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EEUU

Empresa de Van Nuys contraataca a Trump por querer deportar a inmigrantes con estatus temporal

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David Acevedo, a la izquierda, y Kevin Kelley en Valencia Lumber and Panel en Van Nuys. (Myung J. Chun / Los Angeles Times)

(Los Angeles Times)

En una jornada laboral típica, David Acevedo usa sus manos, su espalda y un montacargas para mover toneladas de madera en un almacén en Van Nuys.

Sus horas no son fijas porque los envíos de madera entrantes y los pedidos salientes a los clientes dictan el flujo. Él y sus compañeros de trabajo tienen que ser flexibles y estar disponibles de tiempo, trabajando un turno de seis horas un día, y un turno de 12 horas al siguiente.

“Saltan de un montacargas 150 veces al día, de arriba a abajo, atando cargas. Todo es trabajo físico”, dijo Kevin Kelley, uno de los propietarios de Valencia Lumber and Panel.

Los buenos empleados son difíciles de encontrar, dijo Kelley, por lo que intenta mantener a los que ha capacitado, en los que ha invertido y en los que puede contar. Por eso, cuando el presidente Trump anunció su intención el año pasado de revocar el estatus de protección temporal para las personas de El Salvador, Kelley estaba preocupado.

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Se arriesgó a perder a uno de sus mejores empleados, un salvadoreño que había podido trabajar legalmente debido al estatus de protección otorgado por el presidente, George W. Bush, después de un terremoto de 2001 en El Salvador. Ese empleado es Acevedo, cuyo apodo es el “Chato”.

Acevedo, de 46 años, creció en El Salvador y ha trabajado en Valencia durante casi dos décadas. Un juez federal ha bloqueado por ahora la acción del presidente Trump para terminar el TPS para las personas de El Salvador y un puñado de otros países. Pero dados los vientos políticos y los frecuentes ataques de Trump sobre la inmigración, los beneficiados con TPS enfrentan ahora un futuro incierto.

“Estos tipos son pilares y una parte fundamental de la compañía”, dijo Kelley.

Sin embargo, calificar para el patrocinio del empleador no es fácil. Es un proceso largo, en parte gracias a un atraso masivo, y además es caro. Kelley estimó que la compañía ha gastado $6.000 hasta ahora en costos legales y los dos empleados salvadoreños han pagado alrededor de $4.000 cada uno.

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Si bien no hay garantías de aprobación, el “Chato” se enteró recientemente de que había superado el primer obstáculo. El Departamento de Trabajo de EE.UU le ha aprobado que continúe el proceso de solicitud con los Servicios de Ciudadanía e Inmigración.

“Tuvimos que publicar anuncios en el periódico. Estas obligado a publicar esos puestos para personas que puedan cumplir con ese trabajo”, dijo Kelley, para ver si los ciudadanos estadounidenses los quieren y tienen los requisitos necesarios. “No esperaba ninguna respuesta, pero obtuve una docena aproximadamente, así que fue un proceso donde solamente tenía dudas”.

Él contrató a uno de los solicitantes para el nuevo puesto, pero los otros eran completamente inadecuados para el trabajo, dijo.

“Tuve muchachos que se presentaban para solicitar el puesto pero que no eran deseables en ningún lado”, dijo Kelley. “Uno llegó sucio, con la camisa colgando del hombro. Yo no contrataría a ese tipo en un millón de años”.

Acevedo dijo que temía perder todo desde que Trump asumió el cargo y comenzó a atacar a los inmigrantes.

“De un día para otro, podría desaparecer”, dijo.

Acevedo ingresó ilegalmente al país a fines de los años 90, después de que la combinación de la guerra y una economía arruinada devastara a su país, pero se le concedió el estatus de protección después de que el terremoto de 7.7 grados devastara a El Salvador.

En Valencia Lumber, el “Chato” gana $17 por hora con beneficios médicos y dentales, vacaciones pagadas y días de enfermedad, más un 401 (k). Se casó, tuvo tres hijos, su esposa trabaja en McDonald’s y juntos se compraron una casa. Sus dos hijos mayores ahora son electricistas.

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Esta no es la típica historia que podrías escuchar sobre familias en otros lugares.

“La administración ha inculcado, a propósito, un miedo e incertidumbre increíble”, dijo el profesor de la UCLA, Matt Barreto, quien vio el reciente viaje del gobernador de California, Gavin Newsom, a El Salvador como una forma inteligente de humanizar a los inmigrantes y mejorarla en lugar de forzar las relaciones con Centroamérica.

“Sin duda, esto es un desafío directo de Newson para Trump”, dijo Barreto, “porque Trump está usando todas estas mentiras sobre los centroamericanos y los salvadoreños… Que ellos son la MS-13, que están asesinando personas, que son animales, que la caravana es una invasión”.

Jessica Domínguez, abogada de inmigración en el Valle de San Fernando, dijo que ha visto un pánico generalizado entre sus clientes, incluidos aquellos con estatus legal o protegidos por DACA. Dados los frecuentes arrebatos de Trump, dijo, algunos clientes han expresado temores sobre la presentación de cualquier trámite normal, incluidos los impuestos, por temor a ser atacados.

Kelley, quien se describió a sí mismo como un conservador fiscal y liberal social, dijo que el enfoque de Trump en la frontera no ha sido completamente equivocada.

Kelley dijo que él también cree que Estados Unidos tiene que hacer un mejor trabajo para controlar la inmigración. Pero cree que la naturaleza antagónica y polarizadora de Trump hace que la deliberación reflexiva y el compromiso justo sobre temas complejos sean imposibles y el Congreso no ha sido de gran ayuda.

“Por cualquier cosa que se le critique a él o al gobierno, grita contra una tercera persona diciendo que no ha solucionado el problema y amenaza con despedirlos o socavarlos en el proceso político”, dijo Kelley.

Al amenazar con cerrar el país a la inmigración, dijo Kelley, Trump pudo haber incitado a una oleada de caravanas, a lo cual las agencias federales no están preparadas para manejar. Se pregunta por qué no hay más atención a la vigilancia electrónica que a los muros, y procesos más eficientes para revisar si los solicitantes de asilo tienen casos legítimos, “en lugar de que viajen 2.000 millas para terminar en la frontera y duerman bajo un puente”.

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La abogada de Acevedo, Leah Spivey, dijo estar bastante segura de que recibirá una tarjeta de residencia, pero supuso que podría llevarle un año o más pasar a la siguiente etapa de revisión.

“Fue un día feliz”, dijo Acevedo, cuando se enteró de que está un paso más cerca de no tener que preocuparse por ser expulsado de los EE.UU. Después de 20 años de construir una vida aquí. “Afortunadamente, este es un trabajo donde nos han tratado bien”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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