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Columna: El idiota junto a mí en el avión no quiso usar cubrebocas. He aquí por qué no hice nada

Masked and socially distant passengers in an airliner
Realmente no debería ser tan difícil seguir las reglas de uso de cubrebocas en un vuelo. ¿Por qué tanta gente se opone?
(Christopher Reynolds / Los Angeles Times)

El hombre sentado junto a mí en el avión no llevaba su cubrebocas.

Todos los demás, todas las personas que vi, seguían las reglas. Este tipo, sin embargo, era un estadounidense de mediana edad que volaba de regreso a Los Ángeles desde Frankfurt, Alemania. Su mascarilla sanitaria estaba alrededor de su cuello.

Lo ignoré la primera media hora más o menos, pero finalmente, nervioso por sentarme durante 12 horas completas junto a un hombre sin cubrebocas en medio de una pandemia, le pregunté si se lo pondría. Le juro que fui muy educado. Incluso apologético.

Me ignoró. Se lo pedí de nuevo, y finalmente me miró y me respondió enojado que, si quería que usara un cubrebocas, tendría que pedirle a la asistente de vuelo que se lo dijera. No iba a recibir órdenes mías, enfatizó.

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Así que me levanté y hablé con la sobrecargo, quien le indicó que debía mantenerlo puesto, cubriéndose la boca y la nariz, durante todo el vuelo. Pero tan pronto como se alejó, se lo bajó de nuevo, se burló de mí y, por el resto del vuelo, lo usó debajo de la nariz.

No le dije nada más durante las 11 horas restantes. De hecho, temía que se volviera violento si insistía.

Por lo que ahora entiendo, puede que haya sido una decisión acertada. La ira aérea está en su punto más alto.

Según la Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés), ha habido 4.626 quejas sobre pasajeros rebeldes presentadas en lo que va del año por tripulaciones de vuelo. De ellos, 3.366 estaban relacionados con los cubrebocas. Sarah Nelson, presidenta internacional de la Asociación de Auxiliares de Vuelo, comenta que a este ritmo habrá más incidentes en 2021 que en cualquier otro año en la historia de la aviación.

Además, los números cuentan solo una parte de la historia. El testimonio ante una audiencia reciente del Subcomité de Aviación de la Cámara de Representantes describió a los pasajeros mordiendo, pateando, golpeando, tirando basura y comida, así como gritando epítetos e insultos raciales. Un pasajero, enojado por el requisito de uso de cubrebocas, orinó en el piso de un baño; varios golpearon a otros pasajeros en la cara, según la FAA. En algunos casos, los pasajeros siguieron a los miembros de la tripulación a través del aeropuerto, burlándose de ellos o amenazándolos.

Un hombre en un vuelo de Nueva Jersey a California, solo uno de muchos ejemplos, recibió una multa de $42.000 en mayo después de negarse a usar cubrebocas, “hacer contacto físico no consensuado con otro pasajero”, arrojar una tarjeta de juego a una persona, haciendo gestos de apuñalar a los pasajeros e “inhalar lo que parecía ser cocaína de una bolsa de plástico”. Él “se puso cada vez más enardecido” y la tripulación “se equipó con esposas flexibles y mazos para hielo”. El avión se desvió a Minneapolis, donde fue recibido por la policía.

¡Solo otro día en el trabajo!

En una encuesta de julio, el 85% de los miembros de la tripulación de vuelo indicaron que habían tratado con pasajeros rebeldes durante 2021; el 58% señaló que lo había hecho cinco o más veces. Casi 1 de cada 5 había “experimentado altercados físicos”. Seis de cada 10 informaron que los pasajeros habían usado insultos racistas, sexistas u homofóbicos.

Como era de esperar, muchos de los incidentes involucran tanto la hostilidad hacia los mandatos de cubrebocas como el consumo excesivo de alcohol.

“He perdido la cuenta de las veces que me han insultado o amenazado en un vuelo simplemente por hacer mi trabajo”, comentó Teddy Andrews, asistente de vuelo de American Airlines, en su testimonio ante el subcomité. Describió un altercado en el que un hombre que se negó a usar una mascarilla sanitaria lo llamó con un insulto racista.

No hace falta mencionar que los eventos disruptivos que tienen lugar a miles de pies en el aire conllevan un riesgo especial para la seguridad.

La FAA declaró en enero una “política de cero tolerancia” para el comportamiento rebelde. Entre otras cosas, ya no ofrece a las personas avisos de advertencia o asesoramiento si se descubre que se han comportado de manera inapropiada. La agencia está facultada para imponer multas de hasta $37.000 por infracción. Este año ha impuesto más de $1 millón en multas.

Los pasajeros también pueden ser procesados penalmente.

Delta Air Lines sugirió recientemente que todas las aerolíneas deberían compartir sus “listas de vuelos prohibidos” de pasajeros rebeldes. Estas son personas a las que se les prohíbe volar en una sola aerolínea porque se han portado mal. En el pasado, eso no ha sido tan importante porque pueden trasladarse en otros operadores. Compartir las listas podría evitarlo, aunque plantea problemas de privacidad y antimonopolio.

Francamente, siento poca simpatía por las personas que no siguen las reglas de uso de cubrebocas. No se les debe permitir volar hasta que puedan cumplir con esto.

El tipo que estaba a mi lado no parecía estar borracho. No era más que un ser desagradable, borracho o sobrio.

Pero no quiero parecer demasiado mojigato. Yo también soy conocido por ser rebelde. Creo en el derecho a replicar, pacíficamente, a la autoridad. Incluso mientras vuela.

Una vez tuve un altercado en un vuelo después de cruzar, sin saberlo, de la clase turista a la clase ejecutiva para tirar una cáscara de plátano en el bote de basura de la cocina más cercano. Vaya, la asistente de vuelo estaba enojada. ¡Cómo me atrevo a entrar en el dominio de personas que habían pagado más por sus boletos que yo! Ella no fue educada y yo tampoco. Incluso me negué a decirle el número de mi asiento y me fui corriendo. Después de escuchar las experiencias de Teddy Andrews, intentaré ser más amable en el futuro.

Aun así, hay algo especialmente malo en un imbécil que desafía las leyes de salud y seguridad de la nación a centímetros de usted, durante horas, en medio de una pandemia que ha matado a más de 4.5 millones de personas. Eso es peor que tirar una cáscara de plátano en la cocina de los ricos, ¿no es así?

Si supiera el nombre de mi compañero de asiento, lo recomendaría de todo corazón para vetarlo de los vuelos en todo el mundo.

@Nick_Goldberg

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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