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El aroma de las palomitas, la pantalla grande: Los aficionados al cine de Los Ángeles por fin tienen su dosis

A young girl walks in tow with an adult woman.
Lulu Gooberman, de 4 años, sigue juguetonamente el patrón de la alfombra mientras ella y su madre, Stephanie Pressman, salen del Teatro El Capitán en Hollywood el viernes. (Allen J. Schaben / Los Angeles Times)
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Como muchos cinéfilos locales, Faris Jalilov no tiene ninguna duda sobre su momento de pandemia más triste: el día en que California cerró las salas de cine.

El 19 de marzo del año pasado, la orden de permanencia en el hogar del gobernador Gavin Newsom le quitó a Faris su mayor refugio, su oasis, su verdadera “iglesia”: el cineplex situado junto a la autopista 5 en el centro comercial Burbank Town Center.

El joven de 17 años tuvo que lidiar con una enorme cantidad de preocupaciones del mundo real, al igual que otros californianos. Vio cómo la mitad de su primer año en el instituto de Burbank se reducía a tristes clases en línea, y su último año se vio amenazado. Un par de sus locales favoritos cerraron, lo que hizo más difícil pasar tiempo con sus amigos. Perdió algunas horas en su trabajo como ayudante del gerente de una pizzería.

Moviegoers wear masks as they watch a film at a Hollywood theater.
Los espectadores ven “Raya and the Last Dragon” de Disney durante la reapertura del teatro El Capitán el viernes. El teatro de Hollywood se limitó a 100 personas, y se bloquearon filas alternas de asientos para crear un espacio delantero y trasero de dos metros. (Allen J. Schaben / Los Angeles Times)
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

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Pero lo peor de todo fue la pérdida de sus peregrinaciones -a menudo tres veces a la semana, o más- al imponente AMC Burbank 16, donde podía ver éxitos de taquilla, dibujos animados y dramas artísticos y mucho más. En lo que parecía un instante, sus sueños del tamaño de un IMAX se habían reducido a una realidad del tamaño de un teléfono inteligente, y eso parecía demasiado para el inmigrante de Kazajstán.

Así que imaginen la alegría sin límites que llegó la semana pasada a Faris y a millones de otros fanáticos del cine cuando las autoridades de Sacramento y Los Ángeles dictaminaron que los cines podían volver a abrir.

“No podía dejar de sonreír”, dijo Faris después de ver “The Croods: A New Age” el jueves por la noche con su hermana de 5 años, su segunda visita al multicine de 16 pantallas la semana pasada. “Estaba tan emocionado. Tan, tan emocionado”.

Tras la última relajación de las órdenes sanitarias por el coronavirus, los californianos celebran los destellos de la vuelta a la normalidad. Para algunos, eso significa una primera comida en el patio con amigos. Para otros, el verdadero alivio llegó cuando volvieron a la máquina de correr del gimnasio o se vacunaron contra el COVID-19. Inevitablemente, las fotos se subieron a Facebook o Instagram.

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Pero para muchos de los habitantes de Los Ángeles, sede de estudios de renombre mundial y punto de atracción para los cinéfilos, la reapertura de las salas de cine fue más grande y mejor que todos esos otros hitos. Aunque las normas de salud pública exigían que el 75% de las butacas permanecieran vacías, los fanáticos del cine de Los Ángeles estaban encantados de vivir la experiencia de sentarse, con desconocidos, en la oscuridad.

“El olor a palomitas cuando entré en el vestíbulo, fue algo tan profundo”, dijo Britton Buchanan, de 21 años, al salir de una proyección de “Judas and the Black Messiah” el jueves por la noche en Burbank.

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Reabren las salas de cine con su tiendas de golosinas también.

Buchanan, un cantante profesional que fue subcampeón del concurso de canto televisivo “La Voz” en 2018, llevaba meses conduciendo hasta el condado de San Bernardino para conseguir su dosis de pantalla grande en un autocine. Pero no era lo mismo.

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“Fue algo tan emotivo volver a un cine de verdad”, dijo Buchanan. “Siento que ir al cine forma parte de nuestra conciencia colectiva. Es algo tan comunitario. Regresar por fin fue como volver a casa”.

