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El extraño espectáculo de Trump sobre el coronavirus

President Trump calls on a reporter during a coronavirus task force briefing at the White House.
El presidente Trump responde preguntas durante una reunión informativa del grupo de trabajo sobre el coronavirus en la Casa Blanca el viernes.
(Associated Press)

Trump desafía la credibilidad en sus sesiones informativas diarias sobre el coronavirus, ofreciendo autopromoción y deseos.

El presidente Trump finalmente se está tomando en serio el contagio del coronavirus.

Hace sólo una semana, Trump les dijo a los estadounidenses que la pandemia no era motivo de preocupación. “Relájense”, manifestó. “Estamos muy bien”.

Pero después de que las proyecciones de víctimas se dispararon y los mercados financieros se desplomaron, pareció darse cuenta de que la crisis definirá su presidencia y determinará si gana un segundo mandato.

Incapaz de organizar manifestaciones masivas, su forma favorita de comunicarse con su base, Trump comenzó a realizar sesiones informativas televisadas a diario con un tema unificador: Su presidente en tiempos de guerra está en acción.

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Lamentablemente, gran parte de lo que dice equivale a la autopromoción y las ilusiones.

El lunes, dio a conocer un nuevo conjunto de pautas, “15 días para frenar la propagación”, con la intención de minimizar la interacción social.

El martes, instó al Congreso a aprobar un paquete de estímulo económico de $1 billón.

El miércoles, dirigió los barcos -hospital de la Marina a Nueva York y California, y manifestó que podría invocar la Defense Production Act, una ley que le permite ordenar a las compañías que produzcan el equipo necesario.

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El jueves, declaró que la Administración de Alimentos y Medicamentos había aprobado dos medicinas contra la malaria para usarse en combatir el coronavirus. “Podría ser un cambio de juego”, manifestó.

El viernes, declaró que estaba cerrando la frontera de Estados Unidos con México a la mayoría del tráfico.

El sábado, informó que la industria privada se ha intensificado para producir mascarillas quirúrgicas y ventiladores, y culpó a las administraciones anteriores por cualquier escasez que exista.

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Todo eso, además de su afirmación previa de que Google estaba implementando un sitio web para dar indicaciones a los ansiosos estadounidenses hasta los sitios de pruebas de coronavirus en los estacionamientos de Walmart.

Por desgracia, la mayoría de esos pronunciamientos fueron lo que las compañías tecnológicas llaman “vaporware”: promesas de productos que aún no existen.

Las correcciones se apilaron rápidamente. El sitio web de Google (en realidad construido por Verily, un primo de Google) está disponible sólo para residentes de dos condados del norte de California. El Congreso todavía está discutiendo el estímulo; el cheque no ha sido enviado aún.

Los barcos-hospital están siendo reparados y no navegarán por al menos dos semanas. Trump no ha utilizado la Defense Production Act para ordenar algún equipo. Las mascarillas recién fabricadas no estarán disponibles durante semanas.

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Y la FDA no ha aprobado ningún medicamento contra el COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus. Se trata simplemente de recopilar datos de forma acelerada para ver si funcionan.

Si el objetivo del presidente era tranquilizar a los estadounidenses, su forma de vender esto no fue suficiente.

El índice Standard & Poor’s 500 cayó más del 4% el viernes, cerrando la peor semana desde la caída del mercado de valores de 2008. Wall Street ahora ha borrado todas las ganancias acumuladas durante la Administración Trump.

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Eso dejó al presidente recurrir a una táctica familiar: intimidar a los periodistas por su cobertura.

Cuando un corresponsal de televisión le pidió al mandatario su mensaje a los estadounidenses que están asustados, Trump espetó: “Digo que eres un periodista terrible... Es un mal mensaje el que estás difundiendo”.

Para un político convencional, esa habría sido una cuestión de suavizar el asunto. Cuando se le planteó al vicepresidente Mike Pence, se dirigió hacia las tribunas: “Yo diría: ‘No tengas miedo. Hay que estar atentos’”.

Aún más extraño, hubo algunas buenas noticias en las sesiones informativas, entregadas por funcionarios menos detonantes como Pence y el Dr. Anthony Fauci de los Institutos Nacionales de Salud.

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A pesar de muchos problemas, el ritmo de las pruebas de coronavirus está aumentando. Pence informó el sábado que se han administrado más de 195.000 exámenes, un fuerte incremento de las estimaciones anteriores.

Trump reprendió a los gobernadores por esperar que su administración proporcione suministros que salvan vidas, diciendo: “No somos empleados de envíos”. Pero el gobierno federal ha intensificado la entrega de suministros médicos, aunque muchos hospitales aún enfrentan escasez de equipo crítico.

Como señaló Trump, algunas compañías han comenzado a modificar las líneas de producción para producir mascarillas para trabajadores médicos y ventiladores para pacientes, aunque no está claro cuánto tiempo llevará eso. Docenas de laboratorios están buscando un medicamento terapéutico o una cura, aunque las vacunas tardarán al menos un año.

“No nos han dado el crédito que merecemos”, se quejó el presidente el viernes. Puede que tenga razón, pero si es así, es en parte responsable.

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Ha prometido demasiado y no ha cumplido, como un promotor de bienes raíces que vende condominios, no un líder que está fortaleciendo a su gente para los tiempos difíciles que se avecinan. Una descripción más seria de la situación, una que reconozca cuándo las cosas van mal, sería más convincente.

“Los presidentes contemporáneos son especialmente propensos a confundir, a invertir la realidad”, escribió Elaine Kamarck, una académica de Brookings Institution y ex asistente de Bill Clinton. “Cuando las personas están en problemas, incluso los que odian al gobierno hacen esa famosa pregunta: '¿Dónde está el gobierno?’. Y para la mayoría de los estadounidenses, el presidente es el gobierno”.

Si el mandatario y sus ayudantes pueden manejar la crisis con éxito: ralentizar la propagación del virus, llevar el equipo médico a donde se necesita, ayudar a la golpeada economía, se merece el crédito que busca. En este momento, está exigiendo elogios por el trabajo que no ha hecho.

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De acuerdo a sus sesiones informativas, todos los que necesitan una prueba ya pueden obtenerla, los hospitales pueden solicitar mascarillas quirúrgicas por teléfono, una vacuna estará lista “en tiempo récord” y la economía volverá a elevarse “como un cohete”.

Espero que tenga razón y que todas esas cosas buenas se hagan realidad. Si lo hacen, le daré el crédito que se merece.

Hasta entonces, voy a escuchar al Dr. Fauci y minimizar el contacto con los demás. Y de la misma manera, espero, lo hagan ustedes.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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