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Los camioneros estadounidenses enfrentan el coronavirus y los nuevos riesgos

La camionera veterana Connie Reynolds se preocupa más que nunca por la seguridad. La crisis del coronavirus ha convertido sus cargas en objetivos de ladrones.
(Molly Hennessy-Fiske / Los Angeles Times)

La pandemia convirtió a algunos camioneros en trabajadores esenciales que transportaban cargas de alto valor que los ponían en peligro, mientras que otros tienen menos trabajo a pesar del riesgo

Cuando Connie Reynolds llevó su camión de 18 ruedas a Cowboy Travel Plaza, había recorrido la carretera interestatal 35 desde la ciudad fronteriza de Laredo, Texas, hasta el centro de Oklahoma y estaba ansiosa de probar la barbacoa en Smokey Pokey en la parada de descanso antes de dirigirse a Wichita, Kan.

Pero el Smokey Pokey estaba cerrado, a excepción de la comida para llevar, debido al coronavirus. También el bar de la parada de descanso, la tienda de ropa y una atracción interior: un barco pirata. Reynolds tuvo que comer su salchicha en su camioneta.

“Nos gustaría entrar, sentarnos y tomar un descanso, comer algo. Para muchos conductores, es una forma de relajarse”, dijo Reynolds mientras se sentaba en la cabina del camión, junto a su nueva mascarillas y desinfectante para manos. “Hay muchos conductores agotados”.

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Alrededor del 70% de la carga de Estados Unidos viaja en camión, y muchos de los 3.5 millones de camioneros del país están más ocupados que nunca durante la pandemia de COVID-19, transformados en trabajadores esenciales que mantienen estantes abastecidos con suministros médicos y comestibles.

“En la guerra contra el virus, los camioneros de Estados Unidos son realmente los soldados de a pie que nos llevan a la victoria”, manifestó el presidente Trump durante un evento en honor a los camioneros en el césped de la Casa Blanca este mes. “Los camioneros están desempeñando un papel fundamental para vencer al virus, y serán tan importantes como la manera que trabajamos para que nuestro motor económico crezca”.

Pero al igual que el brote ha ayudado a algunos camioneros a prosperar, como Reynolds, también ha dejado a algunos inactivos y generó nuevas preocupaciones sobre su salud y seguridad en el camino.

A diferencia de las aerolíneas, la industria de camiones no recibió un rescate de estímulo federal. Mientras que algunas compañías de camiones eran elegibles para préstamos a pequeñas empresas, muchas no lo eran. El año pasado fue duro en esta industria competitiva debido a la escalada de los costos de los seguros, las tarifas de los productos chinos y la disminución de los pedidos de envíos que reservaban el transporte de última hora. Incluso las grandes empresas se declararon en bancarrota, dejando a miles de conductores sin trabajo, algunos varados en el camino.

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Siempre ha habido distinciones entre los camioneros: algunos son asalariados, otros son dueños de sus camiones y otros más trabajan como contratistas independientes sin seguro de salud y otros beneficios.

Siete de cada 10 conductores de camiones reportaron salarios más bajos y condiciones de trabajo más peligrosas durante la pandemia, según una encuesta publicada este mes por Change to Win, una coalición de sindicatos nacionales. Los conductores de camiones en los puertos de Los Ángeles y Long Beach han exigido que los alcaldes de las ciudades garanticen que las compañías cumplan con sus órdenes de proporcionar a los empleados coberturas faciales, desinfectantes para manos y otras protecciones.

“Esta pandemia global ha expuesto cómo las principales compañías y la industria de camiones portuarios han desmantelado la red de seguridad social para los conductores de los puertos”, dijo Ron Herrera, director de la División Portuaria de Teamsters.

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El conductor con sede en Los Ángeles Alex Mejía es un contratista independiente como muchos en los puertos, sin seguro y preocupado por su salud.

“La gente se está enfermando, incluyéndome a mí, y no hay un plan médico para nosotros”, expuso Mejía, de 43 años, por teléfono desde su casa.

El mes pasado, el padre de dos hijos pagó más de $800 por un escáner de tórax en una clínica de Urgencias, por temor a que tuviera coronavirus. Fue la gripe.

“Muchos conductores se enferman y tienen miedo de ir al hospital porque temen que la factura sea alta”, señaló.
A Mejía le pagan por la cantidad de carga que transporta. Desde el brote, las importaciones procedentes de China disminuyeron y sus viajes se redujeron a la mitad. Después de 15 años en el negocio, Mejía había estado ganando $1.000 por semana. Ahora, algunas semanas gana $48.

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Al menos 150 ciudadanos mexicanos en el área de la ciudad de Nueva York infectados con el coronavirus han muerto. La crisis ha hecho casi imposible enviar a casa sus cuerpos.

Dzinh Lam, un conductor del Boomerang Express con sede en Garden Grove, dijo que los despachadores lo trasladaron de los puertos de Los Ángeles al Medio Oeste y al Sur debido a la pandemia.

