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Opinión

Opinión: ¿Apoyar a los ‘Dreamers’, es mucho pedir?

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Estudiantes y partidarios de DACA marchan en el centro de Los Ángeles, California, el 12 de noviembre de 2019 mientras la Corte Suprema de Estados Unidos escuchaba los argumentos para tomar una decisión con respecto al futuro de DACA.
(FREDERIC J. BROWN/AFP via Getty Images)

La Corte Suprema de Estados Unidos escucha los argumentos para tomar una decisión con respecto al futuro de DACA.

Hace unos días la Suprema Corte de Estados Unidos escuchó argumentos acerca de la “legalidad” del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que el presidente Barack Obama impulsó en 2012 para permitir que los llamados ‘Dreamers’ permanecieran en Estados Unidos de manera autorizada, el cual el Presidente Trump quiere desaparecer.

Los que saben de estos temas consideran que es altamente probable que la Suprema Corte le de la razón al presidente y que el programa muera.

Quizá no haya que insistir, pero siempre es bueno recordar que estos jóvenes fueron traídos por sus padres siendo menores de edad, en muchos casos bebés y que crecieron, estudiaron e hicieron amigos en Estados Unidos.

Se consideran estadounidenses de manera natural, vaya, ni siquiera se lo cuestionan y cuando se dieron cuenta de que estaban en falta, los primeros sorprendidos fueron ellos.

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DACA se creo mediante una orden ejecutiva justamente porque el congreso estadounidense no daba -y no da-, solución a estos jóvenes que como bien decía el presidente Obama, son americanos en todos los sentidos.

Del millón y medio que cumplían con los requisitos para ser DACA, 700 mil obtuvieron su ingreso al programa. La abrumadora mayoría, cerca del 80% mexicanos.

Al ser visibles aparecieron sus historias. Se supo entonces cómo muchos de ellos no recuerdan o no quieren recordar la experiencia del cruce indocumentado o la tristeza que los invadió al darse cuenta de que a pesar de que sus padres les pedían ser los mejores en la escuela, de nada sirvía porque no podrían ejercer en Estados Unidos, el país en el que se educaron y el único que conocen.

Sus padres se cuestionaron si haberlos traído a EE.UU para que tuvieran una mejor vida, más oportunidades, fue la mejor decisión. Por eso, para todos ellos, DACA es una especie de luz que se puede apagar.

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Con la sensibilidad local que tienen la mayoría de los cónsules mexicanos en Estados Unidos se les apoyó de diversas maneras, con asesorías para que aplicaran al programa y mediante el programa IME-Becas que hoy está en vías de extinción porque supuestamente, como todo lo anterior, se manejaba de manera corrupta. Afirmación falsa y carente de sustento.

Hoy sus historias son aún más dramáticas. A lo que ya habían vivido sume usted siete años más de edad para ellos, justo en el momento en el que se construye y define la vida.

Como DACA los autorizó, esos jóvenes concluyeron sus estudios, muchos se casaron, tuvieron hijos estadounidenses, compraron casa -que deben-, y se encuentran trabajando y definiendo su futuro profesional. Futuro que al desaparecer DACA, los llevaría a declararse en bancarrota y a perder lo que han construído a lo largo de su vida productiva.

Hay que hacer mucho más por ellos. Darle asesorías no va a resolver en mucho su situación. Decir que México los recibe con los brazos abiertos -algo que ya ocurría-, es agradecible, pero no es lo que quieren.

Lo que necesitan es que México, porque la mayoría son mexicanos, haga todo lo posible para que puedan permanecer en Estados Unidos de manera autorizada y perfectamente legal.

Para que eso ocurra bastaría por lo pronto que el Presidente Trump así lo quiera. Ni siquiera se necesitan recursos -como los que sí necesita su muro-, o detener su llegada, tarea que hace México con su Guardia Nacional, o la aprobación del congreso, con el que cada vez está más confrontado.

Basta que él, como el 70% de los estadounidenses, quiera que estos ‘Dreamers’ se queden en Estados Unidos a trabajar, estudiar y producir para su país.

El Tribunal Supremo definirá el futuro del programa que protege a jóvenes indocumentados...
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Si tan buena relación hay entre Donald Trump y AMLO, si tanto respeto se tienen, si tanto cooperamos desde México en la agenda de Trump, como él mismo reconoce, empezando por distraer a 25 mil agentes de la Guardia Nacional de las labores de seguridad a favor de los mexicanos para que persigan migrantes centroamericanos, si tanto cedimos en el T-MEC para que Donald Trump estuviera satisfecho, si a pesar de todo eso, no le hemos pedido nada, ¿no podemos solicitarle que permita que ese medio millón de jóvenes mexicanos, nacidos en México, permanezcan de manera autorizada en Estados Unidos? ¿Cuál es el argumento para no hacerlo?

Defender mexicanos ¿es mucho pedirle a AMLO? ¿Es esa una petición conservadora o neoliberal que debe ser rechazada?

Ni siquiera se puede decir que resulta una intromisión en la política estadounidense porque de cuando a acá defender a medio millón de mexicanos y sus familias es entrometerse en la política de otro país.

Además, ¿con qué cara se esgrimiría ese argumento cuando llamamos a elecciones en Bolivia?.

*Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute


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