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Las mujeres que acusan a Trump por acoso sexual exigen que el Congreso haga algo

Las mujeres que acusan a Trump por acoso sexual exigen que el Congreso haga algo
Rachel Crooks (desde la izquierda), Jessica Leeds y Samantha Holvey asisten a una conferencia de prensa este lunes, en Nueva York, para discutir sus acusaciones de mala conducta sexual contra el presidente Trump (Mark Lennihan / Associated Press). (Associated Press)

Este lunes, en la ciudad de Nueva York, tres de las 16 mujeres que se presentaron el año pasado para acusar públicamente al entonces candidato presidencial Donald Trump por acoso y agresión sexual, exigieron acciones al respecto en el Congreso. El trío sostiene que un desfile de hombres poderosos fueron derrocados de sus altos puestos, y se pregunta por qué Trump no corrió el mismo destino.

Las mujeres se presentaron en "Today", con Megyn Kelly, y luego hablaron en una conferencia de prensa organizada por Robert Greenwald, cuyo estudio, Brave New Films, ayudó a resucitar los cargos contra Trump con un video en el cual aparecen 16 mujeres que alegan haber sido acosadas o abusadas por él.

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Tal vez, en tiempos del #MeToo (#YoTambién) , finalmente sean escuchadas. "Veo a todos estos otros hombres dimitir o enfrentar algún tipo de consecuencias por sus acciones", me dijo por teléfono Sam Holvey, de 31 años, el domingo por la noche, después de una cena con algunas de los otras acusadoras de Trump, quienes se reunieron por primera vez. "Esto está diciendo a los hombres en los Estados Unidos: 'Si quieres hacer y decir cosas inapropiadas con las mujeres, no puedes ser productor de Hollywood, actor o legislador, pero sí puedes ser presidente'".

Holvey, una ex Miss Carolina del Norte que compitió en el concurso Miss USA 2006, aseguró que Trump, quien era el dueño del concurso, entraba a los vestuarios donde las participantes se desvestían y las miraba como si fueran carne. "Simplemente me hizo sentir sucia y transgredida", afirmó.

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En el programa "Today" se le unió Rachel Crooks, de 34 años, quien relató que Trump la tomó de las manos y la besó contra su voluntad cuando era recepcionista, a sus 20 años de edad, en Trump Tower; también Jessica Leeds, de 76, quien narró que Trump agarró sus pechos y metió su mano por debajo de su falda durante un vuelo a Nueva York, a fines de los años 1970.

Leeds le dijo a Kelly que tropezó con Trump nuevamente en 1983, en una gala para la Humane Society en Nueva York. Allí, éste la reconoció como "esa dama del avión" y la llamó con un nombre peyorativo de cuatro letras. "Fue como si me arrojaran un balde de agua fría", expresó.

Como era previsible, el actual primer mandatario desacreditó a las mujeres. En una declaración de la Casa Blanca que Kelly leyó al aire, se las describió como participantes de una "gira publicitaria", con motivaciones políticas.

"Ridículo", afirmó Crooks. "Para mí, solo se trata de transmitir la verdad".

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Hay que ser un gran negador para creer que el desfile de hombres que cayeron en efecto dominó después de las acusaciones de acoso sexual son culpables, pero sólo un hombre, el presidente Trump, es inocente.

Si el senador demócrata de los Estados Unidos Al Franken y el representante John Conyers se enfrentaron a la perspectiva de investigaciones del Congreso antes de priorizar el país al partido y renunciar, Trump también debería hacerlo.

Amy Goodman, de Pacifica Radio, preguntó a las acusadoras en la conferencia de prensa del lunes cómo se sentían acerca del apoyo del presidente a Roy Moore, candidato republicano al Senado nacional, quien fue acusado de molestar y agredir a chicas menores de edad.

"Su aprobación de Roy Moore es lógica, porque él pudo negar lo que nosotras dijimos [el año pasado] y eso le permitió ser elegido [para el cargo presidencial]", afirmó Crooks, quien trabaja como reclutadora de estudiantes internacionales en una universidad de Ohio. "Entonces, es como pasar la antorcha para que ahora Roy haga lo mismo. En términos de renunciar, creo que probablemente sería lo correcto, pero no imagino que lo haga. Creo que la investigación del Congreso es probablemente lo único que podemos pedir".

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En los últimos meses, el mundo de los medios, el entretenimiento y la política se vio sacudido por la caída de hombres como Matt Lauer, Charlie Rose, Harvey Weinstein y, más recientemente, el gran chef Mario Battali, quien dejó el cargo de coanfitrión de "The Chew", de ABC, después de que cuatro mujeres lo acusaran de tocarles las nalgas y los senos.

Las mujeres estadounidenses están teniendo su momento.

"Fue como una explosión", le dijo Leeds a Kelly. "La cuestión se expandió por todos lados. En algunas áreas, las acusaciones de agresión sexual se tomaron en serio".

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Leeds narró que le contó a todos sus conocidos acerca de su experiencia con Trump -su familia, sus vecinos, los miembros de su club de lectura- cuando éste se convirtió en un candidato presidencial serio. Luego, furiosa por la manera en que trivializó sus comentarios en "Access Hollywood", cuando habló de agredir sexualmente a mujeres, le envió un correo electrónico al editor del New York Times, relató, y se sorprendió cuando el periódico le pidió una entrevista.  "Quería que la gente supiera qué clase de persona es realmente Trump, qué pervertido es", le dijo a Kelly.

Tres senadores demócratas de los Estados Unidos -Corey Booker, de Nueva Jersey; Bernie Sanders, de Vermont, y Jeff Merkley de Oregon- pidieron la renuncia del primer mandatario.

La propia embajadora de Trump ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, afirmó que las acusadoras del presidente tienen todo el derecho a hablar. A pesar de que haber ganado las elecciones, señaló, "todos deberíamos estar dispuestos a escucharlas".

Quizás es demasiado pronto para considerar esto como un "coro", pero el impulso parece cobrar fuerza, ya que la historia de acusaciones y hostigamientos sexuales de Trump, que duró décadas, ya no puede ser ignorado.

El primer mandatario está involucrado en todo tipo de actividades triviales: tuitea desdeñosamente, por ejemplo, sobre Don Lemon, de CNN. Ciertamente tiene tiempo para enfrentar un historial de acusaciones sobre su maltrato a las mujeres.

Después de todo, el presidente Clinton fue obligado a testificar en un juicio estatal sobre su presunto acoso sexual a Paula Jones mientras ocupaba la Oficina Oval.

La hora de la verdad también debe llegar para Trump.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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