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L.A. Affairs: Mientras tomábamos una cerveza IPA, le dije que mi madre se estaba muriendo

L.A. Affairs: Mientras tomábamos una cerveza IPA, le dije que mi madre se estaba muriendo
L.A. Affairs: Mientras tomábamos una cerveza IPA, le dije que mi madre se estaba muriendo.
(Sawsan Chalabi / For The Times)

En los calurosos meses de verano tras graduarme de la universidad y después de que le dijeran a mi madre que su cáncer de sangre había regresado, ella y yo pasamos una cantidad insana de tiempo en Hinge y Bumble.

Después de largos días llenos de conversaciones aterradoras con oncólogos y transfusiones de sangre, nos sentábamos en su edredón de flores y nos desplazábamos a través de fotos de 4 por 6 pulgadas de hombres.

“No mamá, no quieres salir con un contador”. Un no para ella. “No Becca, necesitas un hombre mayor”. Un no para mí.

Esta escena no era nueva para nosotras. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 14 años y mi madre y yo nos convertimos en improbables compañeras de crimen: una adolescente y una mujer de mediana edad que se unían en torno a los galanes y el desamor. Emprendimos juntas el viaje: dos búsquedas paralelas del amor.

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Sin embargo, por muy inútiles que fueran nuestros intentos de romance, todo se convirtió en un vínculo entre nosotras, compartiendo M&M’s de mantequilla de cacahuete y riéndonos de las pruebas y tribulaciones de salir en citas.

Cuando mi madre se puso realmente enferma en el otoño de 2019, cerró por completo la posibilidad de amar. Para entonces estaba en mi primer año de posgrado anhelando mi primer amor verdadero, pero con mi madre tan enferma se sentía extraño continuar el viaje sin ella.

“Deberías volver a salir en citas”, me dijo mi mamá una mañana de noviembre mientras le daba de comer trocitos de hielo y me quejaba de los hombres.

Fue entonces cuando decidí que le daría a Morgan mi número de teléfono.

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Con sus cejas y ojos oscuros, me había atraído inmediatamente. Trabajaba como barista en la cafetería que yo frecuentaba antes de las clases todos los jueves. Una tarde gris, con el corazón palpitante, le entregué una nota adhesiva rosa con mi número de teléfono.

Tuvimos nuestra primera cita en lo que más tarde sabríamos que era el mismo día del último intento de tratamiento de inmunoterapia de mi madre. Resulta que su aspecto melancólico me había engañado. Era amable y genuino.

We collected some of our favorite L.A. Affairs columns — which run weekly in the Los Angeles Times, and chronicle the ups and downs of dating in Los Angeles and the search for love — into a new book. Here’s a sneak peek at a few of the columns you’ll find inside. Hint: The book would make a fab V-Day gift!

Durante las siguientes semanas tuvimos algunas citas en bares de la ciudad, comimos ramen y condujimos por las colinas de Los Ángeles. Después de cada cita, iba al Centro Médico Ronald Reagan de UCLA y le contaba los emocionantes detalles a mi madre.

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Le encantaba verme tan risueña. Siempre quiso asegurarse de que tuviera una vida normal de veinteañera mientras estaba en tratamiento, instando e insistiendo en que saliera y me divirtiera. Pero era doloroso compartir mis aventuras románticas sabiendo que ella estaba allí sola.

En nuestra cuarta cita, le pedí a Morgan que me recogiera en el hospital. En lo que nos tomábamos una cerveza IPA amarga le dije que mi madre se estaba muriendo. Ese verano había tenido otras citas mientras mi madre estaba enferma y se lo había contado a los chicos, y definitivamente había asustado a muchos, así que empecé a proteger un poco más esa parte de mí.

Look, I’m 37 and in a no-B.S. zone. What you see is what you get. I’m at the point in my life where I’d rather get everything out on the table on Day One so there are no unwanted surprises.

Esperaba que eso también asustara a Morgan. En cambio, me cogió la mano y me dijo: “No puedo imaginar lo difícil que debe ser”.

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Mi madre falleció una semana después. Me quedé paralizada por el shock y la indecisión. Morgan se presentó en mi puerta con gaseosas de frambuesa. No hablamos mucho, pero me recosté contra su pecho en esta nueva realidad mientras pasaba sus dedos suavemente por mi cabello hasta que me quedé dormida.

Los dos meses siguientes fueron una mezcla de dolor e incertidumbre mientras nos ocupábamos de todas las estresantes necesidades que siguen a una muerte: planificar el funeral y el shiva, viajar para enterrar a mi madre en Nueva York, donde se había criado.

Estuvo allí después de que yo volví de Nueva York. Estuvo allí después del año nuevo, el primer año que pasé sin ella. Estuvo allí cuando la pandemia golpeó y el mundo se llenó de dolor e incertidumbre.

He anhelado compartir esta experiencia loca de enamorarme por primera vez con mi madre. Tras conocer a los amigos de Morgan en una fiesta, cogí instintivamente mi teléfono en el baño para llamarla. Unos meses después de su muerte, se presentó en mi apartamento de Koreatown con bolsas de papel marrón llenas de carne picada, pan rallado panko y perejil. Luego llamó a su madre, que vive en el norte del estado de Nueva York, y la puso en altavoz para que nos guiara en la preparación de sus albóndigas italianas.

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No podía dejar de pensar en cómo sería el encuentro entre mi madre y Morgan.

Morgan y mi madre no podrían ser más diferentes. Mi mamá era cautelosa y controladora; Morgan irradia libertad e intrepidez. Pero cuando estoy con él, a menudo siento su espíritu: un sutil resplandor de calidez y consuelo.

Hace poco celebramos un año juntos. Un año con él. Un año sin ella. El dolor todavía se filtra en todo. Hay rabia fuera de lugar. Añoranza, falta, la pérdida de uno mismo.

Pero lo que está más presente es el miedo.

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¿Cómo puedo amar si tengo la certeza de que el amor siempre se pierde?

A veces comparto mi miedo existencial con Morgan, insegura de cómo conciliar el hecho de que todo acaba finalmente.

Sin embargo, de alguna manera él me muestra que, a pesar de la pérdida inevitable, debo abrazar el amor, abrazar la incertidumbre, abrazar este momento.

Creo que mi madre estaría de acuerdo.

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La autora es una graduada de la USC y periodista de audio. Puede encontrarla en Twitter @rebeccaerinkatz y en Instagram @beccakatzz

L.A. Affairs narra la búsqueda del amor romántico en todas sus gloriosas expresiones en el área de Los Ángeles.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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