Anuncio
Share
California

Columna: Aprender español en un salón de belleza en Boyle Heights me recuerda lo que me encanta de L.A.

Brooklyn Hair Styler owner Maria Garcia
La propietaria de Brooklyn Hair Styler, María García, a la izquierda, arregla el cabello de Jason Moya el 18 de octubre de 2019 en su negocio de Los Ángeles. El columnista Steve López está en el salón aprendiendo español.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

No me gusta pensar en ello como una lista de deseos, pero tengo algunas cosas que me gustaría llegar a hacer antes de que mi nombre aparezca en la sección de obituarios del periódico.

Una de ellas es hablar español con fluidez, o muy cerca, y así es como terminé pasando el rato la semana pasada en el salón Brooklyn Hair Styler en Boyle Heights.

Déjeme explicar.

Puedo entender la mayoría de lo que sucede en un juego de los Dodgers cuando escucho a Jaime Jarrin en los juegos transmitidos en español, también la mayoría de los consejos en Farmacia Natural, un programa de radio diario en español que receta a los radioescuchas aceite de orégano y otras curas naturales para lo que les aqueja.

Anuncio

Estaría mejor si mi padre, cuyos progenitores eran de España, me hubiera hablado solamente en español cuando era niño. Pero no lo hizo, así que tomé español en la escuela y tuve un instructor privado por un tiempo hace unos 15 años. Pero estoy perdiendo células cerebrales rápidamente, y debes agregar un lenguaje para progresar.

Así que pensé que encontraría un lugar donde pudiera pasar el rato de vez en cuando, uno donde pudiera hablar español en vez de cosas de libros de texto. Tal vez una barbería o salón de belleza, donde la gente va y viene y las conversaciones nunca se detienen, como en Tolliver’s Barber Shop en South L.A., pero solamente en español.

Pero no pude encontrar el lugar correcto. Así que me dirigí a Boyle Heights y le pregunté a Ellie Hidalgo, asociada pastoral de la Iglesia y Escuela Dolores Mission, si tenía alguna sugerencia.

Anuncio

Hidalgo no lo dudó.

Maria Garcia does Evertina Medina’s hair
María García peina a Evertina Medina en Brooklyn Hair Styler en Los Ángeles. Medina solía vivir en el área, pero aún visita el salón después de mudarse a otro vecindario.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

María García, dijo, es una feligresa propietaria de un salón. Hidalgo llamó a García, pero no parecía que la llamada telefónica resultara bien.

“Ella se está riendo”, me dijo Hidalgo, sosteniendo su mano sobre la boquilla. Pero García accedió a recibirme para que pudiera echar un vistazo al gringo con esta loca idea de estudiar español en un salón de belleza.

El salón unisex, que García ha dirigido durante 19 años, recibió su nombre de los días en que Boyle Heights era un barrio judío, y la avenida Chávez se llamaba Brooklyn Avenue. Se encuentra frente al restaurante La Parrilla, al lado de la panadería La Monarca. Hay vida en la calle, donde los árboles filtran la luz del sol y los músicos pasean con guitarras o trompetas, en su camino a esperar trabajos en Mariachi Plaza.

Modesto Navarro dirige una tienda de tacos y un bar de jugos en la misma cuadra de García y me dijo que le ha estado cortando el cabello durante años. Leonor Turcios dirige Cesar Chavez Travel, una operación de servicio completo que puede ayudarlo a planificar su viaje, casarse o divorciarse, o hacer sus impuestos. Turcios dijo que ella también es cliente de García desde hace mucho tiempo.

García todavía se reía cuando llegué a su salón y le pregunté en español:

¿Eres mi profesora?

Anuncio

469681_la-me-lopez-learning-spanish_82.jpg
La gente pasa frente a Brooklyn Hair Styler en Boyle Heights.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

Ella no parecía interesada en los $20 por hora que estaba feliz de pagar, pero García aceptó que lo probáramos.

Pronto tuve el panorama del lugar, con sus tapices y figuras religiosas, y los aromas a permanentes, esmaltes y tintes. En una pared, García tiene una foto del Papa y fotos de sus tres hijos y seis nietos, uno de los cuales acababa de enviarle un mensaje de texto desde Texas para saludarla.

Si García estaba ocupada con un cliente, yo pasaba el rato en el salón de empleados con otros estilistas y hablábamos de niños, esposos celosos, telenovelas, gentrificación y políticos nacionales y locales que han tenido problemas con las cremalleras. Si me perdía, María o una estilista llamada Jomary Avendaño me ayudaban a ponerme al día, y sentí que había vuelto a la escuela de español.

“Escuchamos de todo aquí", dijo Avendaño, una empleada de 16 años que aseguró que los clientes a menudo quieren más que un trabajo de tinte o un corte. “Somos como psicólogos o terapeutas. Hablan y hablan.

