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El guatemalteco Raúl Monterroso recicla desperdicios de madera y los transforma en piezas de arte

Artist Raul Monterroso, of San Fernando, holds a porcupine that he carved from recycled wood.
Raúl Monterroso, originario de Guatemala, elabora arte en relieve utilizando trozos de madera que muchos consideran desperdicios.
(James Carbone/Los Angeles Times en Español)

En la sala de la casa de Raúl Monterroso proliferan las obras de arte, entre ellas destaca un vistoso portal que hizo para una exposición. “Tiene el estilo de las ventanas que están en Antigua Guatemala”, explica el oriundo de Jalapa al mostrar esculturas, arte en relieve, tallado en madera y pinturas, entre otras piezas.

Al ver las piezas, elaboradas con finos acabados y pintadas meticulosamente, nadie puede imaginar que se tratan de pedazos de madera que fueron rescatados por Monterroso antes de que terminaran en recipientes de la basura. “Este es un pedazo de tronco”, indica al revelar el origen de una escultura en forma de puercoespín.

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Los supuestos desperdicios van a parar al estudio de este artista. Su cochera, un espacio de 20 x 20 pies, es su centro de arte en donde se mezclan aerosoles, pinturas, brochas y espátulas que utiliza para transformar madera, cemento, plástico, cartón y aserrín en algo inimaginable.

“Esta era una raíz”, dijo sobre un coralillo que tiene en su estudio, en donde daba los retoques a una escultura de cemento en forma de máscara con la figura del guerrero maya Tecun Umán. Aquí también se encuentra un torogoz, ave nacional de El Salvador, hecho en un pedazo de madera.

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“Siempre traigo madera de la que me sobra y termino haciendo cualquier cosa”, aseguró Monterroso, detallando que lleva tan solo cinco años haciendo arte en relieve y tallados, aunque sus inicios fueron en el dibujo a lápiz y luego se pasó a la pintura, expresiones de arte que abandonó por circunstancias ajenas a su voluntad.

El artista guatemalteco muestra una escultura de cemento en forma de máscara con la figura del guerrero maya Tecun Umán.
(James Carbone/Los Angeles Times en Español)
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Monterroso, de 49 años, nació en una aldea del municipio de Mataquescuintla, al suroriente de la capital guatemalteca. Ahí vivió en una vivienda de adobe y tejas. A los 10 años de edad empezó a dibujar de forma autodidacta. Sus trazos de flores, frutas e imágenes religiosas le salían de maravilla.

“Miraba que se lo podía sacar provecho”, dijo al ver que sus compañeros y practicantes de profesores le pagaban para que les hiciera sus tareas que implicaban ilustraciones. “Me acumulaban hasta 5 o 6 proyectos. Me pagaban muy bien, eran 100 o 150 quetzales por poyecto”, rememoró, asegurando que eran entre 13 y 19 dólares a principios de los ’80.

El futuro prometedor se le truncó de un plumazo. Cuando cursaba octavo grado, tuvo que dejar la escuela luego de que su padre se fuera de la casa, dejando a su madre y cuatro hijos, entre ellos Monterroso, en el abandono.

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Trabajó en una panadería por un tiempo y luego puso su propio negocio vendiendo pan francés, el cual dejó en 1994 cuando decidió emigrar a Los Ángeles.

“Quería mecanizar mi panadería, comprar máquinas, cilindros y ollas, quería hacerla grande”, indicó sobre su idea original.

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Desde entonces han pasado 28 años y el negocio del pan es solo historia, porque su vida está ligada al arte, en donde busca innovar y reinventarse. A la fecha, sus obras han llegado a Chile, España y Guatemala, así como a San Francisco (California), Las Vegas (Nevada) y Colorado, entre otras latitudes.

“La mayoría de mis trabajos artísticos son en relieve, no es una pintura normal”, explica detallando que no ha cuantificado las piezas elaboradas, pero considera que ya son más de un centenar, algunas se encuentran a la vista del público.

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Raúl Monterroso ha convertido su cochera en su centro de arte, en donde lo rodean aerosoles, pinturas, brochas y espátulas.
Raúl Monterroso ha convertido su cochera en su centro de arte, en donde lo rodean aerosoles, pinturas, brochas y espátulas que utiliza para transformar madera, cemento, plástico, cartón y aserrín en algo inimaginable.
(James Carbone/Los Angeles Times en Español
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En el consulado de Guatemala hay una pieza, la acta de independencia centroamericana; igual hay otras en el restaurante Puchica Guatemalan Bar & Grill y en la Casa Mamá Frida.

Desde el 2018, cuando participó en la primera exposición las puertas se le abrieron de par en par, ahora sus obras son apreciadas por expertos y lo invitan a diferentes eventos culturales.

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“El tallado que hace en madera es espectacular, los grabados son únicos, no son réplicas, es un verdadero maestro en lo que hace”, valoró Miguel Ángel Ríos, escultor y fundador de Encuentro Latino Community Art Center, ubicado en Hermosa Beach.

