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¿Por qué poner altar de Día de los Muertos durante la pandemia aún sin ser mexicano? Experta lo explica

Ofelia Esparza muestra uno de sus altares.
Ofelia Esparza muestra uno de sus altares.
(Self Help Graphics/Jordan Riefe)

El Día de los Muertos, una tradición mayormente mexicana, que recibe simbólicamente a los fallecidos al mundo terrenal anualmente, toma un sentido mucho más profundo durante la pandemia del coronavirus para Ofelia Esparza.

La residente del este de Los Ángeles, quien tiene más de 40 años creando cientos de altares a nivel nacional e internacional, invita a la comunidad sin importar la etnia o el credo, a recordar con las ofrendas a los que ya no están en la tierra.

Esparza no actúa en los escenarios ni hace voces, pero su experiencia la convirtió en consultante para la película de Coco, la cual incluye enseñanzas que su madre le heredó cuando era niña, tales como el puente de flores de cempasúchil y la reflexión que sostiene que las personas mueren en realidad cuando nadie las recuerda.

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Para Esparza, la pandemia es una oportunidad para unir a la comunidad que está de luto y recordarle que la verdadera muerte viene con el olvido.

“Una de las frases favoritas de mi madre era que los muertos fallecen tres veces: Cuando exhalan por última vez, cuando los entierran y cuando los olvidan”, dice la señora Esparza.

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Entonces, “las ofrendas de Día de los Muertos significan que los que quedamos vivos aún seguimos recordando y celebrando una vida que estuvo a nuestro lado, o que admiramos, y que aún vive en nuestros corazones”, dice.

La señora Guadalupe Salazar, madre de Esparza e inmigrante mexicana, le enseñó a Esparza que el Día de los Muertos no es un Halloween mexicano, pero se puede compartir con otras culturas.

“En estos tiempos de pandemia especialmente, cuando una gran cantidad de personas han fallecido y muchos estamos sufriendo la pérdida de algún familiar, es importante seguirlos recordando”, dice Esparza, tras compartir que algunos de sus familiares también murieron por el COVID-19 este año.

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“Muchos estamos de luto y traemos un dolor interior porque ni siquiera hemos podido asistir a los velorios o entierros para despedirnos como estamos acostumbrados”, sostiene.

Llegaba esa época y Guadalupe empezaba a sacar las veladoras, las fotografías antiguas de sus amistades y familiares, así como la fruta y la comida.

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“Yo esperaba con ansias ver el altar terminado mientras reflexionaba sobre la vida y la muerte. Al paso de los años cuando me convertí en maestra del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, le empecé a enseñar a mis alumnos de primaria la tradición, así como a mis nueve hijos”, relata.

Las ofrendas de Esparza no lograron salir a la luz hasta 1979 cuando se unió como maestra de arte a la organización sin fines de lucro de Self Help Graphics.

“Ahí empecé a hacer altares con la comunidad y me di cuenta de que las ofrendas no solo son una obligación sagrada sino una experiencia sanadora para celebrar a la gente no por cómo murió sino por cómo vivió”, dice.

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A la fecha, el trabajo de Esparza ha estado en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, el Museo Nacional Japonés Americano, el Museo Nacional de Arte Mexicano, y a nivel internacional en la primera exhibición del Día de Muertos en Glasgow, Escocia.

“No soy una experta en los altares, sigo una tradición donde no existen las ofrendas humildes, donde lo importante es mantener vivas las ofrendas para los muertos”, dice Esparza, cuyo trabajo se verá próximamente en Grand Park del centro de Los Ángeles.


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