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Internacional

Medicamentos contra el coronavirus: ¿En qué punto estamos, y qué sabemos?

Chloroquine and hydroxychloroquine tablets
Un trabajador de la salud sostiene paquetes de cloroquina e hidroxicloroquina, dos medicamentos existentes que se están probando como tratamientos para el COVID-19.
(Gerard Julien / AFP/Getty Images)

Aquí hay un vistazo más de cerca a algunos de los medicamentos que se están probando, para evaluar su efectividad contra el COVID-2

Los medicamentos diseñados para tratar el COVID-19 no estarán en las farmacias por meses o incluso años, pero miles de pacientes lo esperan en hospitales y clínicas de salud ahora. Por lo tanto, los médicos están buscando drogas que ya estén aprobadas para tratar otras enfermedades.

La malaria, el VIH y la artritis no parecen tener mucho en común con el SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus que sacudió el mundo en sólo unos pocos meses. Pero los medicamentos desarrollados para esas dolencias guardan una cierta promesa contra la enfermedad respiratoria clave de esta pandemia.

Aquí hay un vistazo más de cerca a algunos de los medicamentos que se están probando, para evaluar su efectividad contra el COVID-2.

Salud
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Cloroquina

Este medicamento se ha utilizado para tratar pacientes con malaria durante casi un siglo. Es una versión sintética de la quinina, un compuesto natural que se extrae de la corteza de los árboles de cinchona desde principios del siglo XVII.

La cloroquina funciona disminuyendo esencialmente la eficacia del virus al ingresar a las células, lo que puede reducir la tasa de replicación, afirmó Karla Satchell, microbióloga de la Facultad de Medicina Feinberg, de la Universidad Northwestern. Para combatir la malaria, esencialmente ayuda a envenenar el sistema digestivo de algunos parásitos sanguíneos del género Plasmodium, que se transmiten a los humanos a través de mosquitos infectados.

COVID-19 es causado por un coronavirus, no un parásito. Aún así, los investigadores plantearon la hipótesis de que la cloroquina podría ayudar a los pacientes con la nueva enfermedad al disminuir la propagación del virus.

Básicamente funciona al reducir la capacidad del virus de usar ciertos compartimentos en una célula (llamados vacuolas) para entrar dentro de su objetivo. Es como tener un cerrojo adicional en la puerta principal, aunque no evita que el patógeno derribe la puerta. Se debe pensar en ello como una forma de “aplanar la curva” dentro del cuerpo, dando tiempo al sistema inmunológico para ponerse al día.

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Alrededor de dos docenas de ensayos clínicos ya están en marcha en China para evaluar la eficacia de la cloroquina contra el nuevo coronavirus. Los primeros resultados muestran que, al parecer, reduce la tasa de replicación del virus. Algunos investigadores sugieren que su capacidad para modular el comportamiento del sistema inmune puede permitirle mitigar las llamadas ‘tormentas de citoquinas’, una reacción exagerada -y potencialmente mortal- a la enfermedad, que puede provocar insuficiencia orgánica.

La cloroquina tiene varias ventajas incorporadas. Ya se sabe que es segura en humanos (aunque puede causar envenenamiento a niveles de sobredosis) y es barata.

El presidente Trump, quien el jueves solicitó a la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) que examine su viabilidad como tratamiento contra el COVID-19, la respalda. Y en la investigación preclínica, se ha demostrado que es eficaz contra infecciones virales como el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), el síndrome respiratorio de Medio Oriente (MERS) y el VIH.

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Hidroxicloroquina

Como puede suponer, este medicamento está estrechamente relacionado con la cloroquina. Es un metabolito potencialmente menos tóxico del medicamento contra la malaria que se usa para tratar ciertas enfermedades autoinmunes, como el lupus y la artritis reumatoide.

Los científicos creen que funciona al interrumpir las comunicaciones entre las células del sistema inmunitario. Al igual que la cloroquina, los científicos creen que podría ayudar a mitigar las tormentas de citoquinas.

Los médicos lo están probando en pacientes con COVID-19 con la teoría de que, si la cloroquina es útil, la hidroxicloroquina también podría serlo, y los resultados recientes de laboratorio parecen respaldarlo. Al menos siete ensayos clínicos se iniciaron en China para evaluar la sustancia en pacientes con COVID-19, y la Universidad de Minnesota también inició uno propio esta semana.

“Después de 90 días tendremos alguna indicación de si esto funciona o no”, y qué tan efectivo podría ser, observó el Dr. Jakub Tolar, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Minnesota.

