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70.000 californianos han muerto por COVID-19

An art installation commemorates Americans who died from COVID-19.
Elizabeth Cooper contempla “In America: Remember”, una instalación de arte público cerca del Monumento a Washington en Washington, D.C., el 20 de septiembre.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

El COVID-19 ha matado a 70.000 californianos, lo que ilustra las consecuencias aún mortales de la pandemia incluso cuando su última ola retrocede.

Si bien ese número total de fallecimientos es el más alto del país, otros estados grandes han visto tasas de mortalidad agrupadas durante el curso de la pandemia que superan con creces la de California. El índice acumulado de mortalidad por la pandemia en la entidad (178.5 decesos por cada 100.000 habitantes) es el 35 más alto. En comparación, otras tasas son de 284.4 en Nueva York, 278.2 en Florida, 240.5 en Texas y 235 en Pensilvania, según datos compilados por el Times.

Sin embargo, la magnitud de la pérdida de California es asombrosa, equivalente a vaciar toda una ciudad de tamaño mediano como Palo Alto, San Clemente, Camarillo o Lynwood.

“Es desgarrador saber que todavía tenemos tantas muertes prematuras y, en gran medida, evitables cada semana como resultado del COVID”, indicó la directora de salud pública del condado de Los Ángeles, Barbara Ferrer, durante una rueda de prensa reciente.

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Desde el 20 de junio, el comienzo del verano, el coronavirus ha matado a aproximadamente 7.000 californianos. Hasta el jueves, el número total de fallecidos en el estado era de 70.010.

Aunque el número de nuevos contagios y hospitalizaciones por COVID-19 en toda la entidad ha estado disminuyendo constantemente durante semanas, el recuento diario de muertes se ha mantenido alto.

Durante la última semana en California, un promedio de 97 personas murió a causa de la enfermedad de manera diaria, según muestran los datos del Times. Eso es aproximadamente un 9% menos que hace dos semanas, a pesar de que el número de casos nuevos que se registran día tras día se ha reducido en casi un 30% durante ese mismo período.

El promedio estatal es similar al número diario de muertes por COVID-19 después del aumento repentino del verano del año pasado, mucho antes de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles, pero durante un tiempo en que los funcionarios cerraron o limitaron severamente las operaciones comerciales y restringieron el acceso a otros espacios públicos con la esperanza de frenar la transmisión.

La nación también se enfrenta a una cepa del coronavirus, la variante Delta, que es mucho más contagiosa que cualquiera que circuló el año pasado.

Aunque California tiene el beneficio de una gran cantidad de vacunas, las tasas de inoculación son aún más bajas de las necesarias para lograr la inmunidad colectiva, un umbral lo suficientemente alto como para interrumpir la transmisión generalizada del virus.

“Se podrían haber evitado más muertes y transmisión de COVID si hubiéramos sido un poco más cautelosos. Hasta que no vacunemos a más de nuestros jóvenes, realmente debemos tomar precauciones, incluso si nuestras tasas de casos son bajas”, señaló la Dra. Regina Chinsio-Kwong, suboficial de salud del condado de Orange.

A medida que disminuya el número de infecciones, la cantidad de fallecimientos también se reducirá con el tiempo.

Durante el apogeo de la ola de la variante Delta, California reportó casi 15.000 nuevos casos de coronavirus por día. De manera más reciente, ese promedio ha descendido a aproximadamente 5.200.

Las hospitalizaciones también se han desplomado. El domingo, la cantidad diaria de pacientes con coronavirus que reciben ese nivel de atención en toda la entidad se redujo a menos de 4.000 por primera vez desde fines de julio.

Ahora bien, aunque las líneas de tendencia actuales son prometedoras, los funcionarios enfatizan que el progreso no es inevitable. El año pasado demostró cuán rápidamente el optimismo de principios del otoño puede dar paso a la devastación del invierno.

Esperanzas similares de que lo peor de la pandemia había pasado también se desvanecieron la primavera anterior cuando la variante Delta arrasó con el país.

“Parece que hemos dado un giro en nuestra lucha contra el COVID. Pero nos hemos adelantado antes solo para encontrarnos con trenes que se aproximan”, expresó el Dr. Robert Wachter, presidente del Departamento de Medicina de UC San Francisco, en un foro reciente en el campus. “Parte del desafío para nosotros se relaciona con el hecho de que Delta es mucho mejor en su trabajo de infectar a las personas que el virus original. Por lo tanto, nuestro futuro estará determinado en parte por la respuesta a esta pregunta: ¿Delta es tan malo como parece?”.

Otra pregunta, mencionó Wachter, es si las pruebas rápidas de coronavirus se volverán ubicuas y baratas, lo cual será esencial para identificar fácilmente a las personas que están infectadas y evitar que propaguen el virus a otros sin darse cuenta.

El consenso general entre funcionarios y expertos es que California está preparada para aguantar mucho mejor la temporada de vacaciones de otoño e invierno este año porque muchos residentes han sido vacunados contra COVID-19.

Hasta ahora, más del 67% de los californianos han recibido al menos una dosis y el 61% se considera completamente inoculado, según datos compilados por el Times.

Mientras California espera con ansias Halloween y otras festividades de otoño, los funcionarios de salud, así como los expertos, aún expresan cautela en los esfuerzos por proteger a los niños que aún son demasiado pequeños para vacunarse. Las actividades como el “trick or treat” o las fiestas de Halloween deben realizarse al aire libre y en grupos pequeños, ya que las reuniones en interiores sin cubrebocas representan un mayor riesgo de transmisión, indican las autoridades.

Los expertos también esperan que los antígenos para niños de 5 a 11 años estén disponibles en algún momento de noviembre. Pero para proteger a los niños que no hayan sido completamente inoculados antes del Día de Acción de Gracias, las autoridades instan a todos los miembros de la familia y amigos a vacunarse.

“Reducir nuestra vulnerabilidad como comunidad se basa en disminuir el número de personas que no están inoculadas”, señaló Ferrer. “El mayor aumento en la protección que obtendremos proviene de asegurarnos de que todos tengan su serie principal de vacunas”.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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