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EEUU

Este hombre afirma que puede construir el muro fronterizo de Trump más rápido y más barato que los contratistas del gobierno

Tommy Fisher
Tommy Fisher, presidente y director ejecutivo de Fisher Industries, con sede en Tempe, Arizona, revisó el martes la cerca fronteriza que está construyendo en terrenos privados en el sur de Texas.
(Molly Hennessy-Fiske/Los Angeles Times)

El ritmo de la construcción del muro fronterizo se está acelerando. Tommy Fisher, un contratista privado, está construyendo su propia sección del muro, esperando arrendarla al gobierno federal.

MISSION, Texas — El presidente Trump asumió el cargo con la promesa de levantar “un muro grande y hermoso” a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México de 1.954 millas, pero hasta ahora el gobierno federal logró construir sólo una milla de nuevo muro fronterizo.

Texas podría ser el mayor obstáculo. A diferencia de otros estados, gran parte de la frontera de Estados Unidos allí es de propiedad privada, lo cual ha retrasado la construcción por parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. Abogados federales han tenido que revisar los registros de propiedad, localizar a los propietarios, hacerles ofertas para comprar sus tierras y, si estos se niegan a vender, presentar demandas para confiscarlas.

Pero Tommy Fisher, un contratista con una habilidad similar a Trump para hacer negocios, dice que puede hacerlo mucho mejor. Su compañía levantó alrededor de 1.500 pies de lo que, afirma, será una cerca de tres millas. El costo, estima, sería de $42 millones, más rápido y más barato que los contratistas del gobierno, que pasaron meses inspeccionando y construyendo vallas fronterizas cercanas, más costosas. ¿El tiempo estimado de finalización? Dos semanas.

Fisher, de 50 años, espera vender o arrendar su sección de la cerca al gobierno federal, y convencerlos de que lo contraten para construir más. Ya ha comprado cientos de millas de tierra en otras partes cercanas al río en Texas, a unas dos docenas de propietarios privados. También atrajo críticas feroces y desató una auditoría federal.

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“Protegeremos el sur de Texas más rápido de lo que alguna vez soñaron”, aseveró el martes, mientras ayudaba a los trabajadores a verter concreto y colocar bolardos de acero de 18 pies a lo largo de las orillas de Río Grande, unas pocas millas al oeste de la ciudad fronteriza de McAllen. Hasta ahora, han construido alrededor de 1.500 pies.

Fisher, quien se hizo cargo de la compañía familiar de su padre cuando tenía 25 años, después de graduarse de la Universidad Estatal de Arizona con un título en agronegocios, se movió rápidamente para adquirir las tierras, superando la oposición local.

A menos que el Condado de Los Ángeles haga un mejor trabajo de transición de los niños fuera del cuidado de crianza, muchos terminarán en el sistema de justicia criminal, o en las calles.

El año pasado, los fiscales federales y el National Butterfly Center, una entidad sin fines de lucro, presentaron una demanda para detener la cerca de Fisher. Argumentaron que el muro estaba demasiado cerca de Río Grande y que podía cambiar su flujo, alterando así la zona de la frontera y trasladando las crecidas hacia México, en violación de los tratados internacionales; todo ello fue disputado por Fisher. La semana pasada, un juez federal falló a favor del constructor, levantó una orden de restricción temporal y permitió que se reanudaran los trabajos.

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Los vecinos están indignados. La familia de Rey Anzaldua ha sido, por generaciones, propietaria de tierras justo al lado de donde Fisher está construyendo su cerca. Ahora teme que puedan perderlas por la erosión. “Al limpiar la maleza de la orilla del río, han acelerado el proceso de erosión y en la próxima inundación, vamos a perder algo de tierra”, afirmó Anzaldua, de 75 años, un agente de aduanas retirado. "¿Qué daño causará a nuestra propiedad y a las propiedades río abajo, o a las del lado mexicano?”.

Scott Nicol, copresidente de la campaña Sierra Club Borderlands, argumentó que la cerca privada de Fisher podría empeorar la erosión y las inundaciones. “No debería tener permiso para hacerlo”, expresó. “Una gran preocupación es que la tierra en la que se asienta el muro se erosione, y sea barrida. Podría haber una destrucción terrible sólo por los golpes de sus materiales de construcción”.

Otro detractor es Terence Garrett, profesor de ciencias políticas en el Valle de Río Grande de la Universidad de Texas en Brownsville. “Es más simbólico que efectivo”, comentó Garrett. “Puede ser más barato, pero no estoy seguro de que esté usando la calidad de los materiales que normalmente se ven. No va a ser tan fuerte, y ciertamente no está bien pensado en términos de ubicación”.

Por lo general, agregó Garrett, los muros se construyen lejos de la frontera real, y corren en línea recta porque es prohibitivamente costoso seguir las curvas drásticas de Río Grande. Al seguir más de una línea recta cerca del río, el muro de Fisher podría causar inundaciones masivas y peligro para las propiedades, los animales y el medio ambiente cada vez que los huracanes o las borrascas tropicales alimenten grandes cantidades de agua de los afluentes al río.

La idea de que un contratista privado erija un muro, expresó Garrett, conmocionó a muchos vecinos. “Normalmente, hay algún tipo de proceso para evaluar lo que en realidad podría ser recomendable o razonable para el área. Hay inspecciones realizadas por el gobierno, que envía al Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y en el proceso, algún tipo de desaprobación. Uno puede estar en contra de la idea de que el gobierno tome su tierra y use el derecho de expropiación, pero al menos existe algún tipo de proceso. Aquí no ocurre. No hay ningún tipo de evaluación realista sobre cómo podría afectar el área. Ese es el problema que tienen los propietarios y vecinos.

