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Opinión: 2020, un año preocupante para los migrantes

Migrantes caminan por la carretera 200 en ruta a Huixtla cerca de Tapachula, estado de Chiapas, México, sábado 12 de octubre de 2019. Todo indica que las condiciones de los migrantes serán aún peores que en el 2019.
(Isabel Mateos/AP)

En particular para la región de Norteamérica, 2020 pinta para ser aún peor

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2019 no fue un buen año para los migrantes en casi ninguna parte del mundo. En particular para la región de Norteamérica, 2020 pinta para ser aún peor.

En Estados Unidos habrá campaña y elecciones presidenciales, y en ambos procesos el tema migratorio tendrá un papel relevante, porque ha jugado y jugará como el chivo expiatorio, el responsable de lo que no funciona en ese país, de distractor de verdaderos problemas ya que es rentable presentar a los inmigrantes como factores de riesgo para la seguridad nacional, además de que todo esto hace evidente el sentimiento antiinmigrante que aún está presente en la sociedad estadounidense -y en la mexicana por cierto-, mucho más presente de lo que se cree.

A ese escenario casi permanente de cada elección presidencial en ese país, agregue usted el uso político electoral que sin duda hará del tema el actual presidente estadounidense.

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No sólo ya lo hizo en su primera campaña sino que ahora debe demostrar que siempre tuvo la razón, que si no tiene mayores resultados es porque los demócratas no lo dejaron, pero que el peligro que generan los inmigrantes ahí está, que el muro es hoy más necesario que nunca porque por la porosa frontera con México pueden entrar los enemigos de Estados Unidos -que él mismo se encargó de fabricar-, aún aquellos que vienen de regiones lejanas; dirá también que él ha construido el muro o las partes de muro que ha podido, a pesar de las restricciones.

Sin embargo, la realidad o los datos no importan porque en el fondo él sabe que gran parte de los votantes no quieren a los inmigrantes o, en el mejor de los casos, los ven como un costo para ellos.

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La sociedad estadounidense está muy lejos aún de aceptar los beneficios que éstos aportan y la juventud y supervivencia que inyectan a esa sociedad. Igualmente aquellos que no están en contra de los inmigrantes o que no son racistas, los ven como un costo.

Adicionalmente, quien será candidato republicano tiene que mostrar algunos resultados. En ese renglón, el gobierno mexicano le ha favorecido como nunca nadie lo había hecho. Donald Trump puede decir y aquí sí, demostrar con datos, que gracias a él, México se ha convertido en la policía migratoria de Estados Unidos, sin que a ellos les cueste un solo dólar.

Todos los costos económicos, políticos, sociales y hasta culturales de detener a los flujos migratorios los paga México, es decir los impuestos de los mexicanos.

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Puede presumir con toda razón que en este tema sus logros los envidian los europeos y que lo que no consiguieron ellos con el acuerdo de Shengen o con la enorme ayuda a países como Turquía o del norte de África, él lo obtuvo de manera gratuita con una publicación en Twitter.

Mejor aún, así les ahorra recursos a los estadounidenses. Muy poco importan las condiciones infrahumanas en las que viven en territorio mexicano los solicitantes de asilo a Estados Unidos o el maltrato y las violaciones de los derechos humanos que sufren los migrantes centroamericanos al intentar cruzar por México para llegar a EE.UU o que tengan que arrojarse en brazos del crimen organizado y huir así de la violencia en sus regiones de origen.

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En México, los migrantes sufrirán las consecuencias de esta subordinación a los mensajes de Twitter de Donald Trump. El gobierno mexicano se siente exitoso y está orgulloso de detener a los migrantes centroamericanos. Probablemente por eso AMLO dice que México es visto como el hermano mayor. Sí, sin duda, en una familia disfuncional, en donde el hermano mayor, con la complacencia de los padres, pega, prohíbe, humilla e infunde miedo a los hermanos menores.

Nada deja entrever que habrá un cambio en esa política de detener en México, a como dé lugar, a los migrantes centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos. Ya ni siquiera se esgrime aquel argumento de “combatir las causas”.

Los reportes de “éxito” son las gráficas que muestran los incrementos en las detenciones y deportaciones de los centroamericanos. No hay más.

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La responsabilidad histórica de este gobierno y de sus funcionarios y porristas en la distorsión del fenómeno durará décadas, incluido sobre todo aquél fugaz comisionado del Instituto Nacional de Migración que duró unos cuantos meses en el cargo y que prometió visas y protección para todos, provocando las caravanas y la reacción estadounidense para en menos de una semana pasar a visas y protección para nadie, para ningún migrante.

Sin duda será un mal año para los migrantes en la región.

Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute.

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