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Columna De adictos y adicciones: Una historia de enfermedad y recuperación

el Cementerio Calvary, Nueva York.
En esta foto de archivo del 10 de mayo de 2020, Sharon Rivera acomoda las flores en la tumba de su hija Victoria, muerta a los 21 años de una sobredosis de drogas, en el Cementerio Calvary, Nueva York. Un informe de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades dice que las muertes de sobredosis en 2020 alcanzaron la cifra récord de 93.000.
(ASSOCIATED PRESS)
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Mario y Edith, han vivido juntos durante veinticinco años, se casaron enamorados, sin experiencia y sin malicia, los primeros años fueron una luna de miel, pero la rutina y los horarios de trabajo, los fueron distanciando, Mario salía muy tarde de trabajar y Edith entraba muy temprano.

Las drogas entraron a su hogar de la mano de un amigo en común. “Al principio fue como inyectarle adrenalina a la relación, estábamos más activos y los encuentros sexuales fueron más apasionados. Nos duró un año la euforia, después caímos de nuevo en la rutina”.

Para Edith, las drogas y el alcohol se terminaron cuando quedó embarazada, sin embargo, Mario siguió consumiendo, digamos que era un adicto funcional, salía a trabajar todos los días, aunque su rendimiento era muy variado, por no decir, mediocre; el consumo cotidiano le empezó a pasar factura: cada vez gastaba más, mentía más y consumía más, los problemas familiares y laborales eran bombas de tiempo, siempre a punto de estallar.

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Edith dejó las drogas y se dedicó a mantener a flote la familia, además de mentir para cubrir las apariencias, aunque en su hogar vivía un infierno, “Era como tener dos hijos, uno iba creciendo y el otro era un adulto adicto al que había que vigilar y rescatar”.

Fueron diez años de mentiras y promesas, la pareja estuvo separada en un par de ocasiones y la relación se volvió muy tóxica, los amantes de otros tiempos se perdieron el respeto y las peleas iban subiendo de tono, en más de una ocasión se fueron a los golpes, Edith quería descargar su coraje y frustración agrediendo física y verbalmente, por su parte, Mario, a veces andaba tan drogado que no le ponía atención y otras tantas respondía de igual manera.

Estimado lector, querida lectora, como tal vez usted sepa, toda adicción está considerada como un trastorno de la personalidad, la adicción a las drogas, por ejemplo, desarrolla en la mayoría de los casos, una dependencia física a la sustancia, además de un trastorno conocido como: trastorno obsesivo compulsivo.

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Como suele ocurrir en estos casos, Edith culpaba a Mario de todas sus desgracias, estaba convencida de que si su esposo dejaba de consumir su vida sería diferente, aunque en realidad lo que quería era que Mario cumpliera todas sus expectativas y carencias. “Aquello era una locura, quería que se fuera y cuando no estaba salía a buscarlo, me tranquilizaba cuando lo encontraba y me llenaba de cólera, quería que se fuera y al mismo tiempo quería que se quedara; Mario era adicto a las drogas y yo era adicta a él”.

Mientras tanto, en la escuela de su hijo empezaron a notar algo raro, el niño que había presentado tan buen comportamiento durante los primeros años, se convirtió en un adolescente rebelde y problemático. Las alarmas estaban encendidas y ya no era posible seguir ocultando la verdad.

La ayuda llegó del lugar más inesperado, “Una consejera escolar me sugirió asistir a un grupo de Nar Anon, para familiares de adictos, al principio me resistía, mi ego no me permitía pedir ayuda, pero estaba tan cansada y desesperada que acudí a mi primera reunión esperando que me dieran la respuesta o la receta para que Mario dejara de consumir. Encontré respuestas, sí, a preguntas que jamás me había hecho, y descubrí que Mario estaba tan enfermo como yo, yo que me sentía tan perfecta”.

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La primera gran lección para Edith fue entender que el programa de doce pasos no era para su esposo, era para ella, que se había convertido en una madre-esposa, jugando un juego perverso de policías y ladrones, Edith siempre al acecho de pistas y Mario haciendo el papel de escapista.

El programa de doce pasos abrió en Edith una caja de pandora, la enfrentó a sus miedos y defectos de carácter, pero al mismo tiempo le dio las herramientas para resolver sus conflictos.

La recuperación de Mario no se dio en los tiempos de Edith, ocurrió cuando se vio sin trabajo, sin familia y sin un lugar donde pasar la noche. Para ambos aquella separación fue la más dolorosa, porque Edith estaba decidida, reconocía que Mario era el amor de su vida, pero aceptaba que ella no lo podía cambiar.

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Una estancia de un año en la cárcel, más un programa de un año en un centro de rehabilitación, le ayudaron a Mario a encontrar la salida, también para él fueron tiempos muy difíciles, “No es fácil hacernos cargo de nuestros actos y consecuencias”.

Actualmente Mario y Edith son miembros activos de Nar Anon y AA, también son un ejemplo vivo de que sí hay solución, solo que se debe empezar a caminar por la senda de la recuperación. Sí es posible una vida sin drogas.

Tal vez a usted le parezca un cuento de hadas, pero le aseguro que esta pareja ha trabajado muy duro en sí mismos. Los problemas no se han ido, pero ahora tienen las herramientas para resolverlos juntos. Por lo menos en este caso, el amor triunfó.

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Mi agradecimiento por compartir su historia y mi admiración por su valor para cambiar.

Escríbame, su testimonio puede ayudar a otros. Todos los nombres han sido cambiados.

cadepbc@gmail.com


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