“Vienen más jóvenes y más enfermos”: la guerra de un hospital con el coronavirus

Medical equipment in an intensive care unit
Equipo médico en una unidad de cuidados intensivos en Arrowhead Regional Medical Center en Colton, California.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)
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Mientras el Dr. Louis Tran caminaba por el hospital de campaña en las afueras del Centro Médico Regional Arrowhead en Colton, pasó junto a víctimas cansadas por el aumento de COVID-19 sin un pico aún a la vista. Jóvenes y mayores, dormían en catres mientras recibían oxígeno a través de tubos nasales.

Uno de los hospitales más grandes del condado de San Bernardino, una instalación de 456 camas se quedó sin espacio en la unidad de cuidados intensivos hace dos semanas en medio de una avalancha de casos de coronavirus en el sur de California.

Masked healthcare workers in a makeshift emergency room under a tent
El Dr. Louis Tran, a la izquierda, habla con la enfermera Emily Diaz en una sala de emergencias improvisada debajo de una carpa en el Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

A estas alturas, los efectos del aumento repentino en los hospitales se han vuelto familiares: Ambulancias esperando hasta seis horas para descargar a los pacientes. Personas que padecen otras dolencias, incluida una con insuficiencia renal, reciben tratamiento fuera del hospital durante más de dos horas antes de que se abriera una cama. El personal médico piensa en qué otras áreas del hospital, incluidas las salas de conferencias, se pueden utilizar para tratar a los enfermos.

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Sin embargo, dijo Tran, cree que lo peor está por venir.

“Sabíamos que se avecinaba [otra] ola en invierno”, dijo Tran. “Pero no esperaba tener tantas personas enfermas que requirieran atención en la UCI como las que hemos estado teniendo”.

Los hospitales de todo el sur de California se han visto muy afectados por el reciente aumento de COVID-19. Muchos de ellos están operando a máxima capacidad y se encuentran preocupados por un incremento aún mayor después de las reuniones de Navidad y Año Nuevo. La sensación de que el alza, una más grande y pesada, aún no se ha presentado, es omnipresente entre los trabajadores de la salud.

A nurse in a mask looks into the glass window of a hospital room
La enfermera a cargo de la UCI Elizabeth Koelliker trabaja en una unidad de cuidados intensivos llena predominantemente de pacientes con COVID-19 en el Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

“Tenemos poco personal porque no hay suficientes enfermeras para atender a todos estos pacientes”, dijo Vanessa Heaton, de 34 años, enfermera a cargo. “Simplemente no sé, si empeora, cómo vamos a poder manejarlo”.

“Esperamos que se ralentice en algún momento, pero tenemos un poco de miedo después de Navidad”, agregó.

A Heaton le preocupa que si el hospital se llena demasiado con pacientes con COVID-19, será más difícil atender a las personas que tienen otras emergencias, incluidas las víctimas de delitos.

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“La gente aún sigue saliendo, todavía les disparan o apuñalan, y nuestro hospital tiene que lidiar con todo eso además del COVID”, manifestó.

Si alguna vez una región fue susceptible de tener un mal desempeño durante una pandemia, esa es Inland Empire, con una pobreza desenfrenada y altas tasas de personas con el tipo de problemas de salud subyacentes que acecha el COVID-19. Y en el condado de San Bernardino que se ha resistido más a los mandatos estatales que L.A., con funcionarios que chocan con el gobernador Gavin Newsom por la última orden de quedarse en casa.

Durante semanas, los casos de coronavirus en esta región estaban creciendo más rápido que en la mayoría de los condados del estado, según un rastreador de Los Angeles Times.

Two health workers in gowns, masks and face shields stand on either side of a patient bed
El personal médico atiende a un paciente en Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

Aunque la tasa de infección se ha desacelerado un poco en el condado de San Bernardino, todavía figura como uno de los 10 condados más afectados por el reciente aumento de COVID-19.

Durante los últimos siete días, hubo aproximadamente 744.4 casos por cada 100.000 residentes en el condado de San Bernardino.

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La situación es mucho peor en el condado de Riverside, donde en los últimos siete días hubo 941.7 casos por cada 100.000 habitantes.

Un análisis del Times de las tasas de casos de coronavirus en las comunidades para las que hay datos disponibles encontró que, de las 50 principales, aproximadamente la mitad estaban en Inland Empire, incluidos Riverside, San Bernardino, Perris, Moreno Valley, Jurupa Valley, Bloomington, Barstow, Colton, Rialto, Victorville, Fontana, Highland, Adelanto y Hesperia.

Kareem Góngora, miembro de la junta del Centro de Acción Comunitaria y Justicia Ambiental, no se sorprendió.

“Esas son todas comunidades minoritarias”, expuso. “Son predominantemente latinos, negros y de bajos ingresos”.

Dijo que muchas personas ahí trabajan en almacenes y viven en hogares multigeneracionales en condiciones de hacinamiento. La región alberga una industria logística en auge que ha creado decenas de miles de puestos de trabajo en el almacén.

