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California

A pesar de las promesas de proveer más mascarillas, los médicos y las enfermeras aún tienen que reutilizar las N95

Nurses
Los enfermeros realizan un mitin en el Centro Médico de UCLA y el Hospital Ortopédico el lunes en Santa Mónica para llamar la atención sobre su necesidad de más equipos de protección personal y otros problemas.
(Myung J. Chun / Los Angeles Times)

Los trabajadores de la salud dicen que aún no hay suficientes mascarillas para tratar a los pacientes con coronavirus.

La enfermera guarda su mascarilla en un recipiente Tupperware. En un ritual diario que es desagradable, sumerge la cara en el recipiente de plástico para ponerse y quitarse el respirador N95, con cuidado de no tocar el frente en caso de que esté contaminado con el coronavirus.

“Si me hubieras dicho que reutilizaría mascarillas N95 antes del coronavirus, me habría reído y no te habría creído”, dijo Jill Tobin, enfermera de la sala de emergencias en el Área de la Bahía. “Los métodos que estamos utilizando no son científicos”.

A pesar de las garantías de los líderes gubernamentales sobre los suministros adecuados de equipos de protección personal, así como el aplanamiento de las cifras de COVID-19, las tensiones entre los trabajadores de salud y los líderes de los hospitales son más altas que nunca. Las enfermeras y los médicos dicen que los hospitales están conservando equipo al obligar al personal a volver a usar mascarillas para estirar el suministro existente lo cual pone en peligro su propia salud.

En todo el estado, más de 2.500 trabajadores de la salud se han enfermado con COVID-19, una estadística que ha elevado el nivel de alarma entre los proveedores.

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Siete enfermeras en un hospital de Santa Mónica fueron colocadas en licencia administrativa la semana pasada porque se negaron a ingresar a las habitaciones de pacientes con COVID-19 sin una mascarilla N95, consideradas de mayor calidad porque bloquean pequeñas partículas que una mascarilla quirúrgica no puede, según el sindicato de enfermeras.

La semana pasada el gobernador Gavin Newsom anunció una importante compra de mascarillas para trabajadores de la salud que comenzaría a fluir en las próximas semanas. Decenas de millones ya se han distribuido en todo el estado.

Pero no hay indicios de que se levanten estas políticas sin precedentes de reusar el equipo médico.

Los funcionarios de salud estatales aconsejaron el lunes a las instalaciones de atención médica que reutilicen los equipos, ya que los proveedores en California “continúan informando sobre una grave escasez de EPP, incluidos respiradores, mascarillas, batas y protectores faciales”, según una carta enviada por los funcionarios.

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Tobin y otros dicen que la oferta sigue estando muy por detrás de la demanda y las promesas de los políticos suenan vacías.

“Todavía no es suficiente, y sigue estando en un nivel muy diferente de lo que hubiera sido aceptable hace dos meses”, señaló. “Nunca hubiéramos usado una mascarilla con dos pacientes diferentes hace dos meses, y se espera que aceptemos que eso es normal y está bien, pero no es normal y no está bien”.

La frustración entre los trabajadores de la salud se remonta al gobierno federal.

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Al principio del brote, los centros nacionales para el Control y la Prevención de Enfermedades recomendaron que los proveedores utilizaran mascarillas N95 cuando interactuaran con pacientes sospechosos de tener COVID-19. Luego, flexibilizaron las pautas para aconsejar que sólo los proveedores de atención médica que realicen procedimientos de alto riesgo las usaran, una política que ha molestado a las enfermeras que temen no estar protegidas adecuadamente del virus.

El viernes, Jack Cline se negó a entrar en la habitación de un presunto paciente con COVID-19 en el Centro de Salud Providence St. John, donde trabaja. El hospital lo colocó en licencia administrativa, reveló.

“He sido enfermero durante 25 años, no necesito que los CDC me digan cuándo necesito una N95", manifestó Cline. “Si tengo un paciente tosiendo directamente en mi cara... no voy a entrar en esa habitación a menos que me proporcionen una”.

