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EEUU

Esas devoluciones de Amazon están matando el medioambiente

Amazon Prime boxes
Cajas de Amazon Prime se cargan en un carrito para ser entregadas en Nueva York.
(Mark Lennihan / Associated Press)

A medida que los consumidores y las empresas reconsideran sus decisiones a la luz del cambio climático, los beneficios del comercio electrónico se convierten en una crisis medioambiental oculta.

En diciembre, los consumidores estadounidenses devolverán más de un millón de paquetes a los minoristas de comercio electrónico cada día. Es una avalancha de cosas no deseadas que se espera que alcancen su punto máximo el 2 de enero, una jornada que UPS Inc. llama jocosamente el “Día Nacional de las Devoluciones”.

Para UPS y otras empresas de correos, esa es la razón de mucha alegría después de las vacaciones. Para todos los demás, esas decenas de millones de paquetes son un verdadero problema.

Según una estimación reciente, representaron cinco mil millones de libras de desechos depositados en vertederos sólo en EE.UU, y 15 millones de toneladas adicionales de carbono emitidas a la atmósfera.

En un momento en que los consumidores y las empresas se replantean sus elecciones a la luz del cambio climático, los retornos del comercio electrónico equivalen a una crisis ambiental oculta.

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Por supuesto, la “garantía de devolución de dinero” es probablemente tan antigua como el comercio minorista, y muchas marcas históricas construyeron su reputación honrándola.

Medio Ambiente

Los beneficios no sólo son para los consumidores; un minorista que defiende sus productos probablemente venda más de ellos. L.L. Bean Inc., la compañía de artículos para actividades al aire libre, ofreció una política de devolución de por vida durante más de un siglo y prosperó gracias a ella.

Asimismo, estudios recientes de comercio electrónico sugieren que las políticas de retornos indulgentes se correlacionan con más devoluciones y un aumento en las compras. Ya en 2010, Zappos.com, el minorista de calzado pionero, se jactaba de que sus mejores clientes eran los que devolvían la mayoría de los productos.

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El problema es que los consumidores devuelven más artículos cada año. En 2018, los estadounidenses retornaron el 10% de sus compras, valoradas en $369 mil millones, según la firma de datos y software Appriss, un aumento del 8% en comparación con dos años antes.

Los compradores más jóvenes, en particular, están más inclinados a tratar las compras en línea como alquileres, o compran ropa para probarse y luego devolver lo que no les gusta o no les queda bien. Es una tendencia global: en Suecia, las tasas de retorno son tan altas como del 60% para algunos productos.

La carga logística de estos retornos es tan pesada que inspiró a toda una industria dedicada a tratar cosas no deseadas. Pero el costo ambiental puede ser más significativo.

En 2017, Optoro Inc., una compañía que ayuda a los minoristas a administrar sus devoluciones, estimó que sólo el 10% de la mercancía que maneja termina en los estantes. Algunos se venden a tiendas de descuento y recicladores, o se envían a organizaciones benéficas.

Pero el alto costo de transportar, clasificar y reempaquetar esos bienes también asegura que miles de millones de libras de retorno terminen en vertederos e incineradores.

Para empeorar las cosas, llevar esos productos del hogar de un cliente insatisfecho hacia donde sea que acaben es un proceso pesado en carbono.

Y debido a que los productos de comercio electrónico se devuelven a una tasa mucho más alta que los productos tradicionales, las emisiones exceden lo que serían en las tiendas físicas. Según un conteo, el año pasado se enviaron 165 mil millones de paquetes en EE.UU, utilizando cartón equivalente a casi mil millones de árboles.

Aún cuando compañías como Amazon.com Inc. hagan la transición a un empaque más sostenible, los retornos de artículos seguirán aumentando su uso de recursos.

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No será fácil convencer a los consumidores o minoristas para que frenen estas prácticas.

La solución más obvia, una prohibición de las devoluciones gratuitas, que se enfrentaría a una dura oposición, lo cual sería comprensible.

Pero algunos otros pasos ayudarían. Las empresas podrían adoptar etiquetas de emisión de carbono en los paquetes de devolución, por ejemplo, o dejar de proporcionar etiquetas de devolución ya preparadas, lo cual eliminaría fácilmente el uso de millones de trozos de papel.

También podrían experimentar con “reembolsos sin devolución” para productos que no se pueden vender nuevamente, como ropa interior, cosméticos y alimentos envasados.

A medida que la realidad aumentada y las tecnologías táctiles se vuelven más comunes y asequibles, los minoristas de ropa en línea podrían implementarlas en “vestuarios digitales”.

Mientras haya compradores, por supuesto, habrá devoluciones. Pero con un pequeño esfuerzo adicional de los minoristas y los consumidores, y quizá algo de ingenio, estas pueden ser más amigables con el resultado final y el planeta.

Adam Minter escribe para Bloomberg.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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