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Opinion: Cada vez menos niños leen por diversión. Se están perdiendo algo más que grandes historias

Niños miran libros en un festival del libro de San Diego
Niños miran libros en un festival del libro de San Diego en 2019.
(Howard Lipin / San Diego Union-Tribune)

Fue Harry Potter, o, en realidad, su amiga Hermione Granger, quien hizo que mi nieta de 6 años se entusiasmara por aprender a leer.

Ya estaba razonablemente interesada en la lectura antes de eso, aunque el aprendizaje a distancia durante la mayor parte de su año de jardín de infancia significa que ella y todos los demás alumnos de primer grado en su pequeña escuela charter en la costa central de California no están en los niveles de alfabetización previos a la pandemia para su edad. Luego, cuando mi hija empezó a leerle los libros de J.K. Rowling, mi nieta descubrió a la niña bruja y ahora está obsesionada con los libros.

Hermione frecuenta la biblioteca de Hogwarts y, solo por el placer de hacerlo, absorbe la información de sus libros. La mayoría de las veces, esa información le salva el día a ella y a sus amigos. Mi nieta quiere ser una heroica cerebrito como Hermione. Sabe que eso significa descifrar los códigos de la lectura.

A Guide to Storytime is Reading by 9’s annual bilingual reading guide for parents and educators.

Por supuesto, probablemente estaba destinada a convertirse en una amante de la lectura. Sus padres tienen ambos doctorados en literatura inglesa. Mi hija, quizá obtuvo gran parte de su amor por la lectura de mí. Yo lo heredé de mi padre, quien abandonó la escuela preparatoria para mantener a sus padres y hermanos durante la Gran Depresión, sin embargo, hizo viajes semanales a la biblioteca durante toda su vida para pedir prestados un montón de libros que devoraba. Dejando a un lado los antecedentes familiares, casi cualquier estudiante puede amar la lectura y comenzar su propia tradición familiar.

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Como madre que tuvo tres hijos en escuelas públicas, siempre me molestó que la escuela primaria tuviera un “club de lectura” voluntario en el que los alumnos recibían premios según la cantidad de lectura por placer que hicieran cada semana. El mensaje parece erróneo: Tenemos que sobornarlos para que lean por diversión.

Todo esto viene a colación ahora que una encuesta realizada por la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP, por sus siglas en inglés), la organización que elabora periódicamente el Boletín de Calificaciones de la Nación basado en los exámenes de los estudiantes, ha descubierto que el número de niños de 9 y 13 años que leen regularmente por placer ha descendido.

Test scores of 13-year-olds actually fell for the first time. The results show that the nation is not zeroing in on effective reforms for learning.

Los niños de primaria son más propensos a leer que sus homólogos de más edad, según la encuesta. Pero aun así, el número de niños de 9 años que dicen leer por placer casi todos los días se redujo de poco más de la mitad en 1984, al 42% durante el año escolar 2019-20. La tendencia entre los alumnos de secundaria es peor. La proporción que lee con frecuencia por diversión se redujo a más de la mitad, hasta el 17%, mientras que el porcentaje que rara vez o nunca lo hace se triplicó con creces.

(Los estudiantes de preparatoria no fueron encuestados porque la pandemia llegó antes de que NAEP llegara a encuestarlos, pero sus hábitos de lectura seguían el mismo patrón que los de secundaria en años anteriores).

Esto es preocupante por muchas razones. Los niños que leen por placer todos los días son los que obtienen mejores resultados en las evaluaciones de lectura, según la Asociación Estadounidense de Bibliotecas. El vínculo es especialmente fuerte cuando los niños hablan con otros sobre los libros que están leyendo.

Un estudio británico descubrió que la lectura por placer tenía beneficios mucho más amplios, que se traducían en una mejora del vocabulario, la ortografía y las habilidades matemáticas. Y la lectura por placer era más importante para esos éxitos que los antecedentes socioeconómicos de los alumnos. Según el grupo de defensa de la lectura sin fines de lucro Kids Read Now, los lectores también adquieren mayor empatía, capacidad de decisión y habilidades sociales.

Uno de los factores que contribuyen a esta desalentadora tendencia parece obvio: las redes sociales y otras actividades digitales consumen mucho tiempo, según la Asociación Estadounidense de Psicología.

