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¿Es una medida proteccionista o buena política pública? la propuesta en contra los ‘Big Gulps’

¿Es una medida proteccionista o buena política pública? la propuesta en contra los ‘Big Gulps’
Stephanie, quien se negó a proporcionar su apellido, toma un Doble Gulp en las afueras de un 7-Eleven en Los Ángeles. (Steve Lopez / Los Angeles Times) (Los Angeles Times)

Una prueba:

¿Qué tiene más azúcar, una Monster Energy Drink de 16 onzas o un refresco de cola del mismo tamaño?

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El Monster tiene 55 gramos de azúcar; la cola tiene 48.

¿Qué tiene más calorías, un refresco de cola de Big Gulp  de 30 oz de 7-Eleven o una bolsa de 10 onzas de papas fritas de Lay?

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El Big Gulp tiene alrededor de 350 calorías (o menos dependiendo de la cantidad de hielo); Las papas tienen 1.600.

Estos y otros datos divertidos son los que aprendí al pasar el rato en los 7-Elevens en Eagle Rock, Glendale, Silver Lake y Echo Park, donde hice algunas encuestas sobre los méritos relativos de una legislación que está pendiente en Sacramento.

Es posible que hayamos notado una epidemia de obesidad, junto con altos índices de diabetes y otras enfermedades relacionadas con una mala nutrición.

Dos proyectos de ley que se encuentran actualmente ante la Legislatura del estado tienen como objetivo inculcarnos mejores hábitos, uno imponiendo impuestos a los refrescos azucarados y el otro prohibiendo las porciones de bebidas de gran tamaño, como el Big Gulp.

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Estas medidas se han desplomado en el pasado, y la industria de bebidas ha gastado miles de millones para asegurarse de que mantenemos nuestras adicciones.

Entonces, ¿elegir el refresco es el camino a seguir?

"La soda es mala", dijo Jessica Muñoz, una empleada de un 7-Eleven en Silver Lake en Hyperion.

"¿Sabes cuánta azúcar hay en una botella de Mountain Dew?", me preguntó.

No tenía ni idea.

"Setenta y siete gramos", dijo.

¿Qué?. ¿En una botella de 2 litros?

"No, el tamaño regular", dijo Muñoz. "Veinte onzas".

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Volví al refrigerador y comprobé.

Ella no estaba bromeando.

"Renuncié a los refrescos", dijo Muñoz. "Tengo malos riñones y el médico me dijo que si quería ver crecer a mis hijos, debería dejar de tomar refrescos".

Y sin embargo, ella no es una fanática de la legislación.

"Sólo pienso, 'cada quien lo suyo'. La gente va a comer lo que quiera y beberá lo que quiera", dijo.

Los refrescos llenan un refrigerador en un mercado en San Francisco. (Jeff Chiu / Associated Press).
Los refrescos llenan un refrigerador en un mercado en San Francisco. (Jeff Chiu / Associated Press). (Associated Press)

Ella probablemente tiene razón. Sin embargo, el asambleísta David Chiu (D-San Francisco) quiere limitar el tamaño de las bebidas en las tiendas y restaurantes a 16 onzas. Y Richard Bloom (D-Santa Mónica) quiere un impuesto a las gaseosas de 2 centavos por onza o menos y dice que deberíamos usar el dinero para promover la condición física.

"No me gusta", dijo Kuldip Kaur en el 7-Eleven de Eagle Rock que ella administra. "No es bueno para los negocios. Si quieres una bolsa de papas fritas o una pizza, necesitas un refresco".

¿Qué pasa con el agua en su lugar?

"No sabe bien", dijo.

El liderazgo republicano de California tampoco pensó que era positiva la legislación. Se preguntaron si la próxima jugada de los demócratas sería criminalizar las pizzas de más de 18 pulgadas de diámetro e imponer multas por no comer su brócoli.

Estos pueden ser puntos justos, pero ¿cuánta credibilidad puede tener el partido sobre asuntos de salud pública si mira hacia otro lado mientras el planeta se derrite?

