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Diario del jugador: Así fue cómo Kike Hernández tocó el cielo en la burbuja

The Dodgers' Kike Hernández.
(Hayne Palmour IV/The San Diego Union-Tribune)

El jugador de los Dodgers relató sus vivencias en la burbuja de Texas cuando ganó la Serie Mundial junto a su equipo y de esta forma se lo contó al escritor del LA Times, Jorge Castillo

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Como se lo relató al escritor de Los Angeles Times, Jorge Castillo.

Ese último inning entero yo estaba como que, uf, ansioso.

Si hubiera una cámara enfocada donde yo estaba jugando en la segunda base… entiendo que no paré de moverme en todo el inning. Estaba caminando en círculos. Yo no podía parar. No podía pararme.

Yo sentía como que, “guau, esto está pasando”. A la misma vez todavía pensé que el empate estaba “on deck”. Como que todavía tenían vida. Estaba emocionado, pero a la misma vez el juego no se había acabado.

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Cuando [Willy] Adames se metió en dos strikes, se me erizaban los pelos por todo el cuerpo y pensaba, “no sonrías, no sonrías, el juego no se ha acabado”. Pensaba también “batéame la bola, batéame la bola, batéame la bola. Yo quiero dar el out y terminar esto”.

Y una vez que Julio [Urías] tira, Adames se poncha y el umpire, después de tardarse un poco, canta el strike, la emoción fue grande.

Lo primero que hice fue brincar y miré a Corey [Seager] y Corey venía hacia mí. Yo corrí hacia él y de ahí los dos brincamos y nos abrazamos. Y empezamos a brincar ahí en círculos, él y yo. Y nos decíamos que “lo hicimos. Ganamos. Por fin”.

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Le dije a mi esposa que Seager y yo siempre vamos a tener ese vínculo porque ese abrazo con Seager fue mi primer sentimiento como campeón mundial. Yo sentí la emoción, la alegría que él tenía. Y después de ahí, dimos tres o cuatro vueltas brincando.

Es un sentimiento del que todavía estoy tratando de buscar palabras para describirlo. Dos, tres días después todavía estoy tratando de buscar palabras para describir cómo me sentí, cómo todavía me siento porque todavía no me he quitado la gorra.

Como se lo relató a Jorge Castillo Honestamente, yo creo que, al igual que yo, muchos jugadores no teníamos muchas expectativas al llegar al campamento de verano.

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Me he puesto la gorra de campeones mundiales todos los días, con mi trofeíto atrás, me pongo la gorra al revés y tengo ese trofeo en la frente para que cada vez que mire el espejo, veo el trofeíto y sonrió porque nosotros hemos pasado por mucho como equipo. Hemos pasado por muchas cosas y el camino ha sido largo, no ha sido fácil y pudimos, por fin, terminarlo. En un año como este, que fue tan difícil y pasaron tantas cosas, al final del día quedamos campeones mundiales y eso no nos lo quita nadie.

Llegamos a la burbuja pensando que se iba sentir como una eternidad. Tuvimos un periodo de ajuste, pero nos acostumbrados después de unos días. Mi esposa, Mariana, tuvo una lucha con su embarazo, con dolores de espalda, pero se sintió bien rápidamente. Vimos muchos programas. Muchos episodios de “The Office”.

Todos los días teníamos que entregar una prueba de saliva. Todos los que se estaban quedando lo tenía que hacer, menos los niños.

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Al principio no sabíamos si nosotros teníamos que pagar por el “room service” o si lo pagaba MLB. Ya después de par de días nos enteramos de que era gratis y empezamos a ordenar más.

El jugador de los Dodgers de Los Ángeles Cody Bellinger celebra su jonrón con Kiké Hernández.
El jugador de los Dodgers de Los Ángeles Cody Bellinger celebra su jonrón con Kiké Hernández, en el séptimo juego contra los Bravos de Atlanta por el campeonato de la Liga Nacional, el domingo 18 de octubre de 2020 en Arlington, Texas.
(ASSOCIATED PRESS)

Yo ordenaba servicio de cuarto de desayuno y obviamente mi esposa de vez en cuando pedía de almuerzo. Yo nunca almorcé en el hotel, siempre almorzaba en el estadio. Pero casi la mayoría de las veces después del juego, comí la comida que nos provenían en el hotel porque siempre ellos tenían uno o dos platos latinos. La comida latina no se la niego a nadie, entonces comía comida latina después de todos los juegos. Tenían arroz con gandules, pernil, tostones.

