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El inmigrante cuyo trabajo de limpieza lo llevó al mando de una empresa nacional

Enio Martínez, vicepresidente de Servicon, un servicio de limpieza para la industria aeroespacial
Enio Martínez, vicepresidente de Servicon, un servicio de limpieza para la industria aeroespacial, hospitales, hoteles y compañías petroleras, posa para una fotografía en su oficina en Culver City.
(James Carbone/Los Angeles Times en Espanol)
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Sus manos estaban llenas de callos a los 18 años. Con ellas vendía hasta 500 conos de helado durante ocho horas del día cinco días a la semana, y por las tardes trabajaba como conserje en el condado de Los Ángeles.

Alla en Guatemala, donde Enio Martínez había nacido, él se había graduado de maestro de primaria y su sueño era servir a los niños de su comunidad.

Cuando el joven quiso desempeñarse en su profesión, su madre la señora Clara Luz Lemuz, le dijo: “Prefiero verte lejos, allá en Estados Unidos que aquí muerto”.

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Entonces Martínez tuvo que tomar la decisión de huir de su país un 6 de diciembre de 1987.

En aquella década su país se había visto abatido por la violencia política, las guerrillas y los asesinatos hasta entre familias rivales vecinas de varias generaciones; muertes que en muchas ocasiones quedaban impunes.

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Cuando Martínez era un niño, su familia ya había sufrido este último tipo de violencia en su municipio de Agua Blanca.

A los nueve años, el padre de Enio, el señor Gustavo Adolfo Martínez, fue asesinado por los hijos de un vecino que equivocadamente pensaron quiso dispararle a su padre con un arma.

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“El cementerio de mi aldea, Quequesque, tenía más gente muerta de los que vivíamos en ese lugar. Crecí viendo muertos tirados en las esquinas por toda esa violencia”, dijo Martínez, ahora de 53.

Cuando Martínez llegó a California, el joven vivía con Arminda, una hermana 15 años mayor que él, que anteriormente también había salido de su país buscando una vida mejor.

“Pero aun estando con mi hermana. Yo lloraba en muchas ocasiones… Deseaba regresar con mi madre, mis amistades y una vida como maestro”, dijo.

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Pero para Martínez ya no había vuelta de hoja.

El joven se registró en Evans Adult School, para aprender inglés, pero tuvo que salirse para trabajar de lleno aprendiendo el idioma por sí solo viendo televisión, escuchando música y leyendo rótulos en las calles.

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Para Martínez yo no había tiempo de quejarse o sufrir su decisión.

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Unos tres meses después de llegar a Estados Unidos, el joven consiguió un empleo como vendedor de helados de la cadena antigua de farmacias Thrifty, entre las calles Wilshire y Western. Y poco tiempo después conseguiría otro segundo empleo como conserje.

“Vender helados es lo más difícil, se te hacen callos en las manos porque al sacar el helado tan duro de las bandejas tienes que hacer presión”, dijo Martínez.

Al igual, como conserje en una compañía de nombre Advance, el uso continuo de las manos para barrer, desempolvar, restaurar mármol, recoger basura y limpiar, convirtieron esas palmas y dedos acostumbrados a usar el lápiz y el papel en dos lijas.

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“Había quemado mi cerebro estudiando… y en Estados Unidos nada de eso era válido”, dijo el inmigrante soltando una risa.

“Me río porque no sabía lo que me esperaba en este país…no conocía mi futuro. Ahora me siento muy satisfecho”, añadió.

Y es que años después, el mismo trabajo de limpieza del que tanto se avergonzaba Martínez, le abrió la puerta al éxito ahora como vicepresidente de Servicon, una empresa líder en limpieza comercial en Culver City.

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“Primero que todo tuve que dejarme de hacer la víctima, pensar que estaba en control de mi futuro. Si caigo, tengo el derecho a caer, pero también levantarme”, dijo.

Fueron dos años de arduo trabajo y con la misma mentalidad hasta que llegó 1989.

Para ese entonces Martínez empezó a ver que el trabajo de la limpieza era una labor honorable, e inclusive le empezó a intrigar, por lo que decidió asistir a diferentes exposiciones de limpieza y aprender más del oficio.

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Ese mismo año, el joven de ahora 20, fue a pedir trabajo en Servicon, que sirve a la industria aeroespacial, hospitales, hoteles y compañías petroleras.