La reapertura del cine fue especialmente dulce para los padres, después de meses de intentar mantener a los niños felices y sanos bajo llave.

Lisa Ocampo condujo desde Santa Ana hasta Hollywood el viernes para llevar a su hija de 12 años y a sus hijos, de 10 y 6, al Teatro El Capitán para ver “Raya and the Last Dragón” de Disney.

A movie theater host sits in a ticket booth at an ornate theater on the Hollywood Walk of Fame
Brenden Perella, presentador del teatro El Capitán de Hollywood, trabaja en la taquilla mientras los espectadores llegan a ver “Raya and the Last Dragón”, el viernes. (Allen J. Schaben / Los Angeles Times)
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

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“Me preocupaba la parte emocional de todo lo que ha pasado, cómo estaban todos en la pandemia”, dijo Ocampo. “Así que estar aquí significa mucho. Les hace salir de casa y es un momento familiar.... Es muy importante estar en este lugar”.

¿Y sus hijos? Kathylene, de 12 años, calificó la experiencia con un “10". Gabriel, de 10 años, asintió con la cabeza. Saltando de puntillas, Christopher, de 6 años, dijo: "¡Un 100!”.

Moviegoers spread out by rows at a theater.
Los espectadores se dispersaron debido a las restricciones de COVID-19 durante la reapertura de El Capitán Theatre el viernes.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Los ingresos de las salas de cine habían disminuido tanto, incluso antes de la pandemia, que los expertos de la industria se preocupaban por el posible fin de los grandes estrenos en las salas. Los cierres por motivos de salud pública eran lo último que necesitaba la industria -desde los grandes cines corporativos hasta los íntimos cines de arte-, expuso Jeff Bock, analista principal de medios de comunicación de Exhibitor Relations, que hace un seguimiento del rendimiento de las películas y otros medios.

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“Nos enfrentamos a una gran prueba de confianza del consumidor en la industria en este momento”, manifestó Bock. "¿Está la gente preparada, después de este acontecimiento traumático, para volver a entrar en una caja abarrotada y oscura, con gente alrededor que no conoce?”.

El filme “Raya and The Last Dragon” se puso a la cabeza de la taquilla de Estados Unidos en su tercer fin de semana consecutivo al recaudar, hasta este domingo, 5.2 millones de dólares en las más de 2 mil salas que hay abiertas en el país.

Pero los empleados de los cines, tan entusiasmados como los aficionados que volvieron la semana pasada, sostienen que las salas de cine van a seguir teniendo público.

“Es la alegría. Es pura alegría. Eso es lo que ha vuelto esta semana”, dijo James Wood, director general de El Capitán, mientras veía a los Ocampo y a otros pasear por el lujoso vestíbulo, un año después de que el emblemático cine se quedara a oscuras. “Ir al cine ha sido mi actividad favorita desde que era un niño. Y lo mismo ocurre con muchos de estos aficionados. Cuando entras en el cine, cualquier problema que tengas en tu vida se desvanece”.

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James Wood stands in a suit and a mask with his arms crossed in front of El Capitan Theatre, with its sign lighted up
“Es alegría. Es pura alegría”, dice James Wood, director general del legendario Teatro El Capitán de Hollywood, que reabrió la semana pasada con las medidas de seguridad de COVID-19. (Allen J. Schaben / Los Angeles Times)
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

El Capitan, como se le llama cariñosamente, es uno de las docenas de teatros que han reabierto en todo el sur de California, aunque muchos más siguen a oscuras. Y este local de Hollywood, de 95 años de antigüedad, fue aún más cauteloso con sus protocolos de seguridad, permitiendo la entrada de solo 100 espectadores en el teatro de estilo barroco español con 1.000 asientos. Después de cada proyección, los trabajadores limpiaron los asientos y los reposabrazos. En el vestíbulo había botellas de desinfectante para manos.

La escena era muy parecida en el cineplex de Burbank, donde una trabajadora limpiaba los pasamanos de las escaleras mecánicas. A su alrededor, los aficionados salían del cine en un crepúsculo soleado.