Jesus Puga laughs with his daughter Anna-Marie Puga
Jesús Puga se ríe con su hija Anna-Marie Puga mientras espera que su compañera, Angie López, se arregle las uñas.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

Sobre buenos tiempos, malos matrimonios, muertes en la familia.

“A veces me emociono porque soy muy sentimental”, dijo Avendaño, quien me sentó en su silla y me cortó el pelo a un precio de sólo $12, una tarifa muy buena.

Anuncio

“Amo a María como a una segunda madre”, manifestó Avendaño, diciéndome que no conoce a una mejor estilista o una persona más amable.

Si fueras a Brooklyn Hair Styler con los ojos vendados, desde algún lugar distante, no sería demasiado difícil adivinar que estas en Los Ángeles. La radio reproduce baladas en español, pero en el centro del salón hay tres estaciones de uñas atendidas por empleadas vietnamitas. García explicó que durante un robo y persecución hace un año, un automóvil se estrelló contra el negocio de uñas de Paul, dejando el local sin un lugar para operar.

El edificio aún no ha sido reparado, por lo que García alquila espacio en su tienda a Paul y María Dang, un esposo y una esposa.

“Ella nos recibió con los brazos abiertos”, dijo María, y Paul me comentó que ahora habla un poco de español, inglés y japonés junto con vietnamita.

Marta Vasquez does Margarita Cortez’s hair
Marta Vásquez, izquierda, peina a Margarita Cortez en Brooklyn Hair Styler en Los Ángeles.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

Le pregunté a María Dang si podía enseñarme vietnamita, pero dijo que es mucho más difícil que el español y que me llevaría años.

Me quedaré con el español por ahora.

Visité el salón tres días seguidos y recordé que lo que más me gusta de escribir historias en Los Ángeles es que puedes encontrarlas detrás de cada puerta: historias universales sobre sueños y decepciones, sobre comenzar en un lugar y apuntar a otro.

García pasó su primera infancia en Jalisco. Cuando su padre fue al norte para trabajar en el programa bracero, ella, su madre y sus hermanos esperaron y esperaron a que él regresara, luego abordaron un autobús y se mudaron a Mexicali, donde se unió a ellos por un tiempo.

Cuando era una adolescente, dijo García, a menudo me levantaba a las 2 de la madrugada, con dos hermanos, cruzaba la frontera hacia Calexico y esperaba un autobús que nos llevara al campo a trabajar durante largos y duros días por menos de $3 por hora, dinero que entregaba a mi padre para ayudarle con las facturas.

Hairstylist Virginia Guzman holds a picture of her mother, Maura Jimenez
La estilista Virginia Guzmán tiene una foto de su madre, Maura Jiménez, que se tomaron en Tijuana cuando Maura tenía 17 años.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

Sobre ella, dijo que trabajó durante 3 años y medio recogiendo tomates, cebollas, lechugas y uvas. Laboró en Yuma, Phoenix, el Valle Imperial, Sacramento y Modesto. Algunas veces los cuartos de los trabajadores agrícolas estaban bien, otras no. No siempre había agua potable disponible, recordando una vez que tuvo que bañarse en un canal en Modesto.

Incluso ahora, cuando compra verduras, recuerda el dolor de espalda insoportable de agacharse todo el día, el aire sofocante de los autobuses sin aire acondicionado y las erupciones que le salían al meter las manos entre las enredaderas.

Ella recuerda haber visto a César Chávez en esos días, y me contó cuánto mejoraron las condiciones de trabajo debido al movimiento que dirigió. Ahora aquí está ella, dirigiendo su propio negocio en una calle que lleva su nombre.

469681_la-me-lopez-learning-spanish_181.jpg
Los clientes llegan a Brooklyn Hair Styler en Boyle Heights.
(Dania Maxwell/Los Angeles Times)

“Me dio experiencia y fuerzas para hacer ese trabajo. Nada después de eso parecía difícil, y mi vida es fácil”, dijo García, quien se casó, comenzó su familia, se divorció, trabajó en JC Penney, laboró en una fábrica de autopartes, dobló ropa en el distrito de la confección y ahorró lo suficiente para ir a la escuela de cosmetología y comenzar sus propios negocios, primero en el Valle Imperial y luego en Bell y Los Ángeles.

García y yo tenemos la misma edad, y ella dijo que, como yo, llegó a un punto en el que comenzó a pensar en las cosas que aún quería hacer. Lo primero de su lista era estudiar teología, por lo que completó un programa de tres años en el Instituto de Desarrollo Espiritual Loyola y luego comenzó otro curso de tres años, incluso mientras ayuda a cuidar a una madre anciana que ha olvidado su propia historia.

García ahora preside el consejo pastoral en la Misión Dolores. Un día en el salón, tuvo que disculparse para reunirse con una amiga con quien trabaja en temas de vivienda e inmigración.

Gracias por todo, María.

Me ha gustado tu escuela.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


Anuncio