las escuelas privadas en la capital. Cuando era niño, se distraía en todas las clases, menos en una: arte.

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Ahora él exuda un aura tranquila y tímida, y rara vez habla a sus clientes con la intención de convencerlos. También continúa demostrando respeto y dedicación sin límites a su “maestro” del tatuaje, quien le enseñó el oficio y a ser un ser humano decente. “Le servía té y vino a mi maestro cuando era necesario. Él me enseñó a servir té y vino para mis mayores. Fue mi maestro quien me enseñó mi filosofía social”.

También aprendió a animar a sus clientes a soportar el dolor, especialmente para los tatuajes de cuerpo completo, que, con una hora de trabajo al día, pueden tardar meses en completarse.

Los estudios de tatuajes comenzaron a multiplicarse silenciosamente en China, especialmente en las grandes ciudades, y la tinta corporal se afianza entre los raperos y artistas de las redes sociales, lo cual le da prestigio entre algunos jóvenes.

Aun así, el año pasado, el regulador de los medios de comunicación de China prohibió que las celebridades con tatuajes y otras representaciones de “subculturas” aparecieran en televisión. Una red de TV china eliminó la señal de Eurovisión de Albania debido a los tatuajes del cantante Eugent Bushpepa. En enero pasado, cuando el equipo nacional de fútbol compitió en la Copa Asiática, en Abu Dhabi, algunos jugadores debieron usar mangas largas para cubrirse los tatuajes, a pesar de las temperaturas sofocantes.

Incluso los miembros de las fuerzas armadas limitan sus tatuajes en brazos y piernas a aproximadamente el tamaño de una moneda de diez centavos. No obstante, eso es más de lo que permitió el Partido Comunista cuando llegó al poder, después de la Segunda Guerra Mundial.

En aquel entonces, los secuaces de Mao Tse-Tung prohibían los tatuajes. Eso significaba que los tatuadores debían trabajar de forma clandestina y sus clientes a menudo eran criminales. Gabe Shum, un destacado tatuador nacido en Malasia, que dirige la Convención de Tatuajes de Hong Kong y es dueño de los estudios Freedom Tattoo, en Beijing y Hong Kong, dice que incluso hoy en día la industria se encuentra en una zona gris: no es ilegal, pero tampoco está legalmente reconocida y siempre están bajo la sombra de la desaprobación del Partido Comunista.

“No hay permisos para montar para una tienda de tatuajes. Si el gobierno quiere poner fin a la actividad, puede hacerlo, podría cerrar todo mañana, esto todavía es una subcultura”.

Para este artista, los tatuadores chinos se inspiran en las técnicas de pincel fino de las pinturas chinas antiguas, mientras que los artistas japoneses imitan los grabados en madera conocidos como ukiyo-e, de los siglos XVIII y XIX.

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En Japón, los tatuajes también están estigmatizados y no se puede ingresar con el cuerpo tatuado en aguas termales, baños públicos, playas y algunos gimnasios.

Una profesora de Middlebury College, Carrie Wiebe, que imparte cursos en literatura china moderna, recurrió a textos antiguos para comprender los tatuajes chinos primitivos. Antiguamente se tatuaba a criminales, esclavos, concubinas, y algunos grupos étnicos se tatuaban para protegerse del mal. Tales tatuajes fueron estigmatizados “como impuros, anormales e incivilizados”, escribe en uno de los pocos artículos académicos sobre el tema. Los chinos étnicos consideraban a las culturas remotas que usaban tatuajes como “bárbaros”.

Los soldados que se tatuaban juramentos de lealtad lo hacían para mostrar coraje y eran descritos en la literatura premoderna como heroicos. Obras del siglo XVI mostraban a personajes con tatuajes decorativos, como dragones.

Como la mayoría de los tatuadores chinos y japoneses, Ma se inspira en las obras literarias clásicas de China, incluida la novela del siglo XVI “A la orilla del agua”, sobre una banda de héroes bandidos temerarios del siglo XII, cinco de los cuales tenían gran cantidad de tatuajes de dragones o flores.

