Estas clínicas en México intentan frenar los abortos engañando a las mujeres

A woman's shadow on a wall
Elena Cauduro Pérez intentó terminar con su embarazo de forma legal en la Ciudad de México cuando, inadvertidamente, concertó una cita con el Centro de Ayuda Para la Mujer Latinoamericana, un grupo antiaborto que trabaja principalmente de incógnito.
(Yuriria Ávila / Para The Times)
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Los grupos antiabortistas atraen a las mujeres anunciando abortos. Una vez que captan la atención de una mujer, comienza la campaña de presión para continuar con el embarazo.

Elena Cauduro Pérez estaba terminando la preparatoria, en 2019, cuando se hizo una prueba de embarazo en casa y dio positivo.

Así, programó un aborto en un hospital de la Ciudad de México donde trabajaba la hermana de su novio. Pero el tráfico denso hizo que el viaje fuera más lento desde su casa, en el estado de Morelos, y finalmente perdió el turno para el procedimiento.

Masked women wait in line outside a door.
Las mujeres esperan en fila antes de la apertura de una clínica, a las 7 a.m.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

Buscando en línea una alternativa, Cauduro encontró una clínica que le ofreció un aborto por menos de $100. La mujer que abrió la puerta la acompañó a la parte trasera para realizarse un ultrasonido, que mostró que tenía cinco semanas de embarazo, luego le entregó un modelo de plástico de un feto y comenzó a explicarle la santidad de la vida.

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Cauduro había sido engañada.

La clínica era parte del Centro de Ayuda para la Mujer Latinoamericana, una organización sin fines de lucro cuyo objetivo principal es prevenir los abortos.

Conocida como CAM, la organización trabaja en gran medida de incógnito en un momento en que la legislación y los fallos judiciales están haciendo retroceder las restricciones al aborto en América Latina. En México, el mes pasado, una decisión de la Corte Suprema abrió un camino hacia la legalización a nivel nacional.

El grupo encuentra mujeres como Cauduro de dos formas. Sus voluntarios estacionan camionetas frente a las clínicas públicas legítimas de abortos, creando la impresión de que trabajan en conjunto, y les piden a las mujeres en la fila que entren para hacerse ecografías gratuitas. También administra clínicas que publicitan abortos pero no los proporcionan.

Una vez que los empleados captan la atención de una mujer, comienza la campaña de presión, según relatos de varias entrevistadas por The Times. “Pensé que era normal que intentaran convencerme de no abortar, pero la situación se volvió demasiado extrema”, relató Cauduro.

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Cuando se quedó sola para ver un video gráfico de un aborto, cerró los ojos. Pero el pánico se apoderó de ella cuando el narrador describió el procedimiento mientras que música dramática sonaba de fondo. Al mismo tiempo, la encargada trató de persuadir al novio de Cauduro, en la sala de espera, de que estaban cometiendo un grave error. Ella insistió en que quería interrumpir su embarazo, solo para que le dijeran que la clínica se había quedado sin píldoras abortivas.

CAM fue fundada en 1989 como un proyecto del grupo activista antiaborto mexicano Comité Nacional Pro-Vida.

El procedimiento era ilegal en todo México, excepto en casos particulares, como la violación. Muchos se realizaban de todos modos, a veces en condiciones peligrosas.

Pro-Vida instaló clínicas que ofrecían servicios obstétricos, como ultrasonidos gratuito, pero el objetivo principal era ponerse en contacto con mujeres que querían abortar, con la esperanza de hacerlas cambiar de opinión.

A CAM van is parked outside the México España clinic.
El personal de CAM realiza ecografías en camionetas estacionadas en el exterior de las clínicas, como esta, frente a la clínica México España. Luego intentan persuadir a las mujeres para que no se realicen un aborto.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

Las clínicas publicaban anuncios como "¿Está embarazada y necesita ayuda?”, según Salvador Frausto, coautor de un libro editado en 2008 sobre Jorge Serrano Limón, un católico acérrimo que fundó CAM cuando era el líder de Pro-Vida.

Frausto explicó que la organización creció drásticamente alrededor de 2002 con cientos de miles de dólares en fondos del gobierno federal luego de que los conservadores ganaran la presidencia y la legislatura. Grupos antiabortistas de Europa y Estados Unidos también contribuyeron.

