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California

COLUMNA: Cuando el servicio hacia los demás manda

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A veces hay que dejar de pensar en nosotros mismos como el centro del universo y pensar mejor en el bienestar de las personas que nos rodean.
(Christina House/For the Times)

Víctor, de 46 años, se declara feliz y libre de adicciones. Su ánimo es contagioso y tiene tantas cosas por compartir que parece un torbellino de ideas.

“Soy hijo de madre co-dependiente y padre adicto al alcohol y drogas, y como buen hijo imité a mi padre en todo”, relató.

Su chispa y sentido del humor salpican nuestra plática. Habla sin conmiseración de su pasado, se le hace un nudo en la garganta cuando cuenta sobre el abandono de su esposa, el enojo de sus hijas y el llanto que ha derramado al darse cuenta del daño que ha causado.

En una mañana de martes, unas dos docenas de personas se reunieron alrededor de una larga mesa en el viejo edificio de ladrillos que alberga la Jacobsen Salt Co. en Portland, Oregón.

“A pesar de tener 8 años limpio, hasta hace poco mis hijas no me hablaban. Me dolía en el alma, pero no podía culparlas”, reconoció.

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“Ellas conocieron un padre con todas las adicciones; desde droga y alcohol, hasta comida, sexo y juego; por todo eso he pasado y gracias a mi programa de 12 pasos, puedo decir que soy otro hombre, digno y feliz”, abundó Víctor.

Nuestro amigo especula y dice nunca haberse sentido amado por sus progenitores. “Mis padres me querían ‘de a huevo’, no me amaban. Toda mi infancia y mi adolescencia me sentí de más en mi casa, sin caricias ni abrazos, sólo golpes y gritos”, rememoró.

La buprenorfina me ayuda a recuperarme de la adicción a la heroína. Millones de personas más no tienen acceso a este tratamiento que salva vidas.

Víctor hace un alto, toma aire y prosigue. “Actualmente no tengo pareja, estoy esperando una mujer que trabaje en sí misma, si está bonita ¡qué bien!, pero no busco belleza física, sino belleza espiritual. Sé que esa mujer existe, sólo tengo que encontrarla”, dijo entre risas.

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Aunque parezca una broma, este hombre habla en serio. Después de narrar aventuras y desventuras comparte unas palabras muy sabias. “En mi experiencia he encontrado que servir a otros es la mejor forma de encontrar la recuperación”, aseveró.

Y concluye: “Dejar de pensar en nosotros mismos como el centro del universo y pensar en los otros es lo más maravilloso. Es verdad, dar es mejor que recibir, por eso yo paso el mensaje a quien me quiera escuchar. Algunos no están preparados, pero otros han encontrado un camino hacia la recuperación, con eso me doy por bien servido”.

Al despedirnos de Víctor, nos quedó un dulce sabor de boca, porque comprobamos una vez más, que sí hay un camino a una vida digna y feliz.

Escríbame, recuerde que su testimonio puede ayudar a otros. Mi email es: cadepbc@gmail.com

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1.800.622.4672


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