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Había dos toldos, uno para cada equipo, con una mesa de billar, una área de lounge para ver televisión con un par de juegos, con bebidas y picadillos. Había una sala de conferencias que le quitaron todas las mesas y todas sillas y lo hicieron otro cuartito. Los que siempre estaban allí eran los niños y la familia del staff. Al lado estaba la sala donde hacíamos las pruebas de coronavirus y había otra sala que estaba disponible para tratamiento y cerca estaba el área de la comida.

El segunda base de los Dodgers, Kike Hernández, ofrece un relato en primera persona de la vida en la carretera durante la crisis del coronavirus

Veíamos a los otros equipos – los Padres, Bravos y Rays – todos los días. Era imposible no ver al otro equipo. Ellos tenían que pasar por las villas nuestras para llegar a las de ellos. Había que ir por el mismo sitio para salir a las guaguas (buses), por el mismo sitio para ir a buscar la comida y entregar las pruebas. Era imposible no ver al otro equipo.

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Había bastante seguridad, pero donde más seguridad había era donde se acababa la burbuja, como las entradas al campo de golf. Había un gimnasio que primero no se podía usar, que después lo habilitaron para usarse. Muchas de las cosas no estaban muy en claro. La gente no sabía si había algo que se podía hacer o no. Había muchas cosas así.

Las guaguas salían para el estadio cada media hora. Después de los juegos eran de 14 en 14. Catorce personas se montaban en una guagua y se iba y entonces venía la otra.

La primera serie en la burbuja, contras los Padres, definitivamente no se sentía como juegos de playoffs sin fanáticos. No sé, el ambiente estaba muerto.

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Ya de una vez pasamos contra Atlanta, pues ya que empezaron a dejar personas entrar y el primer juego se sintió como que había 100 mil fanáticos. Ver fanáticos en las gradas fue algo bien raro. Cuando yo salí al terreno a prepararme para el juego, fue como que, “¡uy!”.

Dodgers' Kike Hernandez.
(Hayne Palmour IV/The San Diego Union-Tribune)

El ir abajo 3-1 en la serie contra Atlanta fue como un “reality check”. Yo diría que una de las cosas que nos ayudó fue, uno, no tener que cruzar el país para los juegos. No tener días libres. Una vez que el momento cambió, nosotros pudimos mantenernos allí.

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Esa serie de Atlanta fue emocional. Pero ese equipo de Atlanta era muy difícil. Tenían una alineación muy profunda. Era casi, casi como enfrentarse a la de nosotros.

Fue una serie bastante difícil. Obviamente, la de Tampa no se nos hizo nada fácil, pero a la misma vez, nosotros fuimos a la Serie Mundial con la mentalidad de que “No hay chance de que nos vengamos de 3-1 en esta serie y vamos a ir a la Serie Mundial a perderla”.

Teníamos una paz interior, aunque a la misma vez teníamos esa urgencia de que teníamos que ganar, no había mañana. Era un sentimiento de paz de la que no había manera de que nosotros hayamos venido desde atrás y luego íbamos a la Serie Mundial a perderla. Nosotros sabíamos que pasara lo que pasara, nosotros íbamos a ganar esta serie.

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Hernández empujó una anotación y ayudó a que los Dodgers venciesen por 8-3 a los Rays de Tampa Bay

El Juego 4 fue una montaña rusa de emociones increíbles, desde que empezó el juego hasta que se acabó.

Cuando se acabó el juego, de mi punto de vista, yo veo la bola en el jardín derecho alejándose de mí, y después viene Chris Taylor corriendo.

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Supe en ese momento que no había oportunidad de que se armara la jugada en home, pero como sea quería que CT viniera igual así duro como estaba corriendo, haciendo todo lo posible, pero se le cae la bola a CT y pensé cuando vi a Randy Arozarena en tercera, “¡Oh no! el tipo siguió corriendo para home”.

Él siguió corriendo y me viré, entonces veo que el tipo se cae, y me da alegría de nuevo, pero todo esto estaba pasando muy rápido y pensaba “ah, ahora me tengo que enfrentar a [Tyler] Glasnow en el próximo inning,” que va a entrar a relevar.

Sin embargo, veo que se le cae la bola a Will Smith y fue todo tristeza.

