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Miles de estudiantes de colegios comunitarios renuncian después de un semestre perdido en medio del coronavirus

Stevie Carpenter, graduado de L.A. City College, planea transferirse a UC Davis este otoño.
Stevie Carpenter, graduado de L.A. City College, se para frente al campus que se encuentra cerrado. Carpenter planea transferirse a UC Davis este otoño, pero su renuncia a una clase en línea podría poner en peligro esos planes.
(Gabriella Angotti-Jones/Los Angeles Times)

Los datos de los distritos y las respuestas a la encuesta revelan un semestre decepcionante para los estudiantes de los colegios comunitarios de Los Ángeles, muchos de los cuales carecían de acceso a la tecnología, un espacio de estudio tranquilo y a las necesidades básicas.

Stevie Carpenter abandonó la escuela preparatoria, obtuvo su GED, se matriculó en L.A. City College y a los 25 años fue aceptado para asistir a UC Davis este otoño, donde planea estudiar neurobiología.

Pero la pandemia de COVID-19 le ha lanzado otro gran desafío: las clases en línea. Carpenter no podía mantenerse al día con la química, un requisito para su especialidad.

“No podía estudiar química sin un maestro... Es difícil simplemente leer un libro e ignorar los ejemplos”, expuso.

En cambio, se le aprobó una renuncia “justificada”, poniendo en peligro su admisión a UC Davis y sus planes de convertirse en el primero de su familia de 10 hijos en asistir a una universidad de cuatro años.

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“Con suerte, puedo tomarla de nuevo” en UC Davis, dijo Carpenter. “Si no, tendré que volver a aplicar el siguiente año escolar”.

La experiencia de Carpenter refleja las dificultades de muchos estudiantes en el sistema de colegio comunitario más grande del país durante sus últimos meses del año académico, y presagia más problemas a medida que el Distrito de Colegio Comunitario de Los Ángeles continuará con la instrucción principalmente en línea en el otoño.

Con nueve universidades y una matrícula anual de más de 200.000, el distrito sirve a algunos de los estudiantes más vulnerables en los sistemas estatales de educación superior pública. Se estima que 1 de cada 5 no contaba con hogar antes de la pandemia, y más de la mitad tenía inseguridad alimenticia, circunstancias agravadas por la crisis.

Los datos del distrito muestran que el aprendizaje en línea obstaculizó la trayectoria de muchos estudiantes. Más de 32.000 escolares se retiraron de las clases en la primavera de 2020, en comparación con unos 27.000 en la primavera de 2019, un aumento del 17%. Aproximadamente 2.000 estudiantes, incluidos aquellos en campos de la salud como enfermería y biotecnología, y cursos profesionales y técnicos como la mecánica automotriz, están en el limbo educativo porque sus cursos prácticos no pudieron continuar, expuso Ángela Echeverri, presidenta del Senado Académico del distrito colegial.

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Los funcionarios de la escuela de Los Ángeles dicen que el año escolar comenzará el 18 de agosto, pero planean tomar un camino cauteloso para reabrir los campus, ya que persiste la preocupación por la salud y la seguridad en medio del brote de coronavirus.

Además, de más de 9.000 estudiantes que completaron una encuesta del distrito en abril sobre la transición en línea, sólo las tres cuartas partes dijeron que tenían acceso regular a una computadora, y únicamente un porcentaje ligeramente mayor dijo lo mismo sobre el acceso a Internet. Un tercio de los escolares comentaron que no contaban con un espacio de estudio tranquilo. Casi la mitad señaló que había lidiado con la pérdida de trabajo o la reducción de horas, y el 72% expuso que había aumentado la preocupación o la ansiedad.

El asesinato de George Floyd a fines de mayo y las protestas y violencia policial que siguieron traumatizaron aún más a los alumnos.

“Nuestros estudiantes están tratando de prepararse para sus próximos exámenes finales mientras enfrentan muchos obstáculos en un momento de enorme turbulencia social”, dice una carta del 1 de junio de Echeverri, de la presidenta del gremio de profesores, Joanne Waddell, y del canciller del distrito, Francisco Rodríguez, a los maestros de la universidad.

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La carta citaba los resultados de la encuesta del distrito y decía que la pandemia “sólo ha exacerbado la falta de equidad experimentada por nuestros estudiantes y comunidades”.

El distrito ha tratado de responder a estas crisis simultáneas, movilizándose para distribuir cerca de 14.000 computadoras portátiles Chromebook, entregando tarjetas de regalo para las tiendas de comestibles, brindando flexibilidad para retirarse de los cursos o pasar a una calificación de aprobado / no aprobado, e instruyendo a los docentes para que den generosas exenciones a estudiantes cuyas circunstancias personales impidieron la realización de exámenes finales o tareas.

Aún así, dijo Brian Ha, un trabajador estudiantil y presidente del Sindicato de Estudiantes Asociados de East Los Angeles College, los estudiantes tuvieron dificultades.

“El obstáculo más difícil fue obtener los recursos para asistir a clase”, señaló Ha, quien monitorea una plataforma en línea y sitios de redes sociales donde los estudiantes publican preguntas. “Y para los alumnos que tienen recursos, su obstáculo es la automotivación”.

