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EEUU

La prevención contra VIH avanza, pero la vacuna sigue siendo el objetivo

A vaccine in a syringe
Después de décadas de investigación, los científicos son cautelosamente optimistas sobre las perspectivas de una vacuna contra el VIH.
(Mark Boster / Los Angeles Times)

Los próximos ensayos clínicos tienen a los científicos con la esperanza de un gran avance en una vacuna contra el VIH.

Primero llegaron los medicamentos que podían hacer retroceder al VIH a niveles indetectables, y el virus ya no era sinónimo de una sentencia de muerte.

Luego vino un tratamiento que permitía a las personas VIH negativas permanecer de esa manera, incluso si sus parejas eran portadoras del virus.

Pero para vencer verdaderamente al virus que causa el SIDA, los médicos necesitan una vacuna. Y después de décadas de callejones sin salida y esperanzas frustradas, finalmente pueden estar a punto de tener una.

Con el lanzamiento de un ensayo clínico a gran escala este otoño y varios otros en curso, los científicos dicen que son cautelosamente optimistas de que pronto tendrán una forma de combatir el VIH mucho antes de que una persona esté expuesta.

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“Cuando se tiene una enfermedad que se transmite sin síntomas, la contraerá cuando menos lo espere”, dijo el doctor Larry Corey, investigador principal de la Red de Ensayos de Vacunas contra el VIH. En tales circunstancias, “la única medida de control de base que ha demostrado ser efectiva es una vacuna”.

Los investigadores y los expertos en salud pública están de acuerdo en que la forma más segura de eliminar una enfermedad para siempre es mediante el despliegue de una vacuna. Funcionó para la viruela y para la polio. Y, si se combina con la terapia antirretroviral y la profilaxis previa a la exposición, también podría funcionar para el VIH.

Una vacuna significaría “el final de la historia del SIDA tal como la conocemos”, dijo el doctor Robert C. Gallo, director del Instituto de Virología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland.

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Más de 37 millones de personas en todo el mundo viven con el VIH, y lo transmiten a unas 5.000 personas cada día, dijo Corey. También hay aproximadamente 180.000 transmisiones a recién nacidos cada año.

“Lamentablemente, a este virus le está yendo muy bien”, dijo.

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca un tipo específico de glóbulos blancos de los que el cuerpo depende para combatir infecciones. Si no se trata durante varios años, el recuento de glóbulos blancos de un paciente se vuelve críticamente bajo, lo que lleva al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Eso hace que el cuerpo sea vulnerable a las bacterias y hongos que pueden causar tuberculosis, meningitis, ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades graves que pueden conducir a la muerte.

Mi experiencia con los antidepresivos refleja la lucha que muchas personas enfrentan para tratar de dejar de tomar medicamentos recetados. Se llama “síndrome de interrupción” y no es fácil.

Una vez que Gallo y otros científicos identificaron el VIH como la causa del SIDA en 1984, no les llevó mucho tiempo reconocer la necesidad de inocular a las personas contra el virus. Incluso entonces, dijo, “ya estábamos planeando una vacuna”.

Las vacunas preparan el sistema inmune para un invasor peligroso al introducir una versión muerta o debilitada. De esa manera, si la verdadera amenaza aparece más tarde, el cuerpo ya está equipado para reconocerla y vencerla.

Con amenazas clásicas como el sarampión o la poliomielitis, la gran mayoría de las personas ya pueden suprimir el virus y erradicarlo de sus cuerpos. En esos casos, desarrollar una vacuna es tan simple como encontrar una forma segura de imitar una infección natural, tal vez introduciendo una versión modificada que ha sido despojada de su armamento.

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Pero el VIH es diferente, porque nunca se ha sabido que ningún paciente supere el virus por sí solo.

Eso quiere decir que los científicos que trabajan en una vacuna no tienen una hoja de respuestas natural a su disposición. También significa que una vacuna exitosa tendrá que actuar muy duro para lograr su objetivo.

“Si queremos hacer una vacuna duradera, debemos ser más inteligentes que la infección natural. Nunca hemos tenido ese desafío con ningún otro virus”, dijo el doctor. Anthony S. Fauci, director del Instituto nacional de alergias y enfermedades infecciosas. “No creo que sea imposible. Pero tenemos que entender la relación entre el patógeno y el sistema inmunitario de una manera que nunca antes lo habíamos hecho”.

El VIH es un oponente astuto. El virus no sólo se defiende contra el ataque de las células inmunes, las invade, integrándose en el ADN de la víctima. También puede envolverse en moléculas de azúcar para evitar que los anticuerpos se enganchen en su caparazón.

Luego hay complicaciones genéticas. El VIH tiene más diversidad genética que cualquier otro virus conocido. Comete errores frecuentes mientras se replica, y puede sobrevivir sin corregirlos. Esta capacidad de mutar rápidamente lo convierte en un objetivo móvil: no es rival para una vacuna diseñada para proteger contra una sola cepa.