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Llegamos a dos strikes con dos outs, estuve un poco ansioso, alegre, sorprendido, triste, emocionado, alegre, y después triste de nuevo. Todo en cuestión de tres segundos.

Me tardé bastante en entrar a la casa club después del juego porque no podía creerlo. Dijimos que teníamos que olvidarnos de eso, tenemos que pasar la página rápido, pero fue más por mensajes de texto.

Dodgers utility player Kike Hernandez.
(Kent Nishimura; Allison Hong / Los Angeles Times)
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Nosotros tenemos un grupo de mensajes de texto que empezamos durante las negociaciones de COVID en marzo y se usó durante la temporada, pero no se usó tanto como lo usamos en los playoffs.

Esa es otra cosa que diría yo que fue diferente a otros años: la unidad que nosotros teníamos como equipo. Era mucho mayor que en otros años. A mí me encantó ese chat y la primera persona que escribió cuando se acabó ese juego fue [Clayton] Kershaw.

Kershaw escribió que no dejemos que esto nos arruine la temporada. Tenemos que saber que seguimos siendo el mejor equipo del mundo y que esto no nos va a quitar nadie. Todo el mundo empezó a mandar mensajes y así pudimos levantarnos.

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Fue un juego que puede agarrar a cualquier equipo y pues, arruinarle la vida y matarlos. Pero a la misma vez, la serie estaba 2-2. Todavía estábamos vivos en la serie. Teníamos chance y si vinimos detrás de 3-1 contra Atlanta, definitivamente podíamos sobrevivir. Tratamos de olvidarnos de eso y el otro día vinimos con una mentalidad nueva.

El otro día nos montamos en la guagua y todo mundo estaba como si nada. Por eso fue por lo que pudimos hacer lo que hicimos y gracias a Dios no volvimos a perder otro juego.

Me enteré del caso de Justin [Turner] en el Juego 6 en el momento porque yo vi a Andrew Friedman en el dugout y me pregunté, “¿Qué está pasando aquí?”, ahí fue cuando me dijeron que JT salió positivo y mi primera reacción fue la de “¿Qué? ¿Cómo pasa eso si estamos en una burbuja?”.

Ahí fue que se puso un poco difícil la cosa. Yo me había puesto muchos escenarios en la cabeza de qué iba pasar en ese momento que ganáramos la Serie Mundial. En todos los escenarios diferentes yo me veía corriendo a donde JT a abrazarlo.

JT ha sido uno de mis amigos más cercanos en el equipo. Él es nuestro líder, nuestro capitán. Fue difícil y estábamos todos preguntándonos “¿Dónde está JT?”.

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No supimos hasta después del juego que hubo dos exámenes positivos. En ese momento nosotros pensábamos que había sido un falso positivo y por eso era por lo que nosotros no lo podíamos creer porque como que por un falso positivo le van a quitar este momento de poder celebrar.

Los pensamientos de todos nosotros en el momento fueron de que “Hemos estado todos juntos en una burbuja por el último mes. Los chances de que, si él lo tiene, mucha gente lo tenga, son bastantes altos”. Pero resulta que no y nadie más lo tenía de alguna manera.

Ahora soy agente libre. Lo he pensado un poco, pero a la misma vez, en verdad, esto es un sentimiento nuevo. Es como que yo le he dicho a la gente: los últimos cinco años, inevitablemente, nos hemos acostumbrado al sentimiento de tener el corazón roto cuando uno llega a la casa por no haber llegado donde a uno le hubiese gustado llegar. Este año es todo lo contrario. Es una felicidad pura y una paz que uno siente.

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No sé ni cómo explicarlo. Yo siento paz. Todos los años yo llegaba a mi casa preguntando ‘¿por qué perdimos?’ y me pongo pensar cómo hubiese sido diferente ‘¿Cómo hubiésemos podido ganar esa serie?’ Y esta vez no hay nada que pensar. Lo hicimos.

La cuestión de agencia libre, lo he pensado porque es inevitable. La verdad es que yo no sé lo que va a pasar. Lo único que yo sé que va a pasar este offseason es que voy a tener una bebé, voy a ser papá. Pero a la misma vez, si termino yéndome de los Dodgers y esto termina siendo mi último juego con los Dodgers, estoy en paz con eso. Me puedo ir con la frente en alto porque los hicimos. Llegamos a la meta. Cumplimos la meta. Trajimos el título después de tantos años.

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