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Científicos aseguran que la vacuna de COVID-19 no fue apresurada: Aquí explican las razones

Las estrategias de vacunación han mejorado significativamente, particularmente en los últimos años
Las estrategias de vacunación han mejorado significativamente, particularmente en los últimos años con la tecnología de ARNm que utilizaron Moderna y Pfizer.
(Ted S. Warren/AP)

El miedo en torno a las consecuencias de ponerse la vacuna del COVID-19 surge en mayor parte porque se cree que fue desarrollada de forma apresurada, pero los expertos aclaran por qué no es así.

La doctora Allison Weis, una becaria postdoctoral de microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah, se comunicó con esta reportera para aclarar ese temor, el cual existe especialmente en la comunidad y en aquellos que están en contra de las vacunas.

Weis sostuvo que un miembro de su familia que no está en el campo médico o científico le preguntó recientemente sobre las vacunas que se han desarrollado para combatir el COVID-19.

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Ella, como muchos, expresó su miedo ante la perspectiva de aplicarse una vacuna que al aparecer fue “apresurada”. La explicación de Weis, que podría ser relevante e informativa para una población en general, fue la siguiente:

“En primer lugar, el desarrollo de la vacuna de COVID-19 se basa en un siglo de investigación en microbiología e inmunología y 50 años de concentración en la investigación e innovación de vacunas”, dijo Weis.

“Entiendo por qué la gente podría pensar que este proceso fue apresurado, porque en el pasado las vacunas tardaban años en desarrollarse, pero el diseño de la vacuna y los ensayos de seguridad y eficacia no se han apresurado en lo absoluto”, expuso.

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Durante el brote de SARS1 (SARS-CoV-1) hace dieciocho años, los investigadores científicos compararon este virus con otros en la misma familia de coronavirus y descubrieron en la superficie del virus un objetivo prometedor para el diseño de una vacuna: una proteína del virus llamada “spike”. La proteína spike se une a las células humanas para iniciar la infección. Durante ese tiempo, los científicos comenzaron a desarrollar estrategias para vacunar contra el SARS1, aclaró la experta.

Desafortunadamente, los fondos se agotaron y no se desarrolló una vacuna. Sin embargo, se sentaron las bases. Afortunadamente, el SARS2 (SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19) usa casi la misma versión exacta de esa proteína (spike) para infectar células y el mismo receptor en las células humanas. Debido a estas similitudes, los científicos pudieron continuar en donde había quedado, lo que aceleró el proceso de manera espectacular, explicó.

Además, las estrategias de vacunación han mejorado significativamente, particularmente en los últimos años con la tecnología de ARNm que utilizaron Moderna y Pfizer. Simplemente aparecieron algunas instrucciones nuevas al principio de la pandemia de COVID-19. Es asombroso que pudieran hacerlo tan rápido, pero de nuevo, fue sobre los hombros de un siglo de conocimientos adquiridos con mucho esfuerzo y también el ensayo y error del desarrollo de vacunas, indicó.

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Dicho esto, para Fabián Rivera-Chávez, profesor asistente de pediatría y ciencias biológicas en la escuela de medicina de la Universidad de California en San Diego, señaló que la verdadera prueba son los ensayos clínicos humanos.

En Estados Unidos hay una red de ensayos clínicos con un nivel muy alto, particularmente cuando se habla de las vacunas.

Las vacunas de COVID-19 no han omitido ninguna prueba de seguridad o medidas necesarias, ni tampoco han omitido los controles de eficacia. Las vacunas se han desarrollado rápidamente porque la gente ha estado muy ansiosa por ofrecerse como voluntarios para los ensayos y porque el virus se ha propagado como la pólvora, infectando a una cantidad asombrosa de personas.

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“Los ensayos clínicos humanos de seguridad y eficacia de la fase 3 se basan en estadísticas y requieren muchos participantes para que den una cantidad de poder estadístico necesario para demostrar que una vacuna mejorará las cosas, y no empeorará, de manera significativa. La FDA exige al menos un 50% de protección para la aprobación de la vacuna y que sea casi totalmente segura”, dijo.

Debido a la gran cantidad de personas en los ensayos actuales y el número de casos de COVID-19 que circulan, Moderna y Pfizer asi como Johnson & Johnson lograron el poder estadístico necesario para una conclusión rápida. También descubrieron que ha habido pocas o ningunas reacciones adversas, y ambas vacunas tienen efectividad de aproximadamente 95%, lo que las convierte en unas de las mejores vacunas hasta la fecha, señaló.

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En cuanto a la pregunta sobre la seguridad a largo plazo, ¿en diez años habrá complicaciones de salud debido a la vacuna?

“Esta seguirá siendo una pregunta abierta hasta que lleguemos allí, sin embargo, estas vacunas no se basan en virus vivos (por ejemplo, como la vacuna exitosa de Polio) y lo único que se produce en nuestros cuerpos es la proteína spike”, aclaró.

Esencialmente, la proteína prepara nuestro sistema inmunológico y luego desaparece para siempre. Muchas vacunas seguras funcionan similarmente y estas tienen evidencia longitudinal de la seguridad a largo plazo. Una vez más, nos beneficiamos de una gran cantidad de conocimientos históricos sobre vacunas.

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Estas mismas aclaraciones de Weis y Rivera-Chávez han aparecido en otros medios en inglés. Sin embargo, creyeron que la comunidad latina debe estar informada sobre la creación de estas vacunas y su historia dentro de su desarrollo.

Weis afirmó que el análisis de riesgo - beneficio se inclina enormemente hacia la vacunación. La infección de COVID-19 ahora se ha relacionado no solo con enfermedad aguda y muerte, sino también con enfermedades autoinmunes, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones.

La infección con el virus actual, es lo que preocupa al sector médico para los escenarios futuros a largo plazo. Una cosa es segura: el beneficio de recibir la vacuna, que ahora ha demostrado ser segura y eficaz, es mucho menos riesgoso que contraer el virus real dijo.

“Al recibir la vacuna, no solo se protegerá de una enfermedad grave, sino que también protegerá activamente a todas las personas que lo rodean, especialmente a las que están demasiado inmunocomprometidas para poderse vacunar. Juntos, podemos lograr la inmunidad comunitaria y nuestro mundo puede volver a una apariencia de normalidad, pero esto depende de que todos hagamos nuestra parte”, aseguró.

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Escrito por Fabián Rivera-Chávez y Alisson Weiss.


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