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Comic-Con vuelve este fin de semana a San Diego, ¿pero dónde están los vendedores de cómics?

A man in a comic book store holds up a copy of "The Amazing Spiderman" in a plastic sleeve
Comic-Con es un gran evento para los vendedores de cómics como Jamie Newbold, propietario de Southern California Comics en San Diego.
(Eduardo Contreras/The San Diego Union-Tribune)

Jamie Newbold is as seasoned a seller at San Diego’s Comic-Con International as they come.
Jamie Newbold es un vendedor experimentado en el Comic-Con International de San Diego.

El oficial de policía retirado comenzó a vender números antiguos en la convención de cómics más grande del mundo en 1975, mucho antes de abrir su tienda especializada en el sur de California, en 1998. Cree que es uno de los últimos distribuidores originales de Comic-Con, que en el transcurso de cuatro días -más una noche de anticipo- normalmente atrae a legiones de fans, muchos de ellos involucrados en elaborados cosplay, que buscan conocer a sus artistas y autores favoritos, sentarse en paneles con famosas estrellas de cine y TV y pasear por puestos de exhibición llenos de valiosas ediciones de revistas y libros de cómics.

Pero el año pasado, después de que Newbold ya había adquirido un valioso inventario para vender en la convención, el aumento de casos de COVID-19 obligó a la cancelación de la edición en persona de Comic-Con para 2020. Su semana de mayores ventas del año había desaparecido; “Fue un gancho al hígado”, confesó.

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Los eventos virtuales organizados por Comic-Con no fueron lo mismo para Newbold. Y cuando también se canceló la convención en persona de este verano, pensó que 2021 sería otro año perdido. Pero este fin de semana, un evento presencial más pequeño, de tres días, titulado Comic-Con Special Edition regresa al Centro de Convenciones de San Diego. A pesar de que la reunión se llevará a cabo en un fin de semana festivo y sin la aglomeración habitual de multitudes de verano (se estima que la asistencia llegó a 167.000 en los últimos años), los propietarios de tiendas de cómics como Newbold esperan ansiosos la vuelta de un programa ‘en la vida real’; incluso aunque muchos de ellos no asistirán.

“Necesito el evento de Comic-Con”, afirmó Newbold. “La mayoría de nosotros, los distribuidores en ediciones anteriores, necesitamos ese programa porque es una verdadera fuente de ingresos. Es una gran parte de mi negocio”.

Sin embargo, Newbold dice que él y la mayoría de los distribuidores de ejemplares antiguos que conoce en todo el país no asistirán esta vez. “No es conveniente”, expresó. “Es terriblemente caro cuando vas por una semana, pero es práctico porque también toma una semana ganar la cantidad de dinero que hacemos allí. No hay forma de justificar el traslado del material, por ejemplo desde Nueva York, para una convención de dos días y medio en la que cobran tanto por un puesto”.

Incluso mover el inventario solo unas pocas millas, relató Newbold, es una molestia logística para una convención reducida de la cual se desconoce la participación.

Al comerciante no le preocupa perder ingresos. Siente que su tienda ganó lo suficientemente bien este año como para compensar la pérdida.

No importa la época del año, la energía de Comic-Con prospera en las tiendas de cómics del sur de California, espacios profundamente entrelazados con su cultura.

A woman, left, and a man talk in a comic book store
La empleada Becky Cossin, izquierda, ayuda al cliente Brian Hubbard, derecha, en Southern California Comics en San Diego.
(Eduardo Contreras/The San Diego Union-Tribune)

“Comic-Con comenzó con una variedad de expositores, los principales eran los minoristas de cómics”, remarcó David Glanzer, director de comunicaciones y estrategia de la organización. “Eso continúa hasta el día de hoy. Por supuesto, la industria ha cambiado mucho en los últimos 50 años con los cómics digitales, la venta minorista en línea y otros factores. Pero los cómics han sido y siguen siendo uno de los principales focos de nuestro evento”.

Aproximadamente una milla al noreste del Centro de Convenciones de San Diego, escondida en la esquina de F Street y 11th Avenue, se encuentra una de las tiendas de cómics más nuevas de la ciudad: Now or Never Comics.

En una reciente mañana de viernes, a principios de noviembre, el lugar comienza a despertar. Frankie Carreño está detrás de la caja registradora y saluda a los pocos clientes que entran. Zach Norris organizó las historietas en contenedores y estantes cercanos. En una pantalla de televisión en la parte trasera se reproduce “El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo”.

El dueño de la tienda, Aaron Trites, abrió el sitio de dos pisos en diciembre de 2018. Según él mismo, Comic-Con fue una de las principales razones por las que se mudó a la ciudad del sur de California desde Boston. “Tenía grandes esperanzas de estar cerca de la convención”, comentó, “y definitivamente estoy ansioso de que regrese, para que podamos tener un poco de tráfico adicional de clientes con el evento”.

