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Opinión

EDITORIAL: Trump no tiene la respuesta a la violencia de los cárteles, pero tampoco la tiene el presidente de México

The burned-out shell of a car occupied by one of the Mormon families attacked Monday by suspected drug cartel members in Sonora, Mexico.
Nueve personas murieron en un ataque el pasado lunes por presuntos miembros de un cártel de drogas en Sonora, México. (AFP/Getty Images)
(AFP/Getty Images)

La respuesta del presidente Trump a la masacre de tres mujeres y seis niños en Sonora, México, a manos de presuntos delincuentes de cárteles de la droga fue demasiado típica. Se puso en contacto por Twitter y se ofreció a enviar tropas estadounidenses al otro lado de la frontera para arreglar las cosas.

“Si México necesita o pide ayuda para acabar con esos monstruos”, dijo Trump, “Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva. El gran nuevo presidente de México ha hecho de esto un gran problema, pero los cárteles se han vuelto tan grandes y poderosos que a veces se necesita un ejército para derrotar a otro ejército”.

Pero los ejércitos no parecen ser la respuesta. Con fondos estadounidenses y otro tipo de ayuda, el ejército mexicano luchó contra los violentos cárteles de la droga durante más de una década. A pesar de ello, México es ahora un lugar aún más peligroso y violento, un hecho que se ha puesto de manifiesto en el ataque más reciente. La tasa de homicidios del país alcanzó niveles récord este año.

Incluso dejando de lado el delicado tema de la soberanía mexicana, es difícil ver cómo las tropas estadounidenses pueden “rápida y eficientemente” poner fin a un problema que ha estado golpeando a México durante décadas.

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No, gracias, dijo el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador a la oferta de Trump.

“No creemos que, abriendo fuego, masacrando, usando la fuerza, resolveremos este problema”, dijo López Obrador a los periodistas.

El mortal ataque del lunes contra ciudadanos estadounidenses y mexicanos en el norte de México ha vuelto a llamar la atención sobre la historia de las comunidades mormonas fundamentalistas que se asentaron en el norte de México en el siglo XIX.

Los mexicanos eligieron a AMLO, como se conoce popularmente a López Obrador, en gran parte porque prometió reducir la alarmante tasa de homicidios de la nación y detener la violencia relacionada con las drogas empleando una respuesta diferente y más efectiva. Eliminaría la corrupción (en parte estableciendo un ejemplo no corrupto para que los funcionarios mexicanos lo siguieran). Legalizaría la marihuana y algunas otras drogas, debilitando la economía clandestina que sostiene a los cárteles, crearía una guardia nacional, ofrecería pagos de asistencia social para alejar a los jóvenes de los delincuentes y se abstendría de respuestas violentas contra el crimen.

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Puede que sea demasiado pronto para un veredicto sobre su actuación, dado que López Obrador ha estado en el cargo apenas unos meses. Pero hasta ahora, su enfoque no parece funcionar mejor que la opción de “fuerza, sangre y fuego”.

De este lado de la frontera, muchos funcionarios estadounidenses afirmaron que la condena del famoso líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, en un tribunal de Brooklyn, y su sentencia a cadena perpetua más 30 años, finalmente había roto el control de los cárteles sobre México. Guzmán había escapado previamente de las cárceles mexicanas, pero esta vez fue condenado en EE.UU y -quizá reflejando la insinuación de Trump de que EE.UU podrían tener éxito donde México no lo tenía- eso fue sin duda el objetivo de todo.

Pero las operaciones del cártel continuaron sin interrupción. López Obrador asumió grandes críticas luego del enfrentamiento entre su nueva Guardia Nacional y miembros del cártel que dejó siete muertos y obligó a los residentes de Culiacán a esconderse durante el tiroteo. El objetivo del operativo - el arresto del hijo de Guzmán, Ovidio Guzmán López, para su extradición a Estados Unidos - fue finalmente abandonado.

El último incidente fue especialmente grave. Las víctimas, miembros de una secta mormona fundamentalista que vive en México con doble ciudadanía estadounidense y mexicana, eran miembros de una caravana que viajaba entre Sonora y Chihuahua.

A pesar de que ya hay un arresto, sigue habiendo cierta confusión sobre qué cártel (u agresor) fue responsable del ataque, y si los agresores creían que el convoy era parte de una organización rival.

Pero el ataque demuestra que las violentas organizaciones no se han sentido muy impresionadas por la nueva política de López Obrador. Es totalmente posible que en su lugar se sientan empoderados, dado el precedente del fiasco en Culiacán. El gobierno indicó que había retrocedido para evitar la violencia. Los cárteles no recibieron tal señal.

Si la oferta de Trump hubiera sido un poco menos pomposa y más reflexiva, el presidente mexicano podría haber estado más inclinado a buscar la ayuda de Estados Unidos. Ningún enfoque mexicano para tratar con las organizaciones violentas puede tener éxito sin algún tipo de participación al norte de la frontera. Eso se debe en gran parte a que el mercado estadounidense de narcóticos ilegales es lo que mantiene a los traficantes en el negocio. También es porque la experiencia demuestra que la inteligencia, la pericia, las extradiciones y los procedimientos judiciales de Estados Unidos pueden ser respuestas eficaces a la violencia y al narcotráfico, incluso si por sí solos no pueden poner fin al problema.

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Mientras tanto, es posible que a López Obrador se le esté acabando el tiempo para demostrar a la población mexicana, cada vez más atribulada, que su propia receta para hacer frente a la violencia puede funcionar.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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