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México

Creció en un orfanatorio mexicano, ahora recauda millones para ayudar a otros

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Rocío Martínez Pérez, de 23 años, quien creció y aún vive en el orfanatorio Hacienda, abraza a una niña en el mismo lugar el miércoles 30 de octubre de 2019 en Tijuana, México.
(Hayne Palmour IV/The San Diego Union-Tribune)

Hilda Pacheco-Taylor creció en un orfanatorio en las afueras de Ensenada. Su organización sin fines de lucro, Corazón de Vida, ayuda a mantener diez orfelinatos en Baja California y a más de 500 niños

Hilda Pacheco-Taylor todavía tiene buenos recuerdos de haber crecido con otros 100 niños en un orfanatorio en las afueras de Ensenada.

Tenía tres comidas calientes al día, su propia cama, la escuela pagada y un sistema de apoyo que ayudó a una niña de Baja California a crecer y convertirse en la directora de operaciones de una alianza comercial con sede en Irvine.

Así que, cuando Pacheco-Taylor regresó a visitar el hogar de su infancia a mediados de la década de 1990, se sorprendió al ver lo mal que se habían puesto las cosas. Los edificios habían caído en un estado de deterioro, el personal no había cobrado en meses, y el orfelinato que una vez albergó a 100 niños se había reducido a 30 y apenas tenía dinero suficiente para alimentarlos.

“Fue muy triste verlo”, dijo. “Al principio no podía entender por qué estaba pasando eso”.

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Resultó que los misioneros estadounidenses que dirigían el lugar se habían retirado. Durante años, esos misioneros cultivaron una red de donantes en Estados Unidos. Una vez que se fueron, esas conexiones se perdieron y el dinero se agotó.

En México, los orfanatorios son en su mayoría privados y dependen de donaciones externas para mantenerse abiertos. Aunque se registran en el gobierno, reciben poco apoyo financiero del estado.

Cuando Pacheco-Taylor vio eso, decidió hacer algo al respecto.

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Ella regresó a Irvine y les pidió a sus compañeros de trabajo que hicieran donaciones. Su reacción fue más de lo que Pacheco-Taylor esperaba. Ellos le ofrecieron apadrinar niños y ayudarla a organizar más eventos para recaudar fondos.

Hoy en día, el esfuerzo de Pacheco-Taylor para ayudar a un orfanatorio se ha convertido en una organización sin fines de lucro que apoya a diez orfanatorios y a más de 500 niños en Baja California.

Habrá música en vivo, venta de comida, una área infantil y pintura de calabazas, en este festival a realizarse en el Griffith Park

Esa organización sin fines de lucro, Corazón de Vida, ha recaudado millones de dólares no sólo para ayudar a los orfanatorios a mantenerse abiertos, sino también para ampliar los servicios mediante el financiamiento de proyectos de construcción y la creación de una beca universitaria para ayudar a los niños a salir adelante en la vida.

“Realmente no me puse en marcha con una visión grandiosa”, dijo Pacheco-Taylor. “Todo lo que esperaba, era un medio para ayudar a los niños”.

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Hilda Pacheco-Taylor es la fundadora de Corazón de Vida, una organización sin fines de lucro que apoya orfanatorios en México.
(Courtesy photo)

El sábado, la organización sin fines de lucro celebró su gala anual de recaudación de fondos en el Hotel del Coronado.

La organización cuenta con una amplia red de donantes que pueden ver exactamente hacia dónde va su dinero. La organización sin fines de lucro lleva a la gente de visita a los orfanatorios, proporciona a los donantes información actualizada sobre los proyectos de construcción y se reúne con los niños para ver qué impacto tienen sus contribuciones a nivel individual.

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“Los donantes han visto crecer a los niños de pequeños a adolescentes y a graduados universitarios”, dijo Pacheco-Taylor. “Es una oportunidad única para ver la diferencia que estás haciendo con tu voluntariado”.

Por ejemplo, en el Orfanatorio Sion en Tijuana, Corazón de Vida recientemente pagó 100 mil dólares para construir un nuevo dormitorio para hasta ocho recién nacidos.

La directora del orfanatorio, Carmen González, ya ha comprado cientos de pañales para cuando los niños lleguen a mediados de diciembre.

Esos ocho niños se sumarán a los 62 que ya viven en el orfanatorio Sion, que González ha operado durante los últimos 22 años. Más de 1.500 niños han pasado por su cuidado y González piensa en cada uno de ellos como sus hijos.

“No somos un orfanatorio”, dijo. “Somos una familia”.

Cada Día de la Madre, González se despierta con docenas de niños cantando y tocando la guitarra fuera de su ventana. Antes del desayuno, los pequeños hacen fila para darle tarjetas escritas a mano. Bueno, la mayoría de ellos en todo caso.

“Los que no saben escribir sólo garabatean en un pedazo de papel”, dijo.

Más recientemente, los adultos que crecieron en el orfanato regresan a visitar a sus propios hijos, que ahora se refieren a González como abuela.

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Carmen González, directora del orfanatorio de Sión, se encuentra entre las cunas de bebés, que están listas para ocho bebés recién nacidos, en el orfanatorio el miércoles, 30 de octubre de 2019 en Tijuana, México.
Carmen González, directora de la Casa Hogar Sion, se encuentra entre las cunas de bebés, que están listas para ocho recién nacidos, en el orfanatorio el miércoles, 30 de octubre de 2019 en Tijuana, México.
(Hayne Palmour IV/The San Diego Union-Tribune)

En otro orfanatorio cercano, las donaciones de Corazón de Vida ayudan a pagar la educación de Rocío Martínez.

Hay más de 60 estudiantes en ese programa de becas y 30 se han graduado con licenciaturas en México. Los exalumnos incluyen abogados, un médico, psicólogos y enfermeras.

Martínez, de 23 años, ha vivido en el orfanatorio Hacienda desde que tenía 6. Está a un año de completar su título de odontóloga y sueña con abrir una pequeña oficina dental dentro del orfanatorio.

Es una de nueve hijos y aunque algunos de sus hermanos dejaron el orfanatorio para estar con su madre, ella decidió quedarse.

“Para mí, esta es la familia perfecta”, dijo. “Te apoyan cuando estás triste, puedes recurrir a ellos cuando necesitas consejo, creen en ti y en tu futuro”.

Y esa familia sigue creciendo.

Cuando el hermano mayor de Martínez, Uriel, se mudó de Hacienda, se casó con alguien que también creció en el orfanatorio. La pareja tiene ahora un hijo de 2 años que llevan al orfelinato los fines de semana para jugar con los otros niños.

“Aquí es donde crecí", dijo Uriel Martínez, de 25 años. “Esta es mi casa”.


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