“En este momento no es fácil ganar dinero”, dijo Lam desde la cabina de su Peterbilt de 18 ruedas en la parada de camiones de Love en la I-35 en Oklahoma City.

Lam, de 50 años, y su esposa emigraron a Estados Unidos desde Vietnam hace más de 20 años, y viven con su hijo de 13 años en Jacksonville, Florida. Ella trabaja en un salón de belleza que cerró durante la pandemia. Lam aseguró que intenta permanecer en el camino lo más posible.

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Al igual que el conductor Andrew Williams, con sede en Houston, quien expuso que su jefe obtuvo un préstamo federal para pequeñas empresas, pero no estaba seguro de cuánto tiempo eso los mantendría a flote. Este mes, Williams, de 57 años, transportaba tuberías de concreto por la I-35 desde Oklahoma City hasta Houston. Fuera de los bienes esenciales, “es difícil encontrar carga ahora”, señaló. “La empresa está luchando por mantenerme trabajando”.

Williams dijo que también había sido estigmatizado por ser conductor durante el brote.

Cosió su propia mascarilla con una cubierta para la cabeza de trineo y cintas para el pelo, metiendo bolas de algodón dentro como un filtro. Aún así, cuando llegó para descargar en una empresa de cubos de Oklahoma, y entró en el edificio, los trabajadores lo expulsaron.

“Te miran como si no te quisieran adentro”, enfatizó.

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El camionero Andrew Williams de Houston dijo que fuera de los bienes esenciales, "es difícil encontrar carga ahora". Aseguró que su compañía estaba luchando por mantenerlo trabajando.
(Molly Hennessy-Fiske / Los Angeles Times)

Al mismo tiempo, los conductores que transportan alimentos y otros bienes esenciales están más ocupados que nunca, ganan más y reciben elogios como trabajadores de primera línea.

Kim Kline, de 57 años, transportaba harina en Oklahoma para Walmart, y subrayó que “no pueden hacerlo lo suficientemente rápido” con más personas cocinando en casa durante el brote.

Señaló que el brote llevó al gobierno federal a levantar las restricciones sobre las horas totales que algunos camioneros pasan en la carretera todos los días, la primera vez que la regla se ha suspendido en 82 años. Pero eso se aplica sólo a aquellos que transportan suministros médicos, destacó.

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“Eso es una farsa. Esperaba que hicieran eso por nosotros también. Somos el pilar en este momento ‘de la economía’”, manifestó Kline mientras se aventuraba en Cowboy Travel Plaza en busca de una pechuga.

Reynolds, de 55 años, recibió un bono este mes de su empleador, Crete, que la tiene conduciendo de Chicago a Denver y apunta al sur; también hace entregas a Walmart y otras tiendas de artículos para el hogar. Ella comentó que los empleados de Walmart han hecho todo lo posible para agradecerle.

“En realidad les estaban dando a los conductores bolsitas de regalos”, dijo.

Un amigo le regaló una mascarilla de neopreno. La madre de un compañero de trabajo estaba cosiendo más.

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Después de 37 años conduciendo camiones, Reynolds es una gran fumadora, lo que la pone en mayor riesgo de contraer el nuevo coronavirus. Cuando llega a las tiendas, los trabajadores le toman la temperatura y la examinan para detectar otros síntomas de infección. Hasta ahora, ella ha pasado. Cuenta con seguro de salud, y si se enferma, su compañía le ha prometido dos semanas de descanso con sueldo.

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Reynolds tiene un novio de 60 años en casa que se retiró y dos hijas adultas que trabajaron en Waffle House y Freebirds World Burrito, ambas cerradas desde el brote. Sus hijas ya recibieron cheques federales de estímulo, pero todavía dependen de ella para pagar las cuentas.

Ella hace lo que puede para ahorrar dinero.

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“Este almuerzo es una verdadera ocasión especial. Cocino mucho en mi camión”, aseguró, señalando un plato caliente y un microondas sobre su mini refrigerador.

Reynolds se preocupa por la seguridad más que nunca. El brote ha convertido sus cargas en objetivos para ladrones. Leyó informes de noticias sobre cinco camiones de Walmart en Illinois robados en una parada de descanso y le inquieta poder ser la próxima, a pesar de que transportaba artículos para el hogar.

Reynolds elige las paradas de descanso con cuidado y trata de estacionarse en áreas iluminadas durante la noche. Ella se preocupa más cuando hace entregas. En estos días, parece que la gente haría cualquier cosa por papel higiénico, y le preguntan a los camioneros si eso es lo que están transportando.

“En algunos de estos Walmart, no sabes lo que la gente va a hacer”, subrayó Reynolds. “Se parece mucho al Black Friday”.