Aunque todavía está entendiendo cómo afecta la convención a los negocios, algo de eso pudo comprobarlo en 2019. “En ese tiempo, nuestro primer año en Comic-Con fue, por lejos, la semana de mayores ventas que hemos tenido en los tres años que llevamos abiertos”, señaló. Los ingresos superaron el triple de las ventas mensuales promedio de la tienda.

Pero cuando la pandemia azotó, en 2020, el miedo y la incertidumbre prevalecieron. La industria del cómic se paralizó durante casi tres meses, sin nuevas ediciones –“el pan de cada día del mundo del cómic”, dice- en abril, mayo o junio. Trites, tal como Newbold y otros, se vio obligado a cambiar para mantenerse a flote: amplió su selección de cómics antiguos, aumentó las ventas en EBay, impulsó las promociones en las redes sociales y ofreció entregas en la acera.

Comic books arranged by category, including "western," "war" and "horror"
Frankie Carreño organiza un inventario en Now or Never Comics, en San Diego.
(Eduardo Contreras/The San Diego Union-Tribune)

Sin embargo, para su sorpresa, incluso cuando los fanáticos de las historietas lamentaron la cancelación de Comic-Con durante dos años consecutivos, su espíritu fue firme: las semanas en las que se suponía que iba a ocurrir la convención fueron las de mayor venta del año en la tienda.

“Incluso sin el evento, todo el mundo tenía la sensación de que el programa estaba vivo esa semana; todos seguían en el espíritu del Comic-Con”, remarcó Trites. Los clientes se presentaron con camisetas, gorras e insignias de eventos anteriores.

Para la comunidad de fanáticos, el espectáculo continuaría. “Es muy agradable ver lo arraigada que está la convención en la ciudad”, comentó. “No es solo el circo ambulante que recorre esta zona una vez al año y luego desaparece. Es parte del ADN de la ciudad”.

Lo que traerá el Comic-Con de este año es una incógnita, pero la gente del comercio minorista no espera demasiado dado que las personas saldrán de la ciudad para pasar las vacaciones de Acción de Gracias con amigos y familiares.

La temporada de viajes del año pasado se interrumpió debido a una creciente oleada invernal del virus, pero los expertos ahora estiman que unos 3.8 millones de californianos del sur conducirán fuera de la ciudad este año. Para Trites, “cualquier evento es mejor que ninguno”.

A pesar de todo eso, Robert Estigoy no se dejará disuadir.

A man puts a comic book on a shelf filled with more comic books
Robert Estigoy, subdirector de Comics-N-Stuff, venderá sus cómics de edición limitada en Comic-Con este año.
(Eduardo Contreras/The San Diego Union-Tribune)

Como subgerente de Comics-N-Stuff en Chula Vista, Estigoy estará en el piso de exhibición junto con su compañera e ilustradora Asia Estigoy, vendiendo sus cómics de edición limitada, incluyendo su más conocida, “Peaburt’s Big Adventure”, y mercadería asociada. Pero la tienda minorista para la que trabaja, que ha exhibido en la convención durante casi 20 años, no asistirá esta vez.

Estigoy confía en que las personas que no asistan al evento pasarán por la tienda, tal como lo han hecho durante años. “Los negocios de cómics y coleccionables son entornos minoristas tradicionalmente más grandes, por lo cual les brinda a quienes no obtienen boletos esa experiencia de Comic-Con durante la convención y todo el año”, destacó.

Un viernes por la tarde, Shawnee Myers hojeaba los estantes y contenedores de Southern California Comics, un almacén industrial discreto escondido dentro de un callejón sin salida de San Diego. Letreros y murales de superhéroes cubrían las paredes y colgaban del techo. La música de jazz sonaba en un altavoz cercano.

Two men talk surrounded by shelves filled with comics
Jamie Newbold, izquierda, y Dennis Schamp hablan de negocios en Southern California Comics.
(Eduardo Contreras/The San Diego Union-Tribune)

El botín que lleva la residente y cliente semanal de San Diego incluye ediciones de cómics de “Batman”, la serie de ciencia ficción y fantasía “By the Horns” y el apocalíptico “Penny for Your Soul: Death”.

Myers asistirá al evento Comic-Con Special Edition de este año junto con su esposo, y está decepcionada al saber que su tienda de cómics local favorita no estará vendiendo allí. “Es triste que no esté, pero entiendo totalmente el por qué".

Algunos consideran el evento de este fin de semana como una transición al resurgimiento del Comic-Con, el próximo año. “[Las tiendas de cómics] son realmente una parte de nuestra cultura”, enfatizó Glanzer. “Mientras existan los cómics, estarán en el corazón de nuestra organización”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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