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Vida y Estilo

L.A. Affairs: Mantener a mi novio en secreto fue el secreto todo el tiempo

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Vi una cita en Instagram que lo resumía: “Cosas que debes mantener en privado: tus ingresos, tu vida amorosa y tu próximo movimiento”.
(Roderick Mills / For The Times)

Instagram tenía razón: Mantener una relación en secreto a veces puede ser justo lo que esa relación necesita...

Las citas eran una de mis fortalezas más débiles. Lo que sea, lo probaría. Match.com. OKCupid. Grindr. Jack’d.

También conocí a muchos hombres de forma orgánica, empezando por Nick. Nos vimos desde el otro lado de la sala en el Rockwell en Los Feliz. Sin duda hubo una conexión inmediata: estábamos teniendo sexo visual. Finalmente, se presentó. Hablamos toda la noche e intercambiamos números de teléfono, lo llevé de vuelta a su auto y tuve mi primer beso con él. Estaba encantado. Conocí a un hombre que me gustaba.

Al día siguiente, llamé a mis amigos más cercanos y les conté las noticias. Incluso llamé a mi tía, con la que estoy muy unido. Después de cuatro citas con Nick, nos agregamos en Facebook. (Es oficial cuando estás en la categoría de amigos en Facebook, ¿verdad? Todavía sin llegar al “En una Relación”, pero lo suficientemente cerca para llegar al siguiente nivel).

En esta era de OKCupid, Match.com y Tinder, es difícil recordar cómo eran las citas en Los Ángeles antes de que apareciera el Internet, pero yo lo recuerdo, como si fuera ayer...

Luego Nick hizo un viaje a Canadá y cuando regresó noté un cambio inmediatamente. No me mandaba tantos mensajes de texto. Justo antes de Navidad, llamó y dijo que quería verme y hablar. Sabía que esto no era bueno.

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Vino y me dijo que tenía dudas sobre nosotros. Y luego se fue, así como así. Lloré. Estaba avergonzado y devastado. (Le había encargado un álbum de fotos personalizado, grabado con su nombre, como regalo de Navidad. Estaba obsesionado con las fotos de su colección de automóviles, así que pensé que este sería el regalo perfecto).

Nunca antes había experimentado cómo se sentía una verdadera ruptura. Llamé a mis amigos más cercanos y a mi tía, llorando.

Después de Nick vino Michael. Estaba en una fiesta navideña con uno de mis amigos, que me invitó como una forma de animarme después de la ruptura. Durante un tiempo de inactividad en la fiesta, recurrí a la aplicación Grindr para navegar durante unos minutos y me llegó un mensaje de un hombre guapo de mi edad.

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Michael y yo intercambiamos varios mensajes de texto y fotos, ¡no para adultos! Me dije a mí mismo: “¿Nick quién?” Después, tuvimos nuestra primera cita. Me recogió en mi casa en Pasadena y cenamos en el restaurante Settebello Pizzeria Napoletana, cerca de Old Town. Me sentí muy tímido, sentado frente a un hombre que me pareció demasiado guapo para estar con alguien como yo.

Sin embargo, Michael actuó como un verdadero caballero. Respondió inmediatamente a mis mensajes de texto. Cada vez que salíamos, siempre me hacía sentir como si fuera la única persona en la habitación. Siempre tenía flores para mí.

Pero luego vino otro cambio notable en la comunicación. En realidad, simplemente desapareció. No hubo respuesta a llamadas o mensajes de texto, nada de nada. Tampoco estaba en las redes sociales, así que no tenía forma de acosarlo para averiguar lo que había pasado. (Más tarde descubrí que tenía una relación. Sí, yo era el otro).

Una vez más, me quedé atrapado explicando a mis amigos íntimos y a mi tía que me habían engañado. Vergonzoso.

Luego, conocí a Brandon, en OKCupid. Era un ávido excursionista y meditador, vivía cerca de la región vinícola. Recientemente se había divorciado de una mujer y tenía dos hijas. En nuestra primera conversación telefónica, charlamos durante horas. Inmediatamente sentí una conexión. Y sí, les di a mis amigos y a mi tía el discurso “Dios mío, conocí a un chico”, otra vez.