Brian J. Patterson, un actor de 46 años, llevaba consigo una gigantesca bolsa de palomitas y se esforzaba por explicar por qué los cines significan tanto.

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“Volver a entrar en una sala de cine es una experiencia tan grande que es difícil siquiera resumirla”, dijo Patterson, que llevaba un conjunto de la Mujer Maravilla, con una cubierta para la cara, una camiseta, zapatos y muñequeras para ver “Wonder Woman 1984".

“Es casi un rito por el que debes pasar para la cultura estadounidense. Cuando vas allí, vas a rendir homenaje a cosas que parecen más grandes que la vida”.

Puede que a veces le cueste encontrar su próximo papel como actor. Pero Patterson aviva su pasión escribiendo ensayos para su sitio web, ¿What Would Wonder Woman Do? Y sigue oteando el horizonte en busca de su momento decisivo. “Quiero decir”, concluye Patterson, “ir a ver las películas y toda la industria del cine, es simplemente mágico”.

Faris y los demás madrugadores del cine están de acuerdo.

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Faris Jalilov with his sister, Salma, 5.
Faris Jalilov, de 17 años, con su hermana Salma, de 5, en la puerta del cineplex AMC de Burbank, donde vieron “Raya and the Last Dragon” la semana pasada. Faris se puso triste cuando la pandemia obligó a cerrar los cines el año pasado. Ahora que han vuelto a abrir, dice, “estaba muy emocionado. Tan, tan emocionado”. (Jim Rainey / Los Angeles Times)
(Jim Rainey / Los Angeles Times)

Faris se había enamorado de las películas americanas, especialmente de los éxitos de taquilla de los cómics, antes de empezar la escuela primaria en los suburbios de la mayor ciudad de Kazajstán, Almaty. Cuando la familia vivía en un barrio conflictivo, el joven Faris se sentía nervioso, pero nunca en verdadero peligro. ¿Por qué? Porque, en su imaginación, el “Hombre de Hierro” de Marvel siempre venía a salvarle.

Riendo, el adolescente recuerda: “Pensaba que Iron Man vendría volando desde su mansión en la playa de Malibú para protegerme”.

Así que cuando su familia se mudó a Los Ángeles, alojándose primero en un Airbnb cerca del cartel de Hollywood, le pareció un sueño. Su vida de fantasía se amplió cuando empezó a ver actores, incluidas algunas estrellas, que se detenían a ver sus películas en los cines de Burbank. Pronto se apuntó a clases de interpretación en una escuela de artes escénicas de Santa Clarita.

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El lunes, en su primer día de regreso al AMC Burbank 16, Faris dijo que vio al director Christopher Nolan, aparentemente para ver su thriller de acción de ciencia ficción “Tenet”. Le dijo al premiado director lo mucho que admiraba su trabajo.

"¿Qué tan genial es eso?”, dijo Faris. "¡Imagínate, ir a un cine a ver una película que has hecho tú!”.

Finalmente, tras un año de cierre obligatorio debido a la pandemia, muchas de las salas de cine de California (sobre todo las comerciales) volvieron a la vida, con un aforo reducido y diversas restricciones en vista de que la emergencia sanitaria no se encuentra todavía resuelta.

El adolescente confiesa que su familia ha sido afortunada durante la pandemia. Tanto él como sus hermanos y padres dieron positivo en las pruebas del coronavirus hace más de un año, pero ninguno de ellos sufrió ningún síntoma. Su padre conservó su trabajo como camionero, con una reducción de horas solo durante una semana. Y el único amigo cercano que desarrolló un caso completo de COVID-19 recuperó su salud en pocos días.

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Lo que Faris no podía soportar era la ausencia de sus viajes al cine, a menudo solo, pero nunca en soledad.

“Sinceramente, lo mejor que ha pasado en todo el año ha sido esto, cuando por fin han reabierto”, dijo Faris. “Tenía más ganas de que volvieran a abrir los cines que las escuelas. El cine lo es todo para mí".

Para leer esta nota en inglés haga click aquí


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