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OPINIÓN: 4 de julio, el retrato de una nación

Francisco de Goya y Lucientes, Caprichos #59, ‘¿Y aún no se van?’ 1799.
Francisco de Goya y Lucientes, Caprichos #59, ‘¿Y aún no se van?’ 1799.
(photo © Museum Associates/LACMA)

“¿Y aún no se van?”, grabado de Goya, nunca tan apropiado. Un esquelético anciano -lo retrógrado encarnado- sostiene la lápida de un aplastante porvenir. En peligro, un hombre desnudo que aparece tendido bajo la losa. De testigo, una mujer, a lo beata ataviada, cruza los brazos y manos, ansiosa. Parece orar por el empeño del anciano de detener lo inevitable. A la derecha de la beata otra figura, rostro consternado, observa la magnitud del reto. Sobre el cuerpo desnudo se entrevé un perfil, alguien que parece vociferar, arengar a una multitud de personajes monstruosos que se congregan como testigos propicios al desmán. “¿Y aún no se van?” es el Capricho #59 de Francisco de Goya y Lucientes, parte de un grupo de 80, sátira a la nobleza, el clero y los pudientes.

La serie salió a la venta en el 1799 y se retiró a las dos semanas temiendo las consecuencias. El grabado alcanza nueva relevancia hoy, 4 de julio, ya que funciona como retrato de la nación norteamericana.

El texto en el Museo Nacional del Prado señala “La enorme losa que gravita sobre el aterrorizado conciliábulo no puede simbolizar otra cosa que el peso de la historia y del progreso humano que ha de sepultar la ignorancia, la superstición y el oscurantismo”.

La ultraderecha norteamericana, como el anciano en el grabado de Goya, se afana en frenar y dar marcha atrás al progreso inexorable. Desde el siglo XVIII, con la Ilustración, Francia y Estados Unidos vieron aparecer las primeras diez enmiendas a la Constitución y La déclaration des droits de l’homme et du citoyen. Comenzaba una toma de conciencia, la lucha por los derechos civiles que llevaría a la emancipación de los esclavos, otorgaría el voto a la mujer, a los afroamericanos, permitiría la enseñanza pública a todas las razas, el aborto y múltiples derechos, incluyendo el matrimonio, a la comunidad LGBT. El 4 de julio escribían: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados”.

La derecha americana

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Los gobiernos de Ronald Reagan y George H. W. Bush representaron una derecha enfocada en materia económica. Si bien Ronald Reagan echó a un lado la amenaza que representó el SIDA a la salud pública. George W. Bush engañó al pueblo norteamericano para enfrascarlo en una guerra innecesaria contra Irak usando como ardid la supuesta presencia en ese país de armamentos de destrucción masiva. El engaño trajo como consecuencia la muerte para 5.000 jóvenes soldados norteamericanos y dejó 32.000 heridos. La gestión George W. Bush trajo también como saldo una aguda recesión económica. El pueblo con memoria a corto plazo, nunca pidió ajuste de cuentas ni pruebas de las armas que provocaron tantas muertes y la desestabilización geopolítica.

El 20 de enero del 2009, una camarilla de legisladores Republicanos, ocultos en el Caucus Room, se reunió para maquinar estrategias ante lo que consideraban una vergüenza nacional: un negro ocupando la Casa Blanca. De ese cónclave y de la campaña que iniciara el futuro presidente Donald Trump, surgió un Barack Obama musulmán y extranjero. De ahí fue brotando el extremismo, el racismo y la xenofobia. Con la ayuda de Fox News, la reacción llevó a su líder a la Casa Blanca, vieron la luz grupos extremistas, un intento golpista y una mayoría de jueces conservadores en el Tribunal Supremo listos a cambiar el precedente judicial (stare decisis).

El aborto, la comunidad LGBT, la restricción del voto a las minorías y la libre adquisición de armas han estado en la mirilla de aquellos que se resisten el peso de la historia. La ultraderecha hace caso omiso al calentamiento global, los desafíos ecológicos, los problemas energéticos, la contaminación del ambiente y la infraestructura frente a la sobrepoblación. Estos temas se califican como “agenda liberal”.

El Partido Demócrata está aislado

Una minoría Republicana mira horrorizada estos disparates. Permanecen en silencio por temor a perder sus escaños en el Congreso o en las legislaturas estatales. Al mismo tiempo, el Partido Demócrata parece paralizado, en stasis. ¿Quién recuerda el nombre del director del Comité Nacional Demócrata? ¿Cuándo fue la última vez que salió al aire en los programas de debates nacionales? ¿Cuándo se comunican los Demócratas con el electorado salvo en intentos recaudatorios? ¿Cuándo, antes de las contiendas electorales pueden verse a las figuras políticas en las iglesias, centros comerciales, asilos de ancianos, escuelas, dando la mano a sus constituyentes? Por supuesto, visitan las casas de los acaudalados reuniendo dinero para comprar avisos televisivos.