In the 1970s, teens read three times as many books as they do today. A high school teacher laments the rise of the cellphone and the death of reading.

Pero algunos bibliotecarios y estudiantes señalan también otras razones: a medida que los alumnos avanzan en la escuela, aumenta la lectura obligatoria de libros de texto y la literatura asignada en clase. Puede que lean más, pero a menudo lo disfrutan menos. A esto hay que añadir el tiempo que exige un menú de actividades estructuradas cada vez más ocupado (al menos antes de la pandemia), como trabajos, deportes u otras actividades extraescolares. La carga de tareas también es más pesada en la escuela preparatoria que en los grados inferiores, superando con frecuencia el máximo recomendado de dos horas al día. Es fácil entender por qué leer una revista u otro libro no parece una buena forma de relajarse.

Entonces, si los niños están leyendo publicaciones en las redes sociales, ¿no es una forma moderna de leer por placer? Y si se dedican a los libros de texto, ¿no les está dando eso una exposición más que suficiente a la palabra escrita?

Obviamente, las investigaciones sobre los beneficios de la afición a la lectura demuestran lo contrario. Como amante de los libros y escritora, mi respuesta emocional es que los que no leen se pierden experiencias más importantes que las que pueden ofrecerles las redes sociales. El mundo de la palabra escrita, ya sea en una novela encuadernada en piel o en la versión digital de un periódico, es un lugar rico y maravilloso que hace que casi todo sea posible. Ampliamos nuestros horizontes cada vez que nos adentramos en mundos profundamente personales o imaginados que pueden cambiar nuestra visión de la vida, enseñarnos a cultivar nuestras propias verduras o, como Hermione, ofrecernos los secretos para salvar el mundo. Aprender cómo esos misteriosos garabatos negros en la página se traducen en palabras y frases es solo la primera parte de la lectura. La segunda parte, más importante, es aprender a amar lo que encontramos entre las portadas.

La dependencia de las redes sociales como medio de lectura en lugar de recursos más autorizados también está contribuyendo a alimentar las creencias entre algunas personas sobre los tópicos anticientíficos como que las vacunas causan autismo o que no hay evidencia de que las mascarillas ayuden a prevenir la propagación de COVID-19.

Leer por placer no es lo mismo que la lectura asignada porque los niños deben poder relajarse con el material de lectura de su elección, según Kids Read Now. Cuando era niño, mi hijo solía terminar su lectura para el colegio y luego suspiraba de placer diciendo: “Ahora puedo leer”.

Los padres desempeñan un papel fundamental, pero muchos no se dan cuenta de lo importante que es exponer a sus hijos a libros, revistas y similares. Una financiación sólida de las bibliotecas, dedicada específicamente a la divulgación, secciones de libros infantiles y actividades divertidas y gratuitas para las familias sería de gran ayuda. En lugar de informar a los padres sobre las rúbricas de calificación que se utilizan, la lectura por placer debería ser uno de los temas principales que se transmiten a los padres, en todos los niveles de enseñanza.

Dar a los alumnos de más edad mayores opciones en cuanto a lo que leen en clase ayudaría a fomentar también la lectura por placer, sin dejar de exigir que esos libros tengan cierto rigor. La clase podría elegir en grupo o los alumnos podrían escoger de un menú de opciones en lugar de que se les asigne un solo libro. Cuando les elegimos los libros a los niños, les privamos de la experiencia de darse cuenta de que hay un mundo más grande de libros que pueden explorar. Los profesores deberían tener en cuenta que los estudiantes negros son menos propensos a leer por placer; no debería sorprendernos que muchos de los libros asignados por la escuela, que hacen hincapié en los papeles de los blancos, no sean precisamente una atracción literaria para ellos.

Esto no es bajar el nivel académico escolar. Es la constatación de que la afición a la lectura durante toda la vida proporciona un placer satisfactorio para el alma y un beneficio extrínseco. Una de las mejores formas de aprendizaje que los padres y los maestros pueden impartir a los niños es el placer de sumergirse en el material de lectura, ya sea un poema sobre la naturaleza, un misterio de asesinato o un artículo sobre autos veloces.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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