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24 cosas que aprendimos viviendo en la burbuja de la NBA

El reportero de The Times Dan Woike entrevista al veterano del Heat Udonis Haslem, durante una práctica.
(Andrew Bernstein / NBAE)

La burbuja de la NBA llevó a sus habitantes a apreciar las rutinas simples, los juegos de pickleball, el regreso del baloncesto en un entorno seguro y mucho más

El árbitro Marc Davis tenía un plan para mantener su vida lo más normal posible dentro de la burbuja creada por la NBA en el campus de Disney World cerca de Orlando, Florida. “Lo primero que hago en la mañana”, comentó, “es hacer mi cama”.

Así comienza una rutina: limpiar su habitación (“casita”, para correctamente en el idioma de Disney), hacer ejercicio y nadar; trabajar en aprender español y hacerse de un tiempo para leer. Siempre le agrega un poco más de ejercicio y, tal vez, un juego de pickleball o dos.

Davis fue a la Academia Naval de EE.UU., por lo cual ese régimen le funciona bien.

Para muchas personas dentro de la burbuja —incluido este reportero— ésta fue una nueva experiencia; un campamento de verano sin consejeros y rodeado del mejor baloncesto que la NBA podría organizar durante una pandemia.

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Fue divertido. Fue muy solitario. Fue agotador, emocionante, y sobre todo confuso. Sí, y todo eso derivó en la conquista del campeonato número 17 de los Lakers.

La gente dentro de la burbuja solía decir que nadie entendería realmente cómo era la vida cotidiana, a menos que estuviera ahí. Intentémoslo de todos modos con una cuenta regresiva:

24. Como alguien que había llegado a la burbuja después de que comenzaran los playoffs, pasé siete días encerrado en mi habitación, viendo el mundo desde mi casita en el primer piso.

23. Por cierto, casita aquí significa una habitación con dos camas matrimoniales y unos 10 pasos de extensión desde la ventana hasta el lavabo del baño. Lo sé porque los contaba todos los días durante la cuarentena, cuando salía a dar mis “paseos” por la habitación. Una vez hice seis millas -10 pasos por vuelta de pared a pared-. Los giros rápidos me mareaban.

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Working out in the bubble during quarantine

Times reporter Dan Woike was confined to a relatively small room, where he would do lap after lap as part of his exercise routine.

22. Salvo eso, la cuarentena no fue tan mala. A diferencia del primer grupo de la burbuja, tuvimos que salir de nuestras habitaciones para hacernos la prueba, los mejores cinco minutos del día. Había juegos por la noche que me mantenían ocupado. La calidad de la comida se encontraba entre “no está mal” y “bien”, y alguien tuvo la amabilidad de traerme algunas botellas de vino.

21. El primer día después de la cuarentena —la recompensa por mis siete pruebas de COVID negativas consecutivas— fue increíble. Nadie había estado tan emocionado de salir al exterior y encontrarse con un 90% de humedad. Pero después de cinco minutos, comprendes que “esto es todo”. Hay un lago con un restaurante al que no puedes ir, un montón de habitaciones de hotel a las que no puedes entrar, una cafetería, una piscina y un gimnasio para el que tienes que concertar una cita de 30 minutos. Todo empieza a sentirse bastante pequeño, con gran rapidez.

20. Todos los días, las personas tenían que responder un cuestionario médico y controlar su temperatura y niveles de oxígeno en sangre, además de hacerse una prueba: un hisopo en cada fosa nasal y otro en la boca. Durante la primera semana, estaba ansioso por los resultados y no dormía bien. Durante el último mes, ni siquiera los comprobaba.

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19. El entorno creado por la NBA hizo que todos se sintieran absolutamente seguros, mientras que fuera del campus el virus seguía siendo una gran parte de la vida diaria. Fue increíble lo rápido que la burbuja nos desconectó del mundo real.

Anthony Davis entra a la cancha para unirse a sus compañeros de equipo de los Lakers en la práctica
(Dan Woike / Los Angeles Times)

18. En la primera práctica de los Lakers a la que fui, le pedí al gerente general Rob Pelinka algunos consejos sobre las burbujas. Me respondió que lo único que lo hacía muy feliz era comer en Three Bridges Bar & Grill, el restaurante al aire libre en medio del Lago Dorado. Pelinka elogió lo bien que se sentía la brisa, cómo comer allí hacía que la vida luciera un poco más normal. Sin embargo, no se permitía la entrada a periodistas.

17. A nivel profesional, la burbuja fue genial. Las mejores interacciones eran en los pasillos, afuera de los salones de baile del centro de convenciones que la NBA convirtió en gimnasios de práctica. El base de Toronto Fred VanVleet hablaba de Boston mientras los Celtics pasaban y escuchaban a escondidas. Un día, el entrenador de los Clippers, Doc Rivers, comentó que el alero de Denver Paul Millsap jugaba mucho al golf cuando, de repente, apareció el aludido.