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Ha dijo que los estudiantes preguntaron sobre las computadoras portátiles y el servicio de internet de bajo costo, su capacidad para completar cursos de laboratorio y asistencia para estudiantes con discapacidades. Consideró que tuvo suerte porque había ahorrado y comprado una computadora portátil en octubre, y aún se transferirá a UCLA como estaba planeado este otoño.

Otros tuvieron más dificultades.

Los regentes de la UC votan para suspender los requisitos de los exámenes SAT y ACT para la admisión, marcando un punto de inflexión en el debate sobre los resultados de los exámenes estandarizados.

Michael Duggan, un ex alumno sin hogar en el City College, solicitó una computadora portátil emitida por el distrito el día que salió el anuncio. En abril, por primera vez, se sentó en su escritorio y escribió un ensayo.

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“Esta es la primera vez que puedo hacer la tarea en casa y que tengo una computadora portátil y Wi-Fi”, reveló. “Antes de eso, usaba mi teléfono celular o la biblioteca de la escuela”.

Pero había lagunas. Duggan, que recibe $200 al mes en asistencia monetaria del condado de Los Ángeles y cupones de alimentos, no pudo tener acceso a una impresora para solicitar una “Tarjeta Angeleno” -asistencia financiera de la oficina del alcalde. Y todavía enfrenta inseguridad alimenticia.

“Realmente lucho día a día”, dijo.

Elías Gerónimo, un joven de 30 años de Guatemala, pasó años en la escuela de adultos aprendiendo inglés y obteniendo su diploma de escuela preparatoria antes de inscribirse en el City College en 2017. Está estudiando biología con el objetivo de transferirse a una universidad de cuatro años en 2021 y, en última instancia, asistir a la escuela de medicina.

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Gerónimo, que comparte los gastos y un apartamento de dos habitaciones en Lincoln Heights con su hermano, su cuñada y su primo, fue despedido de su trabajo a tiempo parcial en un restaurante de West Hollywood justo antes del cierre del campus.

“Todo pasó y... bloqueó mi mente para centrarme en mi educación”, comentó Gerónimo. “Fue realmente difícil lidiar con todas esas emociones”.

Recibió una Chromebook del distrito y una tarjeta de regalo de $50 para usar en Ralphs o Food 4 Less, pero todavía está buscando recursos. Aunque tuvo éxito en Calculus 2, su Chromebook se sobrecalentó durante una final de química y obtuvo una C.

¿En cuanto a la biología? Gerónimo lo dejó una vez que vio que sus calificaciones bajaban en los exámenes en línea. “Es mi especialidad y quiero pasar esa clase con una A”, enfatizó.

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Además, no quiere llegar a la universidad habiendo hecho sólo laboratorios virtuales. Gerónimo espera retomar la biología con laboratorio presencial este otoño. Pero si su universidad no lo ofrece, dijo: “No tengo otra opción que tomarlo en línea”.

El distrito está resolviendo qué hacer con los “cursos difíciles de ofrecer”, manifestó Echeverri. En la primavera, los miembros de la facultad tuvieron el beneficio de completar cinco semanas de instrucción presencial, pero dicen que es posible que no puedan arreglárselas en el otoño.

Cada disciplina presenta solicitudes de horas presenciales, pero los costos y los requisitos logísticos de proporcionarlas de manera segura pueden ser prohibitivos, especialmente porque el distrito enfrenta recortes presupuestarios estatales. Los profesores deben prepararse para ofrecer alternativas, o hacer que se les retiren las clases.

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Incluso antes de la pandemia, la educación en línea era difícil. Una revisión de 2015 realizada por el Instituto de Políticas Públicas de California encontró que sólo el 16% de los cursos en línea en los colegios comunitarios de California tenían tasas de aprobación del 70% o más, en comparación con el 44% de las clases tradicionales.

Echeverri está particularmente preocupada por los estudiantes que vendrán del sistema K-12 a la universidad comunitaria en el otoño.

“Me preocupa que cuando esos estudiantes vengan a nosotros, tengan ciertas deficiencias académicas”, dijo.

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Las dificultades de los estudiantes con los académicos se han visto agravadas por la falta de servicios de apoyo. La mayoría de los docentes y alumnos tenían cierta familiaridad antes de la pandemia con Canvas, el sistema de gestión de aprendizaje en línea utilizado por los colegios comunitarios, pero el distrito acababa de comenzar a utilizar Cranium Cafe, su plataforma en línea para servicios estudiantiles como asesoramiento y tutoría.

Carpenter, el estudiante de neurobiología en City College, también trabajó como tutor de matemáticas en un programa para ayudar a alumnos desfavorecidos. Antes de la pandemia, dijo, sus horas siempre estaban reservadas. Después, sólo un par de estudiantes se inscribieron.

“La mayoría de ellos no conocían Cranium Cafe o no sabían cómo navegarlo”, dijo.

Carpenter calificó la falta de asesoramiento, tutoría y otros apoyos como “la caída para los estudiantes”, quienes confían en dichos servicios no sólo para obtener ayuda práctica con las comidas y los libros, sino también para la conexión y la tutoría.

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Erika Miller, directora de un programa de apoyo en Southwest College para estudiantes universitarios de bajos ingresos, de primera generación y personas con discapacidades, señaló que muchos “se sienten perdidos”.

“Una gran cantidad de nuestros estudiantes no están seguros de si quieren continuar con sus estudios”, subrayó. “Siguen diciéndonos una y otra vez: ‘No estoy seguro de si voy a lograrlo’”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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