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Por qué la tercera ola de coronavirus podría ser la más difícil para California

Mario Tejada carries his son Mario Tejada Jr., 3, on his shoulders at Los Angeles International Airport on Tuesday.
Mario Tejada camina junto con su hijo, Mario Tejada Jr., de tres años, por el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, el martes.
(Francine Orr / Los Angeles Times)

Frente a una tercera ola de COVID-19 justo cuando entramos en la temporada navideña, sería lógico que los californianos se planteen algunas dudas existenciales.

¿Por qué este virus parece apuntarnos una vez más? ¿Por qué nos cuesta controlarlo? ¿En qué nos equivocamos?

La respuesta simple es: realmente sabemos cómo combatir el virus; solo que nos cansamos de hacerlo.

Esta tercera ola de coronavirus es particularmente preocupante porque “nunca volvimos a bajar” a un número de referencia bajo de casos, señaló la Dra. Sara Cody, funcionaria de salud del condado de Santa Clara y creadora clave en el país de la primera orden regional de aislamiento en el hogar.

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Peor aún, este aumento ocurre durante la temporada tradicional de resfriados y gripe, agravado porque las personas tienden a permanecer en espacios interiores, donde es más fácil transmitir gérmenes. “También nos enfrentamos a este incremento en la víspera de lo que tradicionalmente ha sido la jornada de viajes más activa del año, el día antes de Acción de Gracias”, precisó Cody.

Además, California no podrá contar con la ayuda de otras partes del país. “Todos están experimentando un aumento repentino al mismo tiempo”, reflexionó la doctora.

Quedan muchas incógnitas. En general, las muertes por COVID-19 han disminuido desde la primavera a medida que las infecciones afectaron a un grupo demográfico más joven y saludable y los hospitales mejoraron en los tratamientos. Algunos lugares de trabajo e instituciones, como los hogares de ancianos, desarrollaron mejores medidas de protección. Pero todavía hay temor de que los hospitales se llenen en las próximas semanas si California no puede comenzar de nuevo a aplanar la curva.

También hay una dimensión psicológica en la tercera ola, que es particularmente devastadora. Muchos esperaban un alivio del aislamiento, la incertidumbre y el daño económico del coronavirus a estas alturas; la oportunidad de volver a conectarse con familiares y amigos, hacer algunas compras navideñas en persona y sentir que se avecinan tiempos mejores. La noticia del éxito de las vacunas es un impulso. Pero muchos ingresan a la temporada navideña tan ansiosos como siempre.

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Incluso en San Francisco, que tuvo un número relativamente bajo de muertes por COVID-19, “estamos viendo una explosión de nuevos casos en toda la ciudad”, expuso el Dr. Grant Colfax, director de salud pública.

“Esta tasa de aumento es más alta que nunca”, agregó el doctor, y advirtió que es posible que la ciudad se quede sin camas de hospital y capacidad en las unidades de cuidados intensivos. “Las elecciones que […] hagamos en las próximas dos semanas determinarán el resto de esta temporada de fiestas”, añadió Colfax, quien instó a las personas a cancelar los planes de viaje y quedarse en casa durante el Día de Acción de Gracias. “Tenemos la capacidad de elegir si rechazamos el tercer pico o si somos víctimas de ese incremento, como lamentablemente estamos viendo en otras partes del país”.

California fue una vez un brillante ejemplo de cómo un estado puede organizarse para evitar que esta pandemia se convierta en una catástrofe total. Como los funcionarios actuaron relativamente temprano para imponer el decreto de quedarse en casa, los hospitales en todo el Estado Dorado nunca se sintieron tan abrumados como los de Nueva York, que sufrieron un número desgarrador de muertos, el doble del de California.

Sin embargo, las órdenes de quedarse en el hogar devastaron la economía y eso generó presión para reabrir por parte de aquellos que estaban desesperados por salvar sus negocios de la ruina.

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Las actitudes también cambiaron a medida que avanzó la pandemia. California muestra cómo la apatía colectiva, la falta de disciplina y el anhelo de “volver a la normalidad” rápidamente también pueden resultar en una nueva temporada letal.

La flexibilización de las reglas sobre restaurantes y bares y un estallido de actividad social en las últimas semanas de la primavera y las primeras semanas del verano resultaron en la temporada más mortífera de la pandemia en California, saboteando los esfuerzos para reabrir las escuelas a tiempo para el otoño.

Ahora, existe el temor de que el estado vuelva a tomar el mismo camino, a medida que el atractivo de las reuniones del Día de Acción de Gracias, Navidad y otras celebraciones de invierno es irresistible para algunos.

La fatiga masiva e incluso el resentimiento por el coronavirus están provocando que algunos realicen cenas sin mascarillas y planifiquen fiestas de fin de año.

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La tentación de las reuniones sociales es fuerte: el gobernador Gavin Newsom se disculpó recientemente por asistir a una cena de cumpleaños para un amigo en un restaurante exclusivo de Napa Valley.

Y los funcionarios de salud instan a las personas a que no crean que pueden usar las pruebas como pase libre para organizar fiestas sin necesidad de cubiertas faciales o distanciamiento social. Hacerlo sería cometer el mismo error de la administración Trump cuando su estrategia de pruebas no impidió que el presidente Trump se infectara y desató una gran propagación en una ceremonia en el Jardín de las Rosas, donde se anunció a su nominada a la Corte Suprema.