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Estacionado junto a ella había un camión SpartanNash con fotos de vegetales a un lado y un letrero que decía “Taking food places”. El conductor Josh Rangel, de San Antonio, dijo que a pesar del letrero, la gente aún lo detiene cuando hace entregas a Dollar General para preguntar si está transportando papel higiénico.

“Te hacen pensar, ‘¿No puedes ver? ¡Está escrito en el camión!’”, dijo mientras estaba parado afuera de la cabina. “Muchas veces es la única tienda de comestibles en la ciudad”.

Al comienzo del brote, Rangel, de 33 años, estaba tan preocupado por el robo de su camión, que comenzó a llevar su pistola oculta.

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“Esto es como tener un camión de seguridad bancaria: tengo comida”, destacó.

Su esposa es una madre que se queda en el hogar con sus cuatro hijos, y ella lo quiere más en casa. Le preocupa que se contagie. Cuando era bebé, tuvo un trasplante de hígado, lo que lo pone en mayor riesgo.

Pero dejó de llevar el arma en los últimos días ya que se sentía más seguro, más apreciado. Y desde que comenzó el brote, recibe un pago adicional por riesgo, $2 adicionales por hora.

Cuando entrega, los empleados de Dollar General le reservan Lysol, papel higiénico y otros bienes codiciados. Mientras subía por la I-35, pasó una señal luminosa que decía, “Gracias camioneros, personal médico”. Cowboy Travel Plaza ofrecía un “especial gratis para camioneros”: un sándwich de barbacoa y papel higiénico con cada tanque lleno de 50 galones.

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“Es como ser un miembro del servicio ahora, porque así es como todos obtienen sus cosas”, comentó.

La gerente de operaciones de Cowboy Travel Plaza, Tiffany Cosgrove, aseguró que los viajeros han apreciado más a los camioneros desde el brote.

“No son tan ignorantes acerca de cómo, sin ellos, las cosas no llegarían a sus tiendas”, dijo.

Truck stop
Tiffany Cosgrove ha conocido a algunos de los camioneros que regularmente se detienen en Cowboy Travel Plaza en Stillwater, Oklahoma, y desea poder mantener el restaurante abierto para ellos: “Muchos de ellos tienen grandes personalidades, y simplemente buscan alguien con quien hablar”.
(Molly Hennessy-Fiske / Los Angeles Times)
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Cowboy Travel Plaza, como muchas paradas de camiones, mantiene su lavandería y duchas abiertas para los conductores. Pero el restaurante permanece cerrado, y ella se siente mal por no poder sentarse y conversar mientras comen su okra frita, encurtidos y ensalada espolvoreadas con carne de cerdo a la parrilla.

“Muchos de ellos tienen grandes personalidades y sólo quieren que alguien hable con ellos”, dijo.

Al anochecer, una docena de camiones se habían estacionado en la plaza. Algunos ya tenían las señales de que los conductores se habían acostado. Pero un camión cisterna todavía mantenía las luces encendidas, incluida una cruz iluminada en la parrilla delantera.

El conductor Bobby Smithson es un ministro cristiano no confesional (el nombre de su banda es “El Predicador”). Tiene su sede en Stillwater, pero ha pasado 20 horas al día viajando. Smithson se había detenido para cargar combustible en su camión de propano después de un viaje a Kansas, planeó tomar un pequeño descanso y salir nuevamente en unas pocas horas.
“No tengo tiempo para ir a casa”, dijo.

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Smithson, de 56 años, es padre de tres hijos adultos, dos de los cuales tienen comprometido el sistema inmunológico, por lo que aprendió a tener cuidado en el camino, lavándose las manos con frecuencia.

Transportar propano, dijo, hace que su camión sea básicamente “una gran bomba”. En algunas paradas de descanso no lo dejarán estacionar, y muchas han cerrado debido al brote. Smithson aseguró que es más cuidadoso que nunca con respecto a la seguridad, siempre se estaciona bajo una luz por la noche.

Truck driver
Cuando se detuvo para descansar en Cowboy Travel Plaza en Stillwater, Oklahoma, Bobby Smithson se aseguró de estacionar su camión cisterna bajo una luz por seguridad, una preocupación adicional durante la pandemia.
(Molly Hennessy-Fiske / Los Angeles Times)

Smithson dijo que echa de menos los restaurantes y las habitaciones para conductores en sus paradas habituales, donde podría relajarse en los sillones con otros conductores. Ahora esas habitaciones están cerradas, a pesar de que las tiendas de las estaciones de servicio todavía estaban tan ocupadas por las familias que buscan bocadillos, por lo que tuvo que esperar media hora para entrar a Love’s recientemente para tomar una ducha.

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“La gente no se da cuenta de que ese es nuestro hogar. Tenemos que parar”, manifestó.

Al igual que Reynolds, Smithson recibió una bonificación por trabajar durante la pandemia. A pesar de los riesgos adicionales y los dolores de cabeza, no tenía intención de quedarse en casa.

“Todo el mundo depende de nosotros”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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