“Cualquier cosa que se haga a lo largo de Río Grande afecta a tu vecino porque el río cambia. Se puede mover en algún momento. Cualquier cosa que uno haga, va a afectar a los vecinos, incluidos los que están al otro lado del río en México”.

Fisher comenzó a prepararse para construir cercas fronterizas tan pronto como Trump resultara elegido. Rápidamente visitó la frontera de Arizona, habló con agentes y ganaderos de la Patrulla Fronteriza. “Quería construir la infraestructura más grande conocida por el hombre, y les dije que creo que podemos hacerla mejor de lo que tienen los agentes”, expuso Fisher. “Si desean proteger la frontera, tenemos una solución aquí, en Texas, que es más rápida y mejor”.

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De hecho, el Washington Post informó esta semana que Trump se está preparando para desviar $7.200 millones adicionales de fondos del Pentágono para la construcción del muro fronterizo este año, lo suficiente como para completar cerca de 885 millas de nueva barrera limítrofe para la primavera de 2022. Eso aumentaría el total de los fondos federales asignados a cercas fronterizas a $18.400 millones.

“La primera prioridad del Departamento de Defensa es la protección de la patria”, remarcó el martes el secretario de Defensa, Mark Esper. “Si eso es lo que se necesita, estamos preparados para apoyarlo”.

Una sección de ocho millas de la valla fronteriza que está construyendo un contratista federal cerca de Mission costó $167 millones, alrededor de $21 millones por milla -$7 millones más por milla que la cerca de Fisher, que también incluye un camino de acceso de concreto-. Fisher dijo que si el gobierno lo contratara para construir en los cien acres de tierra privada que posee a lo largo del río en Texas, podría cercarlo todo en el plazo de un año, por alrededor de $1.400 millones, y haría el mantenimiento durante una década por $400 millones adicionales.

En una entrevista, Carmen Qualia, subjefa de patrullas de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU, que supervisa la construcción del muro en el área, comentó que la otra cerca podría haber sido más costosa que la de Fisher porque incluye un dique de concreto.

Qualia detalló que un tramo de cinco millas de la valla que están levantando los contratistas federales al oeste, en el condado de Starr, costó $14 millones por milla.

Ambas cercas estarán listas dentro de un año, adelantó, entre nueve proyectos de construcción de muros fronterizos que hay en curso actualmente en el Valle de Río Grande.

La supervisora agregó que el ritmo de la construcción del muro “ya está repuntando”, y que “no hemos tenido retrasos inusuales”. La agencia, precisó, no fue consultada sobre el vallado de Fisher, pero no le preocupa.

Cuando Trump fue elegido, Fisher esperaba brindar una oferta para levantar todo el muro. Así, acudió a los medios de comunicación de derecha, para exponer su caso al presidente a través de la televisión y de Twitter.

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Con 1.600 empleados, la empresa de su familia, con sede en Dakota del Norte, Fisher Sand & Gravel, había manejado grandes proyectos de autopistas del oeste, incluso para CalTrans, pero nada para Seguridad Nacional. La primera vez que se les permitió ofertar en el muro fronterizo el año pasado, ganó un solo contrato federal de $400 millones para erigir 31 millas de cerca en Yuma, Arizona. La inspección de la zona está en marcha, dijo, pero la compañía enfrenta una auditoría federal después de que miembros del Congreso denunciaran que Trump había desviado el trabajo para ellos.

El empresario insiste en que no hizo nada malo, y que la auditoría mostrará “cuánto ahorramos a los contribuyentes”.

La auditoría del Pentágono estaba en curso esta semana, según la portavoz de la entidad, Dwrena Allen, y el Cuerpo del Ejército estaba cooperando, agregó Raini Brunson, una vocera del cuerpo.

El año pasado, Fisher fue contratado por la organización sin fines de lucro conservadora We Build The Wall -cuya junta incluye al ex asesor de Trump Stephen K. Bannon- para construir una valla de media milla por cerca de $23 millones de dólares, en 10 días, en Sunland Park, Nuevo México, a pesar de oposición de los funcionarios locales.

El grupo afirmó en las redes sociales haber recaudado $25 millones para contratar a Fisher para los muros en Nuevo México y Texas. El contratista señaló que la organización sin fines de lucro contribuyó con sólo $1.5 millones de los $42 millones necesarios para la cerca de Texas, y que no está involucrada en sus otras empresas.

El hombre erigió uno de los prototipos de muro en California y presionó a los legisladores y a Seguridad Nacional con contribuciones de $75.000, en 2018, y de $27.500 el año pasado, según el Center for Responsive Politics. Después de ayudar en la elección del senador de Dakota del Norte Kevin Cramer, Fisher asistió al discurso del Estado de la Unión brindado por Trump como su invitado, y le estrechó allí la mano al presidente.

En la actualidad, Fisher agradece las comparaciones con Trump: un hombre de negocios educado en obras de construcción. Después de que sus equipos de trabajo despejaron la maleza de la orilla del río para levantar su cerca, Fisher les hizo plantar palmeras y grama común. Quería que el área pareciera un campo de golf para complacer a los agentes de la Patrulla Fronteriza que trabajan en la zona y, por supuesto, a Trump. “He hecho todo lo que puedo como ciudadano”, afirmó. “El gobierno puede ver que es realizable. Ahora es momento de que digan que protegeremos este país”.

La reportera de planta Jenny Jarvie, desde Atlanta, contribuyó con este artículo.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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