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Estas son las mujeres que le dieron vida a la impresionante cinta mexicana ‘Sin señas particulares’

Fernanda Valez y Astrid Rondero trabajan de manera conjunta en sus producciones.
(Cortesía)

La colaboración que Fernanda Valadez y Astrid Rondero iniciaron cuando empezaron a hacer cortometrajes ha alcanzado una madurez sorprendente en “Sin señas particulares” (“Identifying Features”), una impactante cinta que, luego de llevarse el Premio de la Audiencia al Mejor Drama Internacional y el Premio del Jurado al Mejor Guion de Drama Internacional en el Festival de Sundance del año pasado, llegó este fin de semana a Estados Unidos a través de la modalidad de Virtual Cinemas, que le permite a sus usuarios apoyar a una sala de cine perteneciente a una ciudad determinada.

Claro que, en realidad, el filme, que cuenta la historia de una mujer de origen humilde que emprende un peligroso y largo viaje a solas para tratar de encontrar el paradero de su joven hijo -perdido en el trayecto hacia las tierras del Tío Sam-, se hizo tras la realización de otro largometraje, “Los días más oscuros de nosotras”, que fue dirigido por Rondero y que acaba de estrenarse en las salas de México que se mantienen abiertas.

Por su parte, “Sin señas particulares” fue dirigida por Valadez, pero coescrita y coproducida por Rondero, y no tiene todavía fecha definitiva de estreno en los cines aztecas, aunque se ha presentado en el Festival de Morelia. En todo caso, quienes la han podido ver ya han quedado profundamente impresionados con la contundencia de una cinta que tiene una perspectiva femenina muy intensa y que se sale del parámetro habitual de historias sobre inmigración indocumentada al plantear un drama que se desarrolla al interior de México.

Las salas de cine siguen no solo mayormente cerradas en el Sur de California, sino que el incremento de casos de Covid-19 ha hecho que las que permanecían abiertas tras la reapertura de hace unos meses se hayan visto obligadas a bajar nuevamente el telón en ciudades como San Diego.

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Presencia femenina

“No estábamos tratando de encontrar un giro distinto; lo que nos había impactado mucho es la ola de violencia en nuestro país, que no se ha detenido, y que tiene las dimensiones de una crisis humanitaria en la que el camino de los migrantes es uno de los eslabones más frágiles”, nos dijo Valadez mediante una conexión telefónica con el DF.

“Paralelamente a estas circunstancias tan duras, empezaron a tomar relevancia las experiencias de los familiares de quienes estaban desapareciendo, sobre todo en lo que respecta a las madres, porque en este entorno tan adverso y tan complicado, lo que se encuentra son historias de muchísima resistencia, de mantener en primer plano ese amor que hace que se embarquen en verdaderas travesías a pesar de todos los riesgos que corren”, prosiguió la realizadora.

La participación de mujeres en el aspecto creativo del filme no se limita a Valadez y Rondero, sino que se extiende a la mayor parte del personal técnico, que incluye a la directora de fotografía Claudia Becerril, a la editora Susan Korda, a la compositora musical Clarice Jensen y a la directora de arte Dalia Reyes.

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“El hecho de que Fernanda y yo estemos trabajando juntas nos ha dado una libertad que nos permite elegir a la gente con la que nos sentimos seguras”, nos dijo por su lado Rondero. “Además, tenemos un compromiso con nuestras compañeras cineastas, que realmente se encuentran sobrecalificadas en México, lo que hace que obtengas equipos muy robustos de profesionales del cine y resultaba esencial en una película tan chiquita como esta”.

Sorprendentemente, en lugar de aumentar los riesgos al momento de filmar, tener esencialmente a mujeres en el rodaje resultó positivo en términos de seguridad. “Es curioso, porque se han dado casos muy desafortunados por aquí, como el de unos estudiantes de Guadalajara que fueron secuestrados, asesinados y disueltos en ácido debido a una confusión en un barrio en el que pensaron que ellos formaban parte de un cartel contrario que llegaba para invadir territorio”, retomó Valadez.