La historia llegó a Japón en el siglo XVII y se hizo inmensamente popular. Los tatuajes chinos y japoneses a menudo representan las hazañas de estos expertos en artes marciales: intensos bebedores con mal genio; hombres que domestican caballos salvajes, saltan sobre ríos, matan a malhechores con cuchillos o aniquilan tigres con sus propias manos. Todos tienen poderes mágicos, ceños aterradores, ojos salvajes o cabezas de panteras.

Ma tatuó la espalda completa de un cliente, Peter Liu, con un dibujo de uno de los pandilleros de “A la orilla del agua”, con los ojos desorbitados y una daga en los dientes.

Tardó 80 horas en completar el trabajo, que ganó el primer lugar en la convención de tatuajes de Shanghai.

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Tatuador de Beijing, Ma Chao, se inspira en la literatura china antigua y los héroes proscritos para formar un rico tapiz de tatuajes de cuerpo entero (Robyn Dixon / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Liu, quien se hizo su primer tatuaje a los 15 años, recientemente regresó al estudio para hacerse otros más, en sus brazos y pecho. Al cuestionarlo sobre su amor por los tatuajes y la inspiración detrás del entintado, se mostró algo molesto; quizá fuera por el dolor. “Simplemente me gustan, se ven bien, es genial”, dijo, encogiendo los hombros. Pero dejó ver que su tatuaje en la espalda “no tiene un significado profundo. ¿Por qué me hacen esas preguntas tan estúpidas?”, dijo.

Ma no está de acuerdo; considera que los tatuajes chinos tradicionalmente tienen varios significados, tanto para el artista como para el cliente, y que estas se discuten con cuidado antes de que la primera aguja penetre en la piel. “Los tatuajes chinos tienen muchos elementos culturales diferentes. Cada uno de ellos cuenta más de una historia. No es como en Occidente: que si te gustan las motos, te haces un tatuaje de una moto”, expresó. “Me inspiro en la literatura antigua, pero agrego mi propia comprensión. Me encanta el proceso de lluvia de ideas y las ideas originales”.

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Ma Chao ganó el primer premio en la exposición de tatuajes de Shanghai, por esta figura de la literatura china antigua, Zhang Shun (Ma Chao).

(Los Angeles Times)

El diez por ciento de los clientes de Ma son extranjeros que buscan hacerse tatuajes de estilo chino.

En EE.UU, alrededor del 40% de las personas entre 18 y 25 años tienen al menos un tatuaje, según una investigación de Pew Research.

Ma no tiene tatuajes, porque su padre se lo prohibió. También presta atención al consejo de su padre, de ser cauteloso con los clientes que lucen sombríos. “Tengo experiencia con clientes de Taiwán o Japón que solían tener antecedentes de pandilleros”.

Justin Liu, de 33 años, visitó el salón recientemente para ver el proceso del tatuaje de su novia (estaba decidida a hacerse un diseño de un koi, al estilo chino). Liu, asistente de dirección en cine y televisión, se hizo su primer tatuaje sin autorización, en Nueva Zelanda, cuando tenía 16 años, y fue miembro de pandillas callejeras -principalmente en Taiwán- desde entonces hasta que cumplió los 21 años.

Él luce un enorme koi en su espalda, que simboliza la riqueza. “No te discriminan tanto aquí como en casa [en Taiwán]. Ahí, si tienes tatuajes tradicionales, difícilmente conseguirás un trabajo”, comentó, refiriéndose a los diseños que representan elementos chinos o figuras de la literatura. “Algunos tatuajes tradicionales, como dragones y peces koi o demonios, son estereotipados como de pandillas. Las personas se los hacen porque quieren que los demás sepan que son diferentes y no quieren que se metan con ellos”.

Liu reconoce que se inspiró en su padre, quien formó parte de pandillas en las décadas de 1970 y 1980 y tiene las cicatrices para demostrarlo. Ahora, aunque el hombre dejó atrás esos grupos, conserva su pasión por los tatuajes chinos.

Ma quiere llegar a ser tan famoso algún día, que los artistas de tatuajes de todo el mundo conozcan su nombre y su trabajo. “Es mi pasión. Nunca me canso de dibujar”.

¿Pero el Partido Comunista se enamorará alguna vez de la industria del tatuaje? “Creo que llegará el día en que será comúnmente aceptado”, dijo. “La gente verá un tatuaje como una obra de arte y una declaración de moda. Será normal y dejará de asociarse con criminales y cosas malas”.

 
Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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