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Los primeros resultados en China son prometedores; demuestran que la sustancia inhibió las infecciones por SARS-COV-2 en laboratorio.

Al igual que la cloroquina, la hidroxicloroquina ya se considera como segura para su uso en humanos y está en el mercado desde la década de 1950.

La solicitud de Trump de que la FDA investigue la cloroquina también incluye la hidroxicloroquina. El mandatario tuiteó un respaldo de un informe preliminar de Francia en el que seis pacientes fueron tratados con hidroxicloroquina junto con el antibiótico azitromicina.

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Kaletra

Esta combinación de dos medicamentos antivirales, lopinavir y ritonavir, se usa para combatir el VIH. Está ampliamente disponible, y varios ensayos clínicos en todo el mundo están en marcha.

Los dos medicamentos, ambos inhibidores de la proteasa, tienen roles diferentes pero complementarios cuando se usan en combinación. El lopinavir evita que las enzimas virales corten proteínas importantes que son clave para la reproducción del VIH. El ritonavir ayuda a aumentar las concentraciones de lopinavir en las células.

Los científicos se preguntan si la dupla podría interrumpir el ciclo de vida del SARS-COV-2 de manera similar.

Pero un estudio publicado esta semana en New England Journal of Medicine no reportó beneficios para los pacientes con COVID-19 graves. Si bien no son buenas noticias para las perspectivas de la droga, un editorial que acompaña la publicación calificó el trabajo como un “esfuerzo heroico”. Y, para ser claros, fue sólo un estudio; otros ensayos eventualmente podrían proporcionar más datos.

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Losartan

Este medicamento para la hipertensión reduce la presión arterial al evitar que una hormona llamada angiotensina se una a los receptores en los vasos sanguíneos, lo que les permite mantenerse relajados.

Los científicos plantearon la hipótesis de que el losartán podría ayudar a los pacientes con COVID-19 porque, como bloqueador del receptor de angiotensina, obstruye el sitio a través del cual el virus ingresa a las células, explicó Tolar.

Este medicamento completa la trifecta de tratamientos que los investigadores de la Universidad de Minnesota están sometiendo a ensayos clínicos; aún no han comenzado a reclutar sujetos, según los NIH.

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Otros enfoques

La reutilización de medicamentos que ya están en el mercado (o al menos, que se comprobaron como seguros) es un buen primer paso para combatir un virus nuevo, pero es algo así como un instrumento desafinado, señalaron los científicos.

Es por eso que los investigadores también estudian el virus en profundidad para intentar desarrollar tratamientos más personalizados desde lo básico, o al menos, un poco más cerca del nivel inferior.

El centro de Satchell está tomando esta ruta al estudiar en profundidad las proteínas del virus y otras estructuras, y diseñando medicamentos para combatirlas. Actualmente, apuntan a las fábricas moleculares que los virus configuran para crear más copias de sí mismos.

“Si simplemente te dirigieras hacia una máquina y metieras un destornillador en alguna parte, esta dejaría de funcionar”, ejemplificó. El truco es averiguar dónde colocar el destornillador y cómo debería verse. “Y eso es lo que estamos tratando de hacer”.

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La ventaja de ello es que se obtiene un medicamento que esencialmente hace exactamente lo que se desea. El inconveniente es que los científicos deben comenzar desde cero, y llevarlo al público puede tomar un poco más de tiempo; tal vez dos años, estimó Satchell.

Afortunadamente, los científicos también pueden recurrir a la investigación de otros coronavirus, como los que causaron el brote de SARS en 2003, y el de MERS en 2012. Esos eventos ocurrieron y finalizaron tan rápido que la investigación prometedora fue en gran medida abandonada antes de que se pudieran desarrollar drogas apropiadas y ponerlas a disposición .

Dado que los tres coronavirus son genéticamente muy similares, ese trabajo preliminar podría ayudar a los científicos a desarrollar armas contra el COVID-19 y acortar el proceso a alrededor de 12 a 18 meses, anticipó Satchell.

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Continuar esta investigación incluso después de que termine la pandemia actual será clave para prevenir futuros brotes, anticipó.

Después de todo, hay que considerar la investigación descontinuada acerca del SARS y del MERS. Si ese trabajo hubiera dado medicamentos efectivos, podríamos tener un tratamiento para COVID-19 hoy, señaló.

Del mismo modo, el trabajo que se está realizando sobre el SARS-CoV-2 podría resultar útil cuando se produzcan brotes futuros, aún si los patógenos que los causan son ligeramente diferentes. “Espero que una de las lecciones de esto sea que la investigación debe continuar, incluso si la crisis desaparece”, reflexionó.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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