“Por ser mujeres, no estuvimos expuestas a una confusión así, justamente por esta separación de géneros en la que las mujeres no serían las encargadas de invadir un territorio de otro cartel”, prosiguió. “Nunca sabes exactamente en qué lugar te estás metiendo, pero nos acercamos a las autoridades e hicimos un trabajo muy fuerte de compenetración con la comunidad a lo largo de varios meses”, complementó Rondero.

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La cinta tiene algunas escenas de alto contenido simbolico.
(Kino Lorber)

Paisaje del miedo

Es importante destacar que la película se filmó casi completamente en Guanajuato, estado en el que nació Valadez, pese a que el relato que muestra se desarrolla entre Guanajuato y Tamaulipas, en rumbo a Texas, lo que implica en la realidad una extensión de 581 kilómetros.

“Debido a cuestiones de presupuesto, no podíamos estar moviéndonos de municipio en municipio, como lo hubiéramos hecho de contar con los recursos necesarios, por lo que optamos por trabajar en un área muy reducida, pero filmando a lo largo de varias estaciones del año para que cambiara el paisaje y pretender de ese modo que los personajes estaban haciendo un viaje muy extenso”, detalló la directora.

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Más allá de sus virtudes narrativas, “Sin señas particulares” impresiona por una estética visual que la lleva a veces a adoptar una aproximación muy propia del documental (como sucede durante las escenas de reconocimiento de restos humanos) y a acercarse en otros momentos al simbolismo más artístico (sobre todo a medida que nos vamos acercando a un desenlace que no revelaremos, pero que involucra un insólito acto de crueldad).

Otra imagen de las realizadoras mexicanas.
(Cortesía)

“Queríamos hacer una película que, aunque tiene una temática de orientación muy social, contara más la experiencia emocional de los personajes, lo que nos llevó a iniciar todo con un espíritu naturalista y, a medida que la protagonista iba avanzando, hacer que todo se fuera tornando cada vez más expresivo, de la mano de los cambios de paisaje”, describió Valadez. “Eso nos permitió privilegiar los elementos metafóricos en lugar de ser tan descriptivas”.

“Durante el proceso de escritura, Fer se atoró mucho con las escenas de violencia, porque además de todos los casos reales que habíamos investigado, existe ya una especie de tradición muy gráfica en lo que respecta a la representación de estos actos brutales”, comentó Rondero. “Finalmente, nos dimos cuenta de que mientras más nos acercáramos a lo gráfico, más nos alejaríamos de lo humano, y decidimos que esto fuera como un secreto que no puedes conocer si no eres una víctima o un victimario”.

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En busca de esperanza

La cruda realidad de lo que sucede en la nación vecina no fue la única referencia que se tuvo para la creación de esta película, marcada también de manera directa por cintas bélicas rusas de la categoría de “The Ascent” (1977), de Larisa Shepitko, y “Come and See” (1985), de Elem Klimov, y de manera menos evidente por “Walkabout” (1971), de Nicolas Roeg, y “Wake in Fright” (1971), de Ted Kotcheff, como lo comentó Valadez.

“Nos interesaba en realidad revisar periodos de la Historia mundial donde se han producido crisis humanitarias; leímos muchos testimonios del Holocausto y textos sobre el genocidio de Ruanda”, precisó la cineasta. “Astrid y yo estábamos tratando de entender esta maldad que está suelta y que va más allá del fenómeno migratorio”.

“La Llorona”, que se puede ver desde este fin de semana en la plataforma Shudder, es el tercer largometraje de Jayro Bustamente (“Ixcanul”, “Temblores”) y su primera incursión en el género del terror.

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En ese sentido, valía la pena terminar la conversación con una interrogante relacionada al rol que podría jugar esta cinta en la resolución del desolador conflicto. “Estoy convencida de que el cine y otras formas del arte pueden insertarse en esta conversación que estamos teniendo en México para saber lo que tenemos que hacer para que estas cosas cambien”, afirmó Valadez. “Por supuesto, hay grupos que están tomando acciones muy fuertes, como los mismos familiares de los desaparecidos, quienes se han convertido en verdaderos activistas y están promoviendo cambios legislativos y en el sistema judicial”.

“Creo que la reflexión que está debajo de la película es que la línea que hay entre víctimas y victimarios es muy porosa, y depende de las circunstancias de inequidad social, de injustica y de marginación que se viven en nuestro país”, concluyó la realizadora.


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