Para nuestra primera cita, Brandon, quien tenía su propio avión, voló a verme. Caminamos alrededor de Echo Park Lake, y navegamos en un bote de remos. Brandon acababa de salir del closet y nunca había estado con un chico antes, así que todo era nuevo para él. A la mañana siguiente, lo llevé de regreso al aeropuerto para su vuelo a casa, (¡Sí, pasó la noche en mi casa!).

¿La semana siguiente? Brandon llamó para decir que quería “explorar” el ser gay y ver qué hay ahí fuera antes de sentar cabeza.

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Genial. Otro romance fracasado. Incluso había publicado una foto de nosotros en Echo Park Lake. Así que tuve que quitar eso y explicarle a todo el mundo una vez más que todo había terminado.

Sin embargo, tuve que agradecer a Brandon por introducirme a la meditación. Lo que ahora hago casi todos los días. Después de Brandon, decidí que necesitaba hacer una especie de viaje espiritual.

Estaba inseguro y sintiéndome indigno después de todas estas relaciones fallidas que marcaron mis 20 años. Hice un viaje de verano a Grecia, donde medité y reflexioné mucho. En algún lugar entre Santorini y Mykonos, me di cuenta de que debía hacer una pausa en las citas. Y que debería dejar de contarle a todo el mundo mis asuntos personales y guardármelos para mí.

Cuanto más compartía, más preguntas de seguimiento recibía, y más presión sentía para hacer que una relación “funcionara”. Desprecié estos seguimientos más que las rupturas reales en algunos casos. Y seamos sinceros, la mayoría de las relaciones fracasan.

Vi una cita en Instagram que lo resumía: “Cosas que mantener en privado: tus ingresos, tu vida amorosa y tu próximo paso”.

Intuitivamente entendí esto en algún nivel. Mantuve mis ingresos en privado. Y ciertamente mi próximo paso en mi vida profesional. Pero nunca aprendí a mantener mi vida amorosa en privado.

Entiendo que no hables de todos tus cosas personales en la primera cita. ¿Pero para la número 2? Es el momento de decir: ‘Por cierto, estoy casado y tengo tres hijos’.

Era hora de auto-reflexionar y auto-corregirse.

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Unos meses más tarde, me concentraba en mis proyectos de diseño y en algunos de mis próximos viajes a México y Asia. Y definitivamente no estaba saliendo con nadie. Pero todavía tenía la aplicación OKCupid instalada en mi smartphone. Y apareció un mensaje de un tipo llamado Lucas. Esperé unos días antes de responder. Lucas era guapo, pero yo estaba tan cansado de las citas en ese momento que me limite a mantener una conversación ligera.

Después de regresar de México, Lucas me pidió mi número de celular. Empezamos a enviar mensajes de texto. A medida que nos fuimos conociendo mejor, hicimos planes para encontrarnos en persona en L.A. Live para cenar y tomar algo. Pero me obligué a ir despacio y no encariñarme demasiado.

Así que, tome las cosas con calme y dejé de lado todas las expectativas que había tenido en mis relaciones anteriores.

Y, esta vez, no le dije ni una palabra a nadie.

Pronto, volví a salir de la ciudad, esta vez durante un mes viajando por toda Asia. Me imaginé que Lucas se habría ido mucho antes de que yo volviera.

Pero mientras estaba en Asia, Lucas me mandaba mensajes regularmente para ver cómo me iba, y qué tal estaba mi viaje. Quería ver fotos de mis visitas turísticas.

Y cuando volví, me preguntó cuándo podría volver a verme. Sabía que me gustaba mucho el senderismo, así que sugirió que fuéramos de excursión a la península de Palos Verdes. Todavía no le había contado a nadie sobre Lucas, ni siquiera a mi mejor amigo, ni a mi tía.

De hecho, esperé hasta después de nuestra décima cita para contarle a alguien sobre él. Al mantenerlo en secreto, pude salir con Lucas y concentrarme en conocerlo. Sin distracciones externas. Sólo él y yo.

Hace más de un año y medio que estamos juntos. Estoy muy agradecido por los momentos que he tenido con él y su maravillosa hija de 11 años. No podría pedir nada mejor. Es algo que nunca imaginé que me pasaría a mí.

Fue un secreto que valió la pena guardar.

El autor es un diseñador de interiores y está en Instagram @ruben_marquez

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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