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Vinculan un brote de coronavirus en un refugio para migrantes en México con un deportado desde EE.UU

Temperature checks for deportees in Mexico
Un inspector de salud verifica la temperatura de repatriados que acaban de llegar a Matamoros, México. Las autoridades mexicanas examinan a quienes regresan para detectar posibles infecciones por coronavirus.
( Javier Escalante / For The Times )

Un ciudadano mexicano deportado de Estados Unidos es la fuente sospechosa de un brote de coronavirus en un refugio en la ciudad de Nuevo Laredo, informaron el lunes las autoridades mexicanas.

Al menos otros 14 migrantes en el refugio se infectaron, en lo que parece ser el primer brote en México vinculado con un deportado de Estados Unidos, un escenario largamente temido por las autoridades sanitarias mexicanas y los defensores de los migrantes.

Según el Departamento de Salud del estado de Tamaulipas, que incluye a Nuevo Laredo y otras comunidades al otro lado de la frontera de Texas, se realizaron más pruebas para determinar si otros migrantes o el personal del refugio habían sido infectados.

Las autoridades afirmaron que el deportado -cuyo nombre, edad y género no fueron informados- llegó al refugio sin saber que estaba infectado. Los 15 migrantes contagiados han sido puestos en aislamiento.

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El gobierno de Trump prosiguió con su política de retirar activamente a los migrantes y posibles solicitantes de asilo del territorio estadounidense, a pesar de las preocupaciones generalizadas de que la práctica está propagando el virus desde Estados Unidos -que registra la mayoría de los casos en el mundo- a otras zonas.

El presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, aseveró el domingo que al menos 50 migrantes deportados por Estados Unidos a esa nación centroamericana dieron positivo. Ellos representan más de una sexta parte de los 289 casos confirmados en ese país.

El lunes, Reuters informó que tres migrantes recientemente deportados desde Estados Unidos a Haití habían dado positivo por coronavirus mientras estaban en cuarentena en la nación caribeña. “La administración Trump está extendiendo una pandemia global a países y comunidades menos capaces de manejar un brote”, comentó Ariana Sawyer, investigadora de Human Rights Watch.

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El gobierno de EE.UU, que realiza a los migrantes exámenes de salud básicos antes de repatriarlos pero no efectúa las pruebas para detectar una posible infección por coronavirus, no confirmó la deportación de ningún migrante infectado.

Ni Inmigración y Aduanas (ICE) ni Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) respondieron a las solicitudes de comentarios sobre los informes de funcionarios en México y Haití.

Las autoridades estadounidenses han defendido las políticas de expulsión como un elemento disuasorio de la inmigración ilegal y una forma de contener la propagación de la pandemia en Estados Unidos. Sin embargo la práctica ha incrementado las filas de los migrantes con destino a EE.UU que quedan varados en las ciudades fronterizas mexicanas, dejando a miles de individuos apiñados en refugios, apartamentos de renta asequible y campamentos donde el distanciamiento social no es posible.

El 20 de marzo, las autoridades estadounidenses promulgaron una política de expulsiones rápidas en la frontera suroeste, en respuesta a la pandemia. En menos de un mes, más de 11.000 habían sido enviados de regreso a través de la frontera mexicana, en el marco de las nuevas pautas. Entre ellos había solicitantes de asilo y cientos de menores no acompañados, grupos que reciben protecciones especiales bajo la ley de Estados Unidos.

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Esas repatriaciones se suman a los cientos de ciudadanos mexicanos deportados cada día bajo sospecha de violar las leyes de inmigración de EE.UU.

Con los californianos ansiosos por flexibilizar las restricciones, los trabajadores médicos se sienten atrapados en un estado de peligro perpetuo, sin final a la vista. Algunos están preparando sus testamentos.

Las autoridades inmigratorias también repatriaron a casi 62.000 ciudadanos mexicanos entre el 1º de enero y el 3 de abril, el período más reciente para el cual hay cifras disponibles, según el Ministerio del Interior de México.

Muchos habían pasado semanas o meses en centros de detención de EE.UU, donde se ha informado de un número creciente de infecciones.

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Hasta el lunes por la noche, ICE había confirmado 220 casos de coronavirus entre los migrantes bajo su custodia, más del doble del total registrado el viernes, cuando la agencia informó a los legisladores que había examinado a entre 300 y 400 detenidos, aproximadamente el 1% de los casi 32.000 migrantes bajo su custodia.

Un total de 116 empleados de ICE también dieron positivo, incluidos 30 que trabajan en centros de detención.

Las autoridades mexicanas imparten exámenes sanitarios al flujo constante de deportados que llegan a Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros y otras ciudades a lo largo de la frontera; les toman la temperatura e inquieren acerca de cualquier síntoma que puedan tener, así como de cuánto tiempo estuvieron bajo custodia de EE.UU. A la mayoría se les proporciona transporte de autobús a sus regiones de origen en todo México.

La agencia de inmigración mexicana no respondió a las preguntas de este medio, el lunes, sobre cuántos repatriados por Estados Unidos habían dado positivo por COVID-19. En el caso del brote en el refugio de Nuevo Laredo, las autoridades sanitarias mexicanas indicaron que el presunto portador del virus había sido deportado desde Houston.

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Las personas infectadas en el refugio incluyen a ciudadanos de Honduras, Guatemala, México, Cuba y la nación centroafricana de Camerún, detallaron las autoridades. Funcionarios de salud también expusieron que un hombre mexicano de 21 años que había sido devuelto por las autoridades estadounidenses desde Atlanta a la ciudad fronteriza mexicana de Reynosa el 17 de abril, también había dado positivo por coronavirus.

El coronavirus está dando un duro golpe al tráfico ilegal de drogas, interrumpiendo las cadenas de suministro en China de productos químicos utilizados para fabricar drogas como el fentanilo.

La administración del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, está ansiosa por apaciguar a Estados Unidos, su principal socio comercial. El año pasado, México acordó reforzar los controles en su frontera sur con Guatemala y accedió a recibir miles de solicitantes de asilo centroamericanos con destino a EE.UU, y a que otros migrantes no mexicanos fueran repatriados desde Estados Unidos.

McDonnell reportó desde Ciudad de México y O’Toole desde Washington. La reportera de planta de The Times Cindy Carcamo, en Los Ángeles, y la corresponsal especial Cecilia Sánchez, en Ciudad de México, contribuyeron con este informe.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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