Serrano Limón, a quien no se pudo contactar para hacer comentarios en este artículo, se vio obligado a renunciar como director de Pro-Vida en 2005, después de que no pudo dar cuenta de más de $2 millones en fondos públicos destinados a la construcción de clínicas. Más tarde afirmó en entrevistas que el dinero fue utilizado para apoyar a mujeres de bajos ingresos que habían decidido continuar con sus embarazos.

CAM redobló sus esfuerzos en 2007 después de que la Ciudad de México conmocionara al resto del país al legalizar el aborto en las primeras 12 semanas de embarazo.

El grupo lanzó un programa llamado Operación Rescate, en honor al grupo antiaborto homónimo de EE.UU, que envió voluntarios a los hospitales para atraer a las mujeres que concurrían para interrumpir sus embarazos.

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Mientras tanto, el movimiento por el derecho al aborto en el país siguió ganando terreno. Más de 230.000 se han realizado en clínicas públicas de la Ciudad de México desde 2007, y en los últimos dos años, los estados de Oaxaca, Veracruz e Hidalgo también legalizaron el procedimiento.

La reciente decisión de la Corte Suprema derogó una ley contra el aborto en el estado de Coahuila e indicó que era inconstitucional enjuiciar a cualquier persona por abortar antes de las 12 semanas, preparando el escenario para batallas legales que eventualmente podrían obligar a todos los estados a levantar sus prohibiciones.

Con sede en la Ciudad de México, CAM se describe a sí misma como una “red para defender vidas humanas desde la concepción hasta la muerte de acuerdo con la ley católica” y dice que “tiene como objetivo ayudar a la mujer embarazada que ha decidido abortar a elegir libremente aceptar su maternidad, proteger y preservar su dignidad”.

Los líderes del grupo generalmente se niegan a hablar con los reporteros y no respondieron a múltiples solicitudes de entrevistas por parte de The Times.

En su sitio web, la organización afirma tener 70 clínicas en México y 130 en el resto de América Latina y el Caribe. El sitio no proporciona los nombres ni las direcciones de las clínicas.

Graffiti in Mexico City shows a fetus in utero.
Grafiti frente a la clínica Duque Estrada, en la Ciudad de México.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

The Times identificó a cuatro de ellas en la Ciudad de México y a otras tres en los estados de México, Sonora y Guerrero. La clínica de Sonora tenía un pequeño letrero en la puerta que decía CAM, pero ninguna de las otras daba muestras de su afiliación.

La clínica a la que acudió Elena tenía un pequeño letrero rosa junto a la puerta principal que decía “ILE”, que significa ‘interrupción legal del embarazo’ y es la forma en que las clínicas en México se refieren al aborto.

CAM también tiene una presencia sigilosa en línea. The Times identificó seis sitios web y cuatro páginas de Facebook que parecen ser para diferentes clínicas en México, pero todas dirigen a las personas al mismo número de teléfono para programar citas, el mismo al que llamó Cauduro para programar su turno.

Con terminología que incluye “Interrupción del embarazo” y “Aborto seguro”, los sitios web anuncian “aborto legal y a salvo” y dicen que la decisión es “su elección”. “Su mejor alternativa si decide interrumpir su embarazo y vive en la Ciudad de México”, expone una página de Facebook. Otra (“Estoy embarazada pero no lo quiero”) anuncia “libertad de elección, soluciones, aborto seguro y aborto necesario”.

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Todavía estaba oscuro en una mañana reciente cuando varias mujeres se alinearon frente al Centro de Salud México España, una de las 14 clínicas y hospitales públicos que brindan servicios de aborto en la Ciudad de México, esperando que las puertas se abran, a las 7 a.m.

Estacionadas afuera había dos camionetas blancas adornadas con el logo “DeSíde” -una combinación de las palabras para “decidir” y “sí"- y una foto de una mujer sosteniendo una prueba de embarazo, un número gratuito y promesas de “terminación gratuita” de la gestación, “absoluta discreción”, “ecografía gratuita” y “ayuda inmediata”.