A healthcare worker points to an IV bag as she speaks to another staffer in a hospital hallway
Dos miembros del personal conversan en Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)
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Pero esa misma industria también ha ayudado a aumentar la contaminación del aire, lo que ha llevado a un alza en las tasas de asma, expuso Góngora.

“Llamamos a esta región la zona muerta del diésel porque su mayor exposición a partículas empeora la enfermedad de Alzheimer, las enfermedades cardíacas y muchos otros padecimientos”, explicó.

En Arrowhead Regional Medical Center, a pocos pasos de la carpa médica, los hombres estaban dando los toques finales a los remolques que agregarán alrededor de una docena de salas de tratamiento para pacientes con COVID-19. Se añadirán doce habitaciones más en los próximos días, informaron las autoridades.

Ravneet Mann, director clínico de Arrowhead, dijo que han estado tratando de planear para el peor escenario. Expuso que han colocado catres en las salas de conferencias en caso de que se les acabe el espacio nuevamente.

“Si la situación empeora aún con nuestra planificación, entonces usaremos la cafetería”, dijo. “Podemos usar el vestíbulo también”.

Un paciente es tratado en Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)
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En el segundo piso, una unidad de cuidados intensivos quirúrgicos se convirtió en una unidad COVID-19 durante el verano. Al menos 32 pacientes yacían en camas; la mayoría de los hombres y mujeres fueron intubados.

Mann dijo que si la situación se vuelve más crítica, es posible que las enfermeras deban considerar aceptar más pacientes. Normalmente, la proporción es una enfermera por cada dos pacientes. Los funcionarios del hospital dicen que la escasez de personal los ha llevado a alterar esas proporciones en ocasiones.

Pero se requiere mucho trabajo para cuidar incluso a un paciente con COVID-19 que ha sido intubado. Las enfermeras no solo deben controlar las bombas intravenosas, sino que a veces también tienen que voltear a los pacientes boca abajo porque les ayuda a respirar más fácilmente. Se necesitan unas seis enfermeras para voltear a un paciente.

Arrowhead Regional Medical Center
Arrowhead Regional Medical Center, como muchos otros hospitales, está luchando con el aumento de pacientes con COVID-19.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

A la vuelta de la esquina, un hombre de 41 años yacía intubado. Llegó el 12 de diciembre y cuatro días después su estado empeoró. Recientemente fue sometido a diálisis después de que sus riñones comenzaron a fallar, otra complicación provocada por la enfermedad.

“Esa es la edad promedio que está llegando”, dijo Mann. “Vienen más jóvenes y más enfermos”.

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En promedio, los pacientes sufren un paro respiratorio y cardíaco al menos cuatro veces al día. El personal médico ha salvado a personas de morir durante esas emergencias médicas.

Pero todos los días, al menos dos personas mueren de COVID-19 aquí.

“Eso es lo más difícil”, dijo Mann. “Nos convertimos en enfermeras para asegurarnos de que los pacientes mejoren. Ver una muerte todos los días es muy deprimente”.

El personal del hospital ha mostrado resistencia durante el último aumento repentino, que se ha convertido en el más letal desde que comenzó la pandemia.

Hasta ahora, más de 26.000 personas han fallecido por COVID-19 en California. Es la tercera causa principal de muerte en el estado.

Durante los momentos de relativa calma, las enfermeras comparten consejos sobre el cuidado de los pacientes. Discuten la programación de turnos. Hay conversaciones y risas al azar. Y siempre se elogia la atención excepcional que brindan a los pacientes.

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An ICU nurse at Arrowhead Regional Medical Center
Una enfermera se prepara para revisar a un paciente con COVID-19 en el Arrowhead Regional Medical Center.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

“Aquí hay algunas enfermeras increíbles”, dijo Mann.

En la UCI médica en el cuarto piso, Elizabeth Koelliker, de 36 años, la enfermera a cargo, corrió de un paciente a otro, revisando las bombas intravenosas.

“Hay demasiados pacientes y no suficientes enfermeras y estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo”, dijo. “Crees que la semana pasada fue mala, luego vienes esta semana y es peor”.

Koelliker llegó a las 7 a.m. y no había podido tomar un descanso durante más de seis horas porque no estaba nadie que ocupara su lugar.

El estado envió a 24 enfermeras de la UCI al hospital. Aunque los trabajadores dicen que ayuda, todavía no es suficiente.

En los últimos días, dijo Koelliker, algunas enfermeras han tenido que pasar algunas horas extra solo para ayudar a relevar a otras enfermeras para el almuerzo.

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“No podríamos hacer lo que estamos haciendo sin el trabajo en equipo que tenemos aquí”, manifestó.

Se espera que llegue más ayuda pronto, ya que 75 médicos, enfermeras y otro personal médico de la Fuerza Aérea y del Ejército se han desplegado en hospitales de California, incluido el Centro Médico Regional Arrowhead, según funcionarios del Ejército. Mann dijo que el hospital contará con 14 enfermeras, cuatro médicos y dos terapeutas respiratorios.

Era casi el mediodía cuando una enfermera se puso un casco de presión negativa y una bata de plástico amarillo sobre su bata blanca antes de abrir la puerta de vidrio para caminar hacia adentro.

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