Monterroso es de 1.62 metros de estatura y posee una delgada complexión física. Su voz es sonora y al hablar no se va por las ramas. Este artista confiesa que a través del arte encontró la sobriedad y un propósito de vida en este absorvente y ajetreado ritmo laboral de Los Ángeles.

“En este momento es mi mejor terapia”, aseguró Monterroso, contando que al llegar del trabajo dedica tres horas a la creación artística. Solo activa su sistema de sonido con música de trovadores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Mercedes Sosa, para echar a volar su imaginación.

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“A veces uno hace las cosas para llenar vacíos y en realidad no los llenas”, reflexionó. “Comencé a descarrilarme”, agregó Monterroso sobre su adicción al alcohol que lo atrapó en el 2000. Al intentar salir de esa dependencia, alguien le dijo: “Si sabes algo, enfócate en ello”.

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Si bien de forma esporádica pintaba desde 1997 para amigos y familiares, en el 2003 adoptó el arte como una terapia. En efecto, desde entonces no volvió a probar una gota de alcohol y se hizo una promesa a él mismo: “Si iba a retomar mi vida o iba a hacer un cambio era para servir”.

Es así que los ingresos por la venta de sus piezas de arte son ocupados para ayudar a familias de escasos recursos en su tierra natal. En el 2019 creó un programa de pintura infantil gratis, en el que lo asisten cuatro profesores voluntarios que atienden a 300 alumnos.

Antes de la pandemia, la empresaria Sandra Peláez viajó hasta el municipio de Mataquescuintla, en el departamento de Jalapa. A su juicio, este programa le está cambiando la vida de las niñas y niños.

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“A estas aldeas a duras penas llega la educación, aquí las familias no tienen para pagar el autobús, menos para clases de arte de sus hijos”, aseguró Peláez, subrayando que “Raúl está haciendo la diferencia y dejando un legado muy importante”.

Al ver las piezas elaboradas con finos acabados nadie puede imaginar que se trata de madera rescatada de la basura.
Al ver las piezas elaboradas con finos acabados nadie puede imaginar que se tratan de pedazos de madera que fueron rescatados de la basura por Raúl Monterroso.
(James Carbone/Los Angeles Times en Español
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En el 2020, Monterroso proveyó alimentos durante un año a 300 familias en condición vulnerable, una de las tantas iniciativas que impulsa desde hace 10 años, cuando decidió que de su salario iba a utilizar el 7% de los ingresos de su trabajo regular para realizar proyectos comunitarios.

El tiempo que dedica al arte le despeja la mente y le provoca tranquilidad. Sin embargo, lo que más le llena su vida es servir a los demás.

Monterroso rememora que cuando su padre se fue del hogar, su madre y sus tres hermanos menores se quedaron en la ruina. “Nos hizo pedazos, mi viejo”, aseguró. En ese momento, su familia pudo ver como personas de buen corazón expresaron su generosidad con ellos.

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Hasta la fecha, hay personas que no se explican cómo este artista destina tantos recursos a personas que no conoce.

“Hubo mucha gente que me brindó ayuda, eso me marcó”, dijo con un nudo en su garganta sobre las razones que lo impulsan a ayudar a personas con menos recursos.

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A mi me hizo bien volver a retomar mi pintura, es lo que me hizo reinventarme, comenzar a pensar que hay muchas cosas que puedo lograr

— Raúl Monterroso, artista guatemalteco

Monterroso no piensa en dedicarse a tiempo completo al arte. Su idea es seguir trabajando en su negocio de construcción, rubro en el que ha laborado la mayor parte de su vida desde que radica en California, cuyos ingresos le sirven para mantener su pasatiempo favorito.

“A mi me hizo bien volver a retomar mi pintura, es lo que me hizo reinventarme, comenzar a pensar que hay muchas cosas que puedo lograr”, reconoció.

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A pesar de todo lo que ha hecho, Monterroso confiesa que ser artista no se lo toma como algo grandilocuente. A veces, cuando asiste a presentaciones se va con su ropa de trabajo, en otras ocasiones se viste con camisas cuadriculadas, pantalones de mezclilla y botas.

En más de una ocasión le han recriminado por su vestimenta o su postura. Sin embargo, asegura que él es original tal como son sus obras de arte.

“Cualquier tipo de arte es una gran terapia, sirve para salirte de la rutina y bullicio, para mantener en otro mundo tu mente”, reconoció mientras mostraba la escultura de la máscara maya, una de las primeras que elabora, pero reconoce que no le teme incursionar en lo desconocido.

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Monterroso está convencido que las obras de arte que elabora siempre van a llevar su sello de originalidad y calidad, algo que deja en evidencia en todo lo que hace.

“Me gusta experimentar en cosas diferentes, me da más satisfacción porque cuando haces cosas que la demás gente no trabaja es mejor visto”, argumentó el artista.

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“A mi no me gusta ser copia”, concluyó Monterroso.


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