Además de eso, hay diferentes subtipos de VIH en distintas partes del mundo. (El subtipo B es común en América del Norte y Europa, por ejemplo, mientras que el subtipo C se encuentra en África meridional y oriental). Una vacuna eficaz debe basarse en componentes extraídos de un mosaico de variantes del VIH para funcionar contra muchas cepas.

“Hay que protegerse contra toda esa variabilidad”, dijo la doctora Susan Buchbinder, directora de Bridge HIV, una unidad de investigación de prevención en el Departamento de Salud Pública de San Francisco.

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Esa estrategia se probará este otoño en un ensayo de eficacia a gran escala llamado Mosaico. La vacuna experimental, hecha por Johnson & Johnson, contiene una serie de secuencias genéticas de varias cepas de VIH.

En ensayos preclínicos, la vacuna protegió efectivamente a aproximadamente el 66% de los primates no humanos contra virus similares al VIH. Los estudios de seguimiento en personas ayudaron a finalizar su composición.

Ahora los científicos planean inscribir a unos 3.800 participantes sanos en más de 50 sitios de prueba en América del Norte y del Sur y Europa. Todos ellos procederán de grupos con alto riesgo de contraer el VIH, incluidos los hombres que tienen sexo con hombres y las personas transgénero. Recibirán cuatro vacunas en el transcurso de un año.

El estudio será doble ciego, lo que significa que ni los participantes ni los investigadores sabrán quién ha sido seleccionado al azar para recibir la vacuna experimental y quién está recibiendo un placebo. Si la vacuna tiene éxito, los investigadores esperan que se use en todo el mundo.

“Estamos realmente entusiasmados con esta investigación”, dijo Buchbinder, presidente del protocolo para el proyecto de Mosaico.

Centrarse en las poblaciones de alto riesgo es primordial, dicen los investigadores. Los hombres que tienen sexo con hombres constituyen casi dos tercios de las nuevas infecciones por VIH en Estados Unidos. y los aproximadamente 25 millones de personas transgénero del mundo tienen casi 50 veces más probabilidades de vivir con el VIH que la población general.

Como parte del proceso de inscripción al estudio, los investigadores educarán a los voluntarios sobre los beneficios de la profilaxis previa a la exposición (PrEP) y los instarán a tomar ese medicamento en lugar de unirse al estudio. Sólo aquellos que digan que todavía quieren renunciar al tratamiento podrán participar.

Otros ensayos ya están en marcha. En África subsahariana, se está probando una vacuna similar en 2.600 mujeres, el grupo con mayor riesgo en esa región. Esa prueba comenzó en 2017, y los resultados no estarán disponibles hasta 2021.

Dos estudios paralelos que comenzaron en 2016 tienen como objetivo evaluar si las infusiones de un anticuerpo ampliamente neutralizante pueden evitar que una persona contraiga el VIH y, de ser así, qué niveles son necesarios para mantener esa protección. Los estudios de laboratorio mostraron que estos anticuerpos impiden que hasta el 90% de las cepas de VIH infecten las células humanas. Estas pruebas se llevan a cabo en África subsahariana y América del Norte y del Sur.

Otro ensayo clínico en curso en Sudáfrica está probando una versión mejorada de una vacuna que fue la primera en mostrar eficacia incluso limitada contra el VIH. Esa vacuna proporcionó protección sostenida en aproximadamente un tercio de los individuos analizados en un estudio realizado en 2009 en Tailandia.

“No fue lo suficientemente bueno como para sacar conclusiones, pero nos ayudó", dijo Fauci. Manifestó que los expertos decidieron no implementar la vacuna, en parte porque podría hacer que las personas piensen que son inmunes al VIH cuando en realidad sólo están parcialmente protegidas.

Ninguna vacuna es infalible, y los científicos dicen que no tienen que serlo. Los investigadores de la International AIDS Vaccine Initiative determinaron que una vacuna que sea 70% efectiva haría más para prevenir nuevas infecciones que la PrEP.

Las prescripciones son muy altas para un medicamento que revierte los efectos de una sobredosis de opiáceos. Eso podría ayudar a explicar la reciente disminución de las sobredosis mortales de opiáceos.

El proyecto Mosaico está presionando para lograr un 65% de efectividad, dijo Buchbinder. “Incluso una vacuna más modestamente efectiva podría alterar el curso de la epidemia”, aseveró.

Muchos otros candidatos a vacunas están en proceso. Gallo y sus colegas trabajan en su propia vacuna contra el VIH que esperan que ingrese a un ensayo de fase II para probar su eficacia en el futuro cercano.

“Claramente hemos tenido nuestros altibajos, pero la ciencia trata de probar nuestras hipótesis, incluso si el resultado es ‘No, definitivamente no funciona’”, dijo Buchbinder.

“El único experimento fallido es uno en el que no encuentras una respuesta a tu pregunta”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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