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16. Nada me hacía más feliz que ver a los árbitros de la NBA discutir las llamadas entre ellos durante sus épicos juegos de pickleball (tenis de mesa pero sin la mesa, en una cancha pequeña) que duraban horas.

15. No es posible exagerar el papel que jugó el pickleball para mantener a la gente cuerda en la burbuja. El árbitro Scott Foster instaló una cancha en el patio principal, y para el lado no jugador del campus, era la plaza del pueblo.

14. El pickleball era la principal salida competitiva para cualquiera que no jugara baloncesto. Steve Smith, exestrella de la NBA y analista de NBATV, se enojó conmigo por conceder una derrota cuando estábamos muy abajo en el puntaje. El analista de ESPN Richard Jefferson sorprendió a todos al clavar una paleta de pickleball en una ventana del tercer piso.

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Pickleball became a popular pasttime inside the NBA’s bubble in Orlando, Fla.

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13. Nos sentíamos increíblemente afortunados de volver al trabajo. Esos primeros juegos con conferencias de prensa y entrevistas en persona fueron las mayores porciones de normalidad que cualquiera de nosotros había sentido desde marzo.

12. Aún así, asistir a los juegos era extraño. Los fanáticos virtuales, los sonidos integrados: todo parecía un episodio de “Black Mirror”. Sin embargo, la acción en la cancha era excelente; crédito a los jugadores y su amor por la competencia. Fueron capaces de crear energía, lo cual era una gran pregunta de este experimento.

11. Se podía escuchar mucho más de lo habitual en las arenas vacías. La banca de los Lakers era, quizás, la más ruidosa. Durante las finales de la conferencia, comenzaron a contar el reloj de lanzamiento temprano. Gary Harris, de Denver, pensó que iba a expirar y forzó un tiro con tiempo restante en el reloj, y la banca de los Lakers estalló en alegría.

10. Cuando Rajon Rondo, el escolta de los Lakers, no estaba en los juegos, hablaba con todos: compañeros de equipo, oponentes, oficiales. No paraba nunca.

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9. Antes de los partidos como local del Heat de Miami, ocasionalmente se escuchaba música country durante los entrenamientos individuales, una verdadera señal del poder que ejerce Jimmy Butler, un orgulloso tejano.

8. Hablando de Butler, él fue la estrella de la burbuja. Sí, fue increíble en la cancha, pero las historias fuera del campo de juego eran igual de asombrosas. El día de su cumpleaños, la estrella del Heat estaba descansando fuera del salón de baile cuando Erik Spoelstra pidió un descuento en Butler’s Big Face Coffee, su industria artesanal dentro de la burbuja. En honor a su cumpleaños, Butler acordó que el precio debería cambiar. Lo duplicó. “Cuarenta dólares”, le dijo a su entrenador.

7. Butler no fue el único que disfrutó de la inflación con precios de burbuja. Un corte de pelo en la burbujas cuesta $50 (pero vale cada centavo) y un paquete de seis cervezas nacionales cuesta casi $20 en la tienda de regalos.

Un envío para el reportero de The Times Dan Woike, listo para ser retirado.
(Dan Woike / Los Angeles Times)
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6. Aunque Butler fue la estrella de la burbuja y LeBron James el jugador más valioso de las Finales, la persona más importante para los habitantes de la burbuja fue Kelly King, el contacto de ABC Fine Wine & Spirits, la única tienda de licores que hacía entregas a la burbuja. No dijo cuánto se ordenó ni cuánto dinero se gastó, pero sí remarcó que no hubo un solo día en la burbuja en el que ABC no entregara un pedido.

5. Cuando quedó claro que la burbuja estaba a punto de terminar, entré al campo de juego para tomar una foto. “Sal de la cancha”, gritó alguien. Pensé que era el personal de seguridad; quizás la voz de Dios. En cambio, era el colega Broderick Turner, del piso superior.

4. Una noche, la NBA nos dejó ir a Three Bridges para disfrutar de unos tragos en la hora feliz. Pelinka tenía razón: fue increíble.

3. Los Lakers escuchaban música increíblemente alta en su vestuario durante toda la temporada, generalmente con una tematización. Cuando llegaron al vestuario para celebrar su título después del Juego 6 de las Finales, “Faneto”, de Chief Keef, se escuchaba a través de las paredes.

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2. Salir de la burbuja fue extraño, entrar en el mundo real me dio miedo y despedirse de la comunidad no fue fácil. Era un lugar donde podías conocer a un extraño y crear una nueva amistad, en un mundo con COVID-19 en el cual eso parece demasiado arriesgado. Finalmente, podría haber sido el mayor lujo.

1. Por primera vez en la historia de la NBA, los reporteros, el personal de la liga, los funcionarios, los entrenadores y los jugadores compartieron los mismos espacios. Fue un logro increíble, con el baloncesto como lazo de unión entre todos. “Y”, bromeó Marc Davis: “no rompamos ese récord”.

For the original story in English, please click here.

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