St. John’s dijo en un comunicado que no podían comentar sobre asuntos de personal, pero que está tomando precauciones sancionadas por las agencias de salud del gobierno para proteger a sus enfermeras y ha adoptado los mismos protocolos que los principales centros médicos académicos.

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Las mascarillas N95 se consideran superiores porque proporcionan un ajuste personalizado y bloquean el virus cuando se aerosoliza, aunque no está claro qué efecto tendrá el cambio a las mascarillas quirúrgicas. Un ensayo clínico de 2019 descubrió que los trabajadores de la salud que usaban las quirúrgicas en el trabajo no tenían más probabilidades de contraer la gripe que aquellos que usaban las N95.

“Estamos muy agradecidos por el heroico trabajo que realizan nuestras enfermeras todos los días y no permitiremos que las acciones de unos pocos disminuyan el aprecio que tenemos por todas ellas y su compromiso con nuestra comunidad”, declaró el St. John en un comunicado.

Ángela Gatdula, también enfermera de St. John’s, dijo que cree que contrajo el COVID-19 mientras trataba a pacientes con el virus. Sus síntomas a principios de este mes comenzaron con dolores en el cuerpo y tos, y dio positivo la semana pasada, reveló.

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Gatdula añadió que se sentía enojada porque la administración del hospital no le dio una N95 aunque sabían que estaba tratando a pacientes con COVID-19. Le dijeron que estaría protegida con una mascarilla quirúrgica, subrayó.

“Podrían haber hecho más”, dijo, con la voz quebrada. “No quiero que una de nuestras enfermeras sea quien termine necesitando hospitalización, ingreso en la UCI, o incluso muriendo”.

Los hospitales están atrapados en una posición difícil mientras intentan navegar por una escasez de equipo en todo el país. Los tres hospitales de Los Ángeles administrados por PIH Health -Downey, Good Samaritan y Whittier- se están quedando sin desinfectante para manos y toallitas, y se ha pedido a las enfermeras de las salas COVID que usen una sola mascarilla N95 al día, reveló el Dr. Jaime Díaz, un médico de emergencias que se desempeña como director médico en el hospital de Downey.

Díaz dijo que esta política extendió la duración de la reserva de N95 del hospital de un suministro de cuatro semanas a uno de ocho semanas.

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“Ha disminuido drásticamente la cantidad de mascarillas que usamos a diario”, aseguró.

En un intento por conservarlas, el sistema de salud de UCLA se ha convertido en uno de los primeros en el país en tratar las mascarillas N95 con irradiación germicida ultravioleta, “un proceso validado para matar el virus”, dijeron funcionarios en un comunicado.

Pero el lunes por la tarde, las enfermeras del Centro Médico de UCLA en Santa Mónica protestaron por lo que consideran una práctica insegura, una que las hace sentir como conejillos de Indias para esta nueva tecnología.

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“La conclusión es que ningún método de esterilización ha demostrado ser seguro y matar eficazmente el coronavirus”, expuso Kristan Delmarty, enfermera de UCLA.

Sydnie Boylan, una enfermera registrada en Hollywood Presbyterian Medical Center, dijo que la escasez en sus instalaciones persiste, a pesar de las garantías del estado de que están llegando más suministros. Boylan, enfermera a cargo que supervisa una sala COVID-19, aseguró que está luchando por mantener a su personal protegido a diario, reduciendo las visitas en persona a las habitaciones para preservar el EPP.

“Tengo cero mascarillas, cero caretas, cero gafas”, declaró Boylan el domingo. “Es una batalla continua”.

Boylan había estado usando la misma mascarilla N95 durante cuatro días. Aunque recibió otra, era del tamaño incorrecto y no quería desperdiciarla tratando de que encajara. Espera intercambiarla, pero mientras tanto, está tratando de mantener limpia la que tiene. La ha empapado en peróxido de hidrógeno y está considerando ponerla en el horno.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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