Diré que cuanto más se vea lo que hay en los estantes de un 7-Eleven, o cualquier tienda de comestibles, más se preguntará por qué la Legislatura de California no ha intentado prohibir el 90% de la misma. Con algunas excepciones, el azúcar, la grasa y la sal están en todo.

Cometí el error de leer los ingredientes de uno de los dulces más populares del mercado, Sour Patch Kids, que he comido de vez en cuando.

En primer lugar, hay más color artificial en una bolsa de Sour Patch que el que tiene el presidente de Estados Unidos en toda su cabeza. Los tres primeros ingredientes enumerados son azúcar, azúcar invertido y jarabe de maíz, lo que te hace preguntarte por qué los llaman Sour Patch.

Una bolsa de 5 onzas tiene 108 gramos de azúcar.

Ok, chicos, vamos a hacer los cálculos.

Eso equivale a 25 cucharaditas de azúcar.

Y en cualquier tienda, hay suficiente cerveza y tabaco -que se encuentran entre las principales causas de una epidemia nacional de salud- para satisfacer las necesidades de un país pequeño.

"Tal vez deberíamos comenzar a regular el tamaño de las botellas de licor de malta", dijo Scott Bowser, empleado de 7-Eleven en Silver Lake.

Mientras pensaba en la legislación, que no respalda, siguió trabajando.

"El gobierno subsidia a los productores de maíz", dijo. "Y luego conseguimos jarabe de maíz y lo inyectamos en todas estas bebidas de zumos, pero no buscamos esas".

"Una soda de 64 onzas, nadie la necesita", continuó Bowser. "Pero creo que hay mucho más que arreglar en el estado en este momento. Cuando la infraestructura se está desmoronando y estamos regulando el tamaño de los refrescos, algo está mal. ¿Y por qué los refrescos y no los Slurpees?

En mi recorrido, varios empleados sugirieron que cualquier persona que comprara más de una podría eludir fácilmente un límite de 16 onzas en ese tipo de bebidas. O por cualquier persona que utiliza las jarras reutilizables de 7-Eleven, algunas de las cuales son tan grandes que puede usarlas para bañar a niños pequeños. Puede comprar uno por un precio que va desde unos pocos dólares hasta $9.99 para el gigante de 100 onzas en Echo Park y luego obtener recargas ilimitadas por tan solo $1.39.

En mi sondeo, la legislación se derrumbó, pero encontré algunos partidarios. Entre ellos había personas que entrevisté mientras bebían sus Big Gulps.

"Por lo general, compro el Vitaminwater, y creo que es cierto, no deberías tomar refrescos", dijo Melody Montalvo mientras bebía un litro de Dr. Pepper Super Gulp en el estacionamiento de 7-Eleven en Eagle Rock. "Tratar de ayudar a las personas a estar saludables es algo bueno".

En Silver Lake, Terence Flynn, un cuidador de perros profesional, dijo que compra algunos Super Gulps al día y le gusta el efecto de la cafeína, pero prefiere el refresco de dieta.

"Estoy un poco a favor de un 'nanny state'", (en sus palabras, un estado que hace el papel de niñera), dijo Flynn. "Tenemos un límite de edad para comprar cigarrillos y conducir, y creo que una legislación bien diseñada puede ayudar a mejorar la sociedad".

Pero ¿por qué elegir sólo refrescos y no todas las otras cosas poco saludables?

"Creo que porque tienes que empezar en alguna parte", dijo.

Mira, vivimos en una cultura influenciada por el marketing, cuyo objetivo principal es que compremos cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos. Entiendo el deseo de protegernos legislativamente de esas influencias, pero prefiero ver más énfasis en educarnos para resistir nuestros peores instintos. Si se aprueba un impuesto a los refrescos, debería haber un foro en todo el estado sobre la mejor manera de gastar el dinero para promover opciones más saludables.

Mientras tanto, ¿puede alguien en Sacramento hacerme un gran favor y presentar un proyecto de ley que prohíba en los restaurantes servir más totopos y salsa?.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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