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Pintor guatemalteco traza líneas y colores con un mensaje de justicia social

Enrique Espinoza posa junto a la última obra de arte que terminó el jueves anterior.
Enrique Espinoza posa junto a la última obra de arte que terminó el jueves anterior, en honor a la soldado asesinada en Texas, Vanessa Guillén.
(Soudi Jiménez/Los Angeles Times en Español)

La habitación está tapizada de pinturas, en su mayoría en blanco y negro. Las obras de arte muestran rostros de niñas y mujeres que han sido minuciosamente dibujadas por el guatemalteco Enrique Espinoza, quien utiliza los trazos de sus pinceles para darle voz a temas de justicia social.

En la pared del fondo de su estudio, ubicado en el sur de Los Ángeles, colocó el jueves su última obra de arte. Se trata de la pintura de Vanessa Guillén, la soldado que fue asesinada en Texas. El artista trabajó la pieza durante seis días y ahora quiere que llegue a manos de Gloria Guillén, madre de la joven militar.

“Para mí sería un honor que ella se quede con la obra”, dijo Espinoza.

“Antes de este reportaje ya había hablado con personas mexicanas para hacérsela llegar (a la madre); mi mayor satisfacción es que la tenga en un lugar especial, una obra que he hecho con el corazón y cariño, en honor a Vanessa Guillén”, indicó el pintor.

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Poco después de pintar esa obra, Los Angeles Times en Español visitó el estudio de Espinoza, en donde tiene al menos 18 piezas en proceso, entre ellas la de un quetzal que le hace falta una rama para terminarla y también de la de dos niños con la que quiere abordar el tema del racismo.

“Antes de lo [George] Floyd ya la tenía así”, dice en referencia a la pieza que tiene empezada desde enero, en donde expone a un niño de color y a otro blanco abrazados, pero que todavía le falta dibujar los rostros.

Los casos de Guillén y Floyd han tocado fibras sensibles en Estados Unidos, pero para Espinoza identificarse con problemas de nuestra sociedad no es algo nuevo.

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Este pintor nació en el municipio de Asunción Mita, en el oriente de Guatemala.
(Soudi Jiménez/Los Angeles Times en Español)

El interés por la pintura surgió en su natal Guatemala. Este artista nació en una aldea del oriental departamento de Jutiapa. A la edad de 10 años, hizo sus primeros pininos trazando figuras de animales.

“Dibujaba a lápiz”, indicó, detallando que por la condición de pobreza en que vivía, no podía comprar acuarelas ni pinceles. Al mismo tiempo, no encontró apoyo en su familia al considerar que la carrera de pintor no tenía futuro. Eso lo llevó a dedicar diez años de su vida a la agricultura.

Al rememorar esa faceta de su vida, se dirige a una pintura que tiene en una pared de su estudio, en la que está un grupo de niños cortando pepinos.

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“Lo hice desde los siete años”, confesó.

Entre los 7 y 17 años de edad, su trabajo era cortar tomates, chiles, cebollas, sandías y pepinos. Esta labor la alternaba con sus estudios. En la mañana iba a la escuela y en las tardes a los campos agrícolas de Asunción Mita, el municipio en donde vivía.

“La mayoría de mis obras son niños trabajando”, señaló.

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Su experiencia laboral de niño ahora está conectada a su trabajo artístico. De acuerdo a Espinoza, el 90% de sus pinturas muestran el trabajo infantil. Al dar una mirada en sus pinturas, también se encuentra la presencia de la cultura indígena y el tema de la mujer con mayor relevancia.

“Mi infancia no considero que haya sido cruel conmigo, pero tengo un corazón justo y no me gusta ver sufrir a los niños”, apuntó, destacando que por eso utiliza el arte para exponer las condiciones en que viven y que a veces se convierte en explotación infantil.

A la fecha, no ha cuantificado la cifra de obras que ha pintado, pero piensa que ya lleva probablemente un centenar, casi todas las ha hecho en Los Ángeles.

Las obras de arte de Enrique Espinoza destacan el trabajo infantil, la cultura indígena y las mujeres.
(Soudi Jiménez/Los Angeles Times en Español)
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Antes de dejar su país, en el 2004, asegura que en medio del ajetreo diario había abandonado el arte, apenas cuenta con una pieza, hecha aproximadamente en el 2000, que todavía llega consigo después de mandarla a traer a su tierra.

El parteaguas ocurrió en el 2011. Espinoza recuerda que después de hacerle el diseño de un tatuaje a un amigo regresó a lo que le apasiona.

“Tu eres un gran artista, estás en el trabajo equivocado”, rememora la frase que le dijo un estadounidense luego de ver el diseño.

“Esas palabras me hicieron reflexionar, porque había renunciado a mi sueño, que era convertirme en un pintor de arte”, aseguró, detallando que para sobrevivir se había visto obligado a trabajar en construcción y jardinería.

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Al moverse a California, en el 2012, empezó a buscar materiales para pintar.

“Nunca estudié arte ni dibujo, me eduqué solo”, reveló Espinoza, asegurando que ahora lo buscan para pintar rostros y también hay organizaciones que lo contratan para hacer series; en este momento, está trabajando 12 pinturas que se utilizarán en una exhibición en San Francisco.

En la actualidad, divide su tiempo entre sus obras de arte, la tapicería y la instalación de pinturas.

Su horario favorito para pintar es en las noches, a veces llega a las 2 de la madrugada con sus pinceles, dándole forma a figuras que plasma en papel.

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La última pintura, la de Vanessa Guillén, la comenzó el pasado 4 de julio, el mismo día que murió la mamá de Espinoza, en el 2018. A su criterio, la obra en blanco y negro de la soldado es su forma de rendirle homenaje a la joven, al mismo tiempo que hace resonar su petición de justicia.

“Esta obra surge con un sentimiento encontrado y de impotencia”, reconoció.

“Nosotros los artistas no hablamos tanto con la boca, sino que con nuestras manos”, concluyó Espinoza, mostrando esa obra en la que imprimió su talento para llevarle aliento a la madre de la joven militar.


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