Los Demócratas, si bien puedan albergar buenas intenciones, es un partido fragmentado que ha perdido el contacto humano. Desde Washington o capitales estatales, no consultan ni piden participación a su electorado para formular proyectos legislativos. Ignoran la voluntad o el conocimiento del público que les llevó al poder. Los políticos tienen cierta presencia en los medios sociales: un par de oraciones que hacen eco de las líneas sectarias, autorreferentes por supuesto, con fines electorales. Piden votos y dinero. Las plataformas y planes legislativos son simplemente dictámenes partidistas a veces redactadas por cabilderos. El ala progresista se siente aislada de los casi Republicanos como Joe Manchin y los camaleónicos oportunistas como Krysten Sinema.

Francisco Goya y Lucientes, Dibujo en lápiz rojo ‘¿Y aún no se van?’ del 1797. Obra de sumo interés para Gautier, Baudelaire y el movimiento Romántico francés. Con permiso y por cortesía del Museo Nacional del Prado, Madrid.

Dibujo preparatorio Capricho 59.
Dibujo preparatorio Capricho 59.
(Jose Baztan Lacasa)

Una nave geriátrica

Como en el dibujo preparatorio y luego el grabado de Goya, un conclave geriátrico, aislado y sin mucho rigor intelectual, lleva las riendas de la nación. El Congreso tiene la edad promedio más alta en dos décadas (59 años en la Casa de Representantes, 64 en el Senado). Los líderes de la reacción Donald Trump, 76 años, Mitch McConnell, poderoso líder del Senado, 80 años, Clarence Thomas abanderado de lo caduco en el Tribunal Supremo, 74 años. Con su visión arcaica sobre el aborto, la expresada por el Partido Republicano de Texas y Clarence Thomas sobre la comunidad LGBT y su lectura de la Segunda Enmienda en lo que se refiere a las armas de fuego vale preguntarles: “¿Y aún no se van?”. Levantan aún el peso de la lápida de lo inevitable.

El cristianismo protestante y la Conferencia de Obispos Americanos son como la beata en el grabado de Goya, orando por detener lo inexorable. Fox News, Trump y los miembros del Congreso como Jim Jordan, Marjorie Taylor Green (que ha visto rayos láser “judíos” sobre California) y el cubano-canadiense Rafael Eduardo “Ted” Cruz, quedan como el vociferante en el grabado. Las fórmulas políticas y retórica carecen de vitalidad e imaginación, quedan sepultadas como el hombre desnudo, mudo bajo la aplastante piedra en el Capricho goyesco.

El Partido Demócrata es una nave capitaneada por Nancy Pelosi de 82 años, Chuck Schumer de 71 y Joe Biden de 79. Sus contrincantes Republicanos tienen objetivos claros: ofuscar, obstaculizar, negarse a la negociación, sembrar la hostilidad y paranoia, simplificar con consignas la complejidad y, sobre todo, buscar protagonismo en los espacios mediáticos propagandísticos, los más populares en Estados Unidos. Garantizan de esa forma su permanencia. Nos recuerdan a los personajes con caras deformes que miran al desgarbado vejestorio en el grabado de Goya. En el manuscrito de la Biblioteca Nacional se describen como “encenagados”.

Efectivamente, el lodo que fija precariamente la lápida ciega al anciano, la beata y los otros personajes. Ciega a los “Make America Great Again”, partidarios de Trump y su “Gran Mentira”. Les hace ciegos a las decisiones de más de sesenta tribunales, del ex Fiscal General, de reconteos en varios estados, las revelaciones que a diario se hacen públicas por el Comité 6 de enero, la prensa y algunos fiscales estatales. Un público que no lee, depende del cotilleo en los medios sociales y la propaganda permanece en las garras del fanatismo.

Todavía no se van

Es así que hoy, 4 de julio, cuando Estados Unidos celebra la adopción de su Declaración de Independencia, muchos estudiantes universitarios desconocen su historia y los principios que animaron a los fundadores de su país. Hoy 4 de julio, la Ilustración que impulsó los derechos ciudadanos sufre un revés. Hoy el país vive un desgaste político que utiliza el populismo. Veintitrés años tras el 4 de julio del 1776, un español, Francisco Goya y Lucientes publicaba un grabado “¿Y aún no se van?”. Retrataba la nación norteamericana 200 años en el futuro. Vive hoy el absurdo y oscurantismo. Dentro del lodo, en vano tratan de levantar el peso inexorable de la historia que se les viene encima.

*Justo J. Sánchez, se ha desempeñado como periodista en Nueva York. Sánchez ha impartido clases en universidades en Estados Unidos e Italia.


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