A CAM bus is parked in Mexico City.
Un autobús de CAM, estacionado junto a la clínica pública de abortos Beatriz Velasco, en la Ciudad de México.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

Los autobuses llegan todos los días de la semana a las 5 a.m. y permanecen unas tres horas.

Un hombre de mediana edad recorría la fila repartiendo volantes que decían que el aborto puede causar infertilidad y matar a una mujer embarazada. Aunque reconoció a un periodista que él y tres compañeros de trabajo pertenecían a CAM, se negó a ser entrevistado.

Una colega del hombre, que vestía una chamarra azul con el logo “DeSíde” y una etiqueta con su nombre, se acercaba a las mujeres apenas llegaban. Ana Cristino, de 26 años, había llegado al lugar en moto, con su novio. Más tarde reconoció que la mujer de la chamarra azul la había dejado con la impresión de que trabajaba para la clínica, y que pasar al autobús era parte del proceso de admisión.

Así fue como Cristino terminó dentro de uno de los autobuses, donde le hicieron una ecografía, le dijeron que estaba embarazada de gemelos y la obligaron a ver un video de un aborto. “Dios no le da mellizos a todo el mundo”, le dijo la mujer que le realizaba la ecografía. “Eres una elegida; voy a rezar por ti”.

Nada de eso fue suficiente para convencer a Cristino de que cambiara de opinión. Pero cuando dejó el autobús, la clínica de abortos había alcanzado su capacidad diaria y dejó de recibir más pacientes.

Ella regresó dos días después, se sometió al procedimiento y se enteró de que había estado embarazada de un solo feto, no de gemelos.

Las personas que trabajan en las clínicas públicas de aborto de la Ciudad de México están acostumbradas a la presencia de la CAM en el exterior de sus instalaciones.

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Masked people stand in line outside a hospital with their babies.
Las mujeres llevan a sus bebés al hospital para una revisión.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

En una entrevista a principios de este año, un portavoz del departamento de salud afirmó que no se puede obligar a los autobuses a retirarse porque están en propiedad pública y sugirió que CAM tiene poca influencia en la mayoría de las mujeres. “Están debidamente informadas dentro de la clínica y son libres de tomar cualquier decisión”, afirmó el vocero, Héctor Barragán, quien desde entonces dejó su trabajo.

La mayoría de las clínicas públicas de aborto colocan letreros que remarcan: “Los módulos fuera de esta institución no pertenecen al departamento de salud”. Pero CAM a menudo intercepta a las mujeres antes de que puedan ver tales carteles.

Al darse cuenta de que había sido engañada, Cauduro tomó su bolso y salió furiosa de la clínica CAM, todavía embarazada. Inmediatamente llamó al Centro Médico Mujer, una clínica privada de la Ciudad de México que había encontrado durante su búsqueda en línea, pero que había desestimado debido al precio: alrededor de $250 por el procedimiento.

Había un turno disponible esa misma tarde, le dijeron. En la sala de espera, todavía temblaba y lloraba mientras le explicaba a otra paciente lo que acababa de sucederle.

Portraits of Elena Cauduro sitting cross-legged at home and reflected in a mirror.
Elena Cauduro decidió hacer pública su historia luego de escuchar relatos de otras mujeres que habían pasado por una situación similar.
(Yuriria Ávila / Para The Times)

Esa paciente ingresó primero, luego esperó a Cauduro, solo para asegurarse de que estaba bien. El procedimiento tomó menos de 15 minutos.

Seis meses después, recibió una llamada de un número que no reconoció. Era la clínica CAM, queriendo saber si había continuado con su embarazo.

Cauduro, que esperaba olvidar la experiencia, despotricó por teléfono y prometió tomar medidas contra la clínica. Todavía recordaba el episodio un año después, cuando descubrió testimonios en línea de otras mujeres que habían estado en la misma clínica y tenido una experiencia similar.

Fue entonces cuando decidió contar públicamente la historia de su primer intento de abortar. El hilo de Twitter que creó fue compartido más de 40.000 veces. “Fue uno de los peores días de mi vida”, escribió. “Muchas mujeres están pasando por esto y quiero evitar que esto les suceda a otras”.

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Ávila es corresponsal especial.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.