A menos que se cancelen o reduzcan drásticamente, las reuniones sociales tradicionales que se llevan a cabo en medio de la peor pandemia del mundo en un siglo derivarán en una temporada de angustia, hospitales abrumados y morgues colmadas a medida que se acerca la Navidad.

Los funcionarios de salud están siguiendo este patrón en todo California, y es por esa razón que temen lo que podría afectar al estado si no se hace nada para cambiar esta trayectoria.

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En todo el estado, la aceleración actual de casos es la más rápida registrada. Los episodios en la primera semana de noviembre aumentaron en un 51%, el alza más rápida de California hasta ahora, que anteriormente había sido un salto del 39% en la última semana de primavera, precisó el gobernador Gavin Newsom el lunes. Es “simplemente sin precedentes en la historia de la pandemia de California”, remarcó.

A fines de la primavera, según creen los científicos, la rápida reapertura de negocios que comenzó en mayo y las noticias sobre cómo California había manejado la pandemia mejor que la costa este parecieron indicar a las personas que, después de dos meses de seguir una estricta estadía en casa, estaba bien relajarse.

Pero las fiestas de cumpleaños y las celebraciones pronto se convirtieron en eventos de gran transmisión. Apareció la noticia de un camionero que, después de meses de aislamiento diligente, finalmente fue a una barbacoa. Más de 10 invitados a la reunión terminaron infectados y el conductor del camión, Tommy Macías, de 51 años, murió el segundo día del verano.

También se supo, más tarde en el verano, de una pareja que viajó de California a Maine para casarse en la pequeña ciudad de Millinocket. Solo hubo 55 asistentes a la recepción de la boda, pero durante las semanas siguientes, 176 personas se infectarían, incluido el padre de un invitado que estuvo en la boda, quien también trabajaba en un centro de cuidados a largo plazo. Más de la mitad de los residentes de la instalación se infectaron y seis de ellos finalmente fallecieron de COVID-19.

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En el condado de Los Ángeles, Bárbara Ferrer, directora de salud pública, ha seguido meticulosamente los momentos clave que precedieron a las oleadas de infecciones por coronavirus. En retrospectiva, ahora está claro que el segundo incremento de casos en el Condado comenzó a detectarse el 28 de mayo, tres jornadas después del Día de los Caídos, lo cual llevó a un pico en los casos diarios de coronavirus que alcanzaría su punto máximo el 14 de julio.

Pero el aumento en las hospitalizaciones comenzó el 18 de junio y alcanzaría su punto máximo el 20 de julio. El alza en las muertes se inició el 30 de junio y finalmente alcanzó su punto máximo el 27 de julio; tomaría hasta principios de octubre que los decesos bajaran a un punto mínimo.

Una línea de tiempo similar con el aumento actual en el condado de Los Ángeles posiblemente se traduciría en un incremento en las muertes a partir de principios de diciembre y empeoraría de Navidad y Año Nuevo hasta principios de enero.

El cronograma es similar al pronosticado por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington. Los científicos del instituto pronosticaron que las muertes diarias comenzarían a aumentar a principios de diciembre en California. Los decesos diarios por COVID-19 ya han crecido en todo el país durante aproximadamente un mes, y el instituto prevé que el ritmo empeorará hasta mediados de enero.

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El aumento de los viajes recientemente puede ser una razón por la cual los funcionarios notaron un alza repentina en los casos de coronavirus en los primeros días de noviembre, comentó Cody; los residentes de Silicon Valley viajaron a áreas con más infecciones, se contagiaron sin saberlo y llevaron el virus a casa.

Además, “vemos que la transmisión se acelera de un lado a otro tanto dentro de los hogares como en entornos privados, y luego en los sitios de trabajo”, agregó la doctora. “Necesitamos redoblar nuestros esfuerzos en todos los frentes”.

Parte de eso implica profundizar la educación pública y enfatizar que las personas pueden tener el virus y ser altamente contagiosas sin sentirse nunca enfermas, lo cual resulta en cadenas silenciosas de transmisión viral que derivan en un incidente de súper propagación, añadió Cody.

De hecho, la idea de que podríamos estar enfrentando varias olas de la pandemia se había pronosticado poco después de que ésta comenzara.

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En un modelo informático desarrollado por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan, de Harvard, y que circuló en marzo, los científicos sospecharon que un esfuerzo único de distanciamiento social en la primavera nunca sería suficiente.

Pronosticaron una situación en la que necesitaríamos largos períodos de distanciamiento social, quizá con lapsos ocasionales de relajación, para evitar que el sistema hospitalario se vea abrumado en cualquier momento. Sugirieron un escenario plausible según el cual las medidas de distanciamiento social solo podrían flexibilizarse a principios o mediados de 2021, y la epidemia concluiría a mediados de 2022.

Los expertos ahora dicen que es probable que la disponibilidad generalizada de vacunas prometedoras contra el coronavirus no ocurrirá hasta mediados de 2021.

Las redactoras de planta de The Times Karen Kaplan y Stephanie Lai contribuyeron con este artículo.

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Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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