Sin muchas expectativas, el joven llegó a la compañía mostrando su experiencia y habilidades, y acabó consiguiendo un empleo como asistente de supervisor de limpieza, que constaba de estar a cargo de un grupo de personas que trabajan en mantenimiento, asegurarse de la satisfacción del cliente y el control de horas de los trabajadores.

Para 1991, el inmigrante ya había ascendido a gerente de área, que básicamente hace lo mismo que el supervisor, pero quien se encarga del servicio de más de 20 edificios.

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“Tienes que amar lo que haces, interesarte en ello, y tratar de ser el mejor. Uno piensa que eso no hace la diferencia, pero sí la hace… sucedió conmigo”, dijo.

Martínez quería seguir aprendiendo más sobre la limpieza y el mantenimiento, su meta era ahora servir a mas personas ahora en el ambiente de la salud.

Se fue entonces a la competencia en 1991 a una compañía que se llamaba Pedus, y se enfocaba en trabajar con hospitales.

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En esa compañía el inmigrante ingresó como supervisor de limpieza de Harbor UCLA en Torrance, pero, de hecho, había bajado de puesto en lugar de ascender.

“Hubo compañeros que me dijeron que estaba tomando decisiones erróneas, que estaba loco, pero mi visión era aprender para hacer algo más a largo plazo”, dijo.

No obstante, Martínez no tenia documentos para trabajar legalmente en Estados Unidos, así que tuvo que decirle a su jefe, quien en cambio le ofreció un patrocinio para legalizar su estadía.

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A través de los años, Martínez se convirtió en gerente de área, luego gerente de distrito, director de operaciones, y finalmente vicepresidente de Operaciones de Pedus.

Para el 2006, Pedus decidió vender sus operaciones en Estados Unidos, y Servicon, la primera compañía para la que Martínez trabajó compró las acciones.

Para esa época, Martínez recibió una llamada de Servicon, donde le pedían regresar a trabajar con ellos.

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Un 6 de diciembre, del 2006, justo la misma fecha que Martínez llegó a Estados Unidos, el emprendedor llegó a Servicon de nuevo ahora como director de Operaciones y tres años después como vicepresidente Ejecutivo, donde trabaja actualmente, y se encuentra a cargo de la operación de la compañía en 11 estados, y con alrededor de 1600 empleados.

“Los jefes no escuchan lo que dices, pero ven tus acciones, y con quejarse nadie se supera”, dijo Martínez.

Michael Mahdesian, presidente de la junta y miembro de la propiedad de Servicon, ahora asegura que escoger a Martínez como vicepresidente ejecutivo fue una de mas mejores decisiones de la compañía.

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“Mi padre, Richard Mahdesian, vio el talento de Enio cuando era solo un joven y, a medida que se desarrollaba, confió en él por encima de todos los demás para dirigir el departamento de operaciones”, dijo Mahdesian.

La empresa familiar y operada por varias generaciones cumple su 50 aniversario este 2023, y admite que sin Martínez no sería la misma.

“Enio ejemplifica los valores de Servicon: trata a todos con amabilidad y respeto, y siempre dice la verdad, incluso cuando es difícil. Siempre está aprendiendo, creciendo y adaptándose a entornos cambiantes, y es completamente responsable”, sostuvo.

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Susan Matt, directora de experiencia del cliente de Servicon le da gracias a Martínez por el puesto que ella tiene ahora mismo.

“He aprendido mucho de él. Cuando era nueva en la industria, él creyó en mí y vio que podía tener una verdadera carrera incluso antes de que yo lo hiciera”, dijo.

Martínez le enseñó a Matt todo sobre contratos, fijación de precios, negociación y liderazgo de un equipo de personas de diferentes orígenes.

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“Recuerdo cuando conseguimos un gran contrato, me emocioné tanto que corrí por el pasillo saltando de un lado a otro. Enio me chocó los cinco y luego le dijo al resto de los ejecutivos que yo merecía la mayor parte del crédito”, dijo.

Para Martínez, Estados Unidos sigue siendo el país de las oportunidades, pero enfatiza que nadie da el éxito gratis, sino que los inmigrantes deben crear la mentalidad para salir adelante sin importar donde se desempeñan.

“Mis metas son seguir aprendiendo y enseñarle a la gente que el trabajo de conserje es respetable y que contribuye en grande a la salud de la sociedad”, dijo.

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“No es hasta esta pandemia que la gente ha volteado a ver a esta industria, que raramente recibe un cumplido”, dijo.


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