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California

COLUMNA: Los cambios son paulatinos en la vida de un adicto

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Nadie se explica el cambio tan repentino que tuvo el joven a los 14 años de edad, cuando su actitud hacia todo se alteró.
(Getty)

Enrique es hijo del Valle Imperial; su abuela y sus tías se hicieron cargo de él, cuando su madre encontró trabajo en Los Ángeles. Tal vez por la falta de una figura paterna, o por la ausencia de su madre, pero tomó las decisiones equivocadas desde muy joven.

Su abuela y sus tías lo recuerdan como un niño alegre, pero introvertido; en la escuela no fue diferente, con pocos amigos, vivía en un ambiente protegido por un amoroso grupo de mujeres, que con el afán de educarlo “bien” le daban miles de recomendaciones y consejos.

La buprenorfina me ayuda a recuperarme de la adicción a la heroína. Millones de personas más no tienen acceso a este tratamiento que salva vidas.

Por esa razón, nadie se explica el cambio tan repentino que tuvo a los 14 años de edad. Su actitud hacia todo se alteró, la escuela dejó de importarle, pasaba horas pegado a la pantalla, salía sin decir a dónde iba y no se le podía hablar, porque se ofendía o se enojaba.

Lo que se dice es que empezó consumiendo alcohol a los 16 años; cierto día, una persona conocida le dio pastillas para vender. Una cosa lo llevó a otra y, a los 18 años, la situación se hizo insostenible. Sus tías resolvieron enviarlo con su madre.

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Ese traslado sólo fue un cambio de escenario. A las dos semanas de haber llegado a L.A., ya había localizado a sus futuros amigos y volvió a las andadas. Fue entonces, a sus 19 años, que conoció a María Eugenia y empezó a trabajar en una fábrica; al verse con dinero, su consumo aumentó.

La pareja convivió durante 8 años, pero la relación naufragó al morir su primer y único hijo. Después de la separación, la rutina de Enrique era un cóctel de tabaco, alcohol, cristal y heroína; sobrevive de trabajos eventuales y con la ayuda de su madre. A veces pasa la noche con algún conocido o en su viejo auto, que hace las veces de picadero y vivienda.

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Enrique aún no ha tocado fondo, todavía no siente la soledad que desgarra el corazón, vive ignorando a quienes lo quieren. Sus amigos son otros cuerpos sin alma que viven de dosis en dosis, sobrellevando un día a la vez, en el lado obscuro de la vida.

¿Qué pasó? ¿cómo y dónde se extravió Enrique? Hay tantas interrogantes que sólo él puede responder; sin embargo, está muy lejos aún de las respuestas.

Escríbame, recuerde que su testimonio puede ayudar a otros. Mi